Patrimonio literario

En 1992 una mujer reformó su casa en un pueblo extremeño y los albañiles encontraron en las paredes una edición inédita del Lazarillo de Tormes de 1554

Lazarillo de Tormes
Recreación del hallazgo del Lazarillo de Tormes en Barcarrota. Foto: ilustración propia.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

De vez en cuando aparecen noticias sobre casas antiguas que, durante una reforma, esconden alguna sorpresa: vigas podridas, tuberías de otra época o incluso alguna moneda olvidada bajo el suelo. Pero lo que salió a la luz en 1992 en Barcarrota, una localidad de la provincia de Badajoz, muy cerca de la frontera con Portugal, fue algo mucho más excepcional.

El hallazgo tiene que ver con el Lazarillo de Tormes, una de las obras fundamentales de la literatura española, y con un misterio que ha tardado más de tres décadas en aclararse. Así lo recordó hace unos días en la radio una oyente del pueblo protagonista, Cándida, al relatar lo ocurrido en aquella reforma.

Un «Lazarillo de Tormes» de 1554 escondido en una pared de Barcarrota

En agosto de 1992, durante unas obras en el desván de una vivienda, un albañil derribó un tabique y encontró un hueco entre una doble pared de adobe. Dentro había un lote de libros del siglo XVI, envueltos en paja y ceniza para protegerlos de la humedad.

Entre ellos estaba un ejemplar del Lazarillo de Tormes impreso en Medina del Campo por los hermanos Mateo y Francisco del Canto, con fecha de 1 de marzo de 1554. Era una edición que nadie conocía.

Hasta entonces solo se tenía constancia de tres ediciones de ese año: las de Burgos, Amberes y Alcalá de Henares.

Por tanto, este se trata del único ejemplar conocido de la edición de Medina del Campo. El golpe del albañil quedó marcado en el papel: «Uno de los libros tiene un agujero de la piqueta del albañil que estaba tirando la pared», contó Cándida en la radio.

Cabe remarcar que la noticia no se hizo pública hasta diciembre de 1995, cuando la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura compró el conjunto a los propietarios de la casa.

Los libros prohibidos que acompañaban al Lazarillo de Tormes

El escondite guardaba diez libros impresos y un manuscrito, fechados entre 1525 y 1554 y escritos en castellano, italiano, portugués, latín, hebreo y francés. Todos tenían algo en común: eran textos incómodos para la Inquisición. Entre las piezas figuraban:

  • Un tratado de quiromancia, la lectura de las líneas de la mano.
  • Una edición latina de la Lingua de Erasmo de Róterdam.
  • Un manuscrito italiano de contenido erótico.
  • Un ejemplar único en portugués de la Oración de la Emparedada.
  • Un pequeño amuleto de papel de unos once centímetros de diámetro.

Muchos de esos títulos aparecieron en los índices de libros prohibidos de la época. El propio Lazarillo entró en el índice de 1559, y por eso los investigadores calculan que la biblioteca se ocultó entre finales de 1559 y principios de 1560.

¿Quién emparedó estos libros de Barcarrota?

Durante años, la hipótesis más aceptada fue la del historiador Fermín Serrano Mangas. Según su estudio, la casa había pertenecido a Francisco de Peñaranda, un médico judío converso que habría escondido los libros por miedo a la Inquisición antes de huir a Portugal.

Ya en 2026, el filólogo Pedro Martín Baños propuso otro nombre en su libro La biblioteca oculta de Barcarrota y el hidalgo portugués Fernão Brandão. La pista estaba en el amuleto: lleva escrito un nombre, un lugar y una fecha. Fernão Brandão, de Évora; Roma, 23 de abril de 1551.

Además, Martín Baños localizó documentos de la Inquisición portuguesa en los que Brandão aparecía acusado de irreligiosidad, blasfemia y prácticas mágicas, y de poseer un libro de temática sodomita.

Así, todo encaja con el perfil de los libros escondidos: un hidalgo perseguido en su país que acabó refugiándose al otro lado de la frontera.

¿Por qué el ‘Lazarillo’ era considerado un libro peligroso?

El Lazarillo de Tormes se publicó de forma anónima en 1554 y todavía hoy se discute quién lo escribió. Cuenta la vida de un niño pobre que sobrevive sirviendo a distintos amos, entre ellos un clérigo avaro, un escudero arruinado y un vendedor de bulas que engaña a los fieles.

Claramente, esa mirada sobre el clero le valió la prohibición. Años después circuló una versión censurada, el llamado Lazarillo castigado, al que se le habían eliminado los pasajes considerados ofensivos para la Iglesia. Por eso las ediciones de 1554, sin cortes, tienen tanto valor.

Hoy los libros de Barcarrota forman parte del fondo de la Biblioteca de Extremadura, en Badajoz. Están digitalizados, pero no se exponen al público de forma permanente.

En 2017 viajaron a Lisboa, donde el Instituto Cervantes les dedicó una exposición por los 25 años del hallazgo: volvieron así, por unas semanas, al país del que, según la nueva hipótesis, había huido su dueño.

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