Tierra

Hace 6,3 millones de años un gran objeto impactó en Brasil: ahora los científicos tienen la prueba geológica

Brasil
Tectita.
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
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Un equipo liderado por el geólogo Álvaro Penteado Crósta, profesor de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) ha confirmado la existencia de tectita, uno de los materiales más raros de la Tierra. Se trata de un vidrio natural formado por el impacto de grandes meteoritos en la superficie terrestre a velocidades superiores a los 11 kilómetros por segundo, lo que equivale a 39.600 kilómetros por hora. El estudio, publicado en la revista científica Geology, señala que el impacto tuvo lugar hace 6,3 millones de años, en el Mioceno tardío.

Aunque en ocasiones se confunde con meteoritos, la tectita no procede del espacio. En realidad, es material terrestre transformado por un impacto de gran magnitud; cuando un cuerpo celeste, como un fragmento de cometa o un asteroide, choca contra la Tierra, la energía liberada funde la roca terrestre y la expulsa violentamente a grandes distancias. Ese material, todavía incandescente, se enfría en pleno vuelo y solidifica antes de volver a caer a la superficie. El resultado son fragmentos vítreos que, en el caso de Brasil, se extienden por amplias zonas del norte de Minas Gerais, el sur de Bahía y el oeste de Piauí.

El cuerpo celeste que impactó contra Brasil

En Brasil, las tectitas han sido bautizadas como «geraisite», en referencia a Minas Gerais, el estado donde se hallaron por primera vez. Hasta el momento, los investigadores han recolectado más de 600 especímenes, muchos de ellos con formas que evidencian haber atravesado la atmósfera fundidos. Su composición, rica en sílice y con un contenido muy bajo de agua, refuerza la hipótesis de una fusión ultrarrápida seguida de un enfriamiento súbito.

Los análisis de laboratorio fueron determinantes. Mediante microscopía electrónica, espectrometría e isotopía, el equipo confirmó que se trata de un vidrio amorfo, sin estructura cristalina, con burbujas de gas atrapadas y microestructuras de flujo internas. Hasta ahora, los principales campos de tectitas se encontraban en Tasmania, Costa de Marfil, Nortamérica, Europa Central y Australasia. Ahora, el hallazgo de los investigadores brasileños obliga a ampliar el mapa.

Sin embargo, todavía queda por averiguar la ubicación del cráter asociado al impacto, ya que esto permitiría reconstruir la dinámica del evento con mayor precisión. Por ahora, los científicos plantean varias teorías al respecto. Los procesos geológicos podrían haberlo erosionado, en cuyo caso podría estar oculto bajo sedimentos. También existe la posibilidad de que se encuentre sumergido o en una región todavía poco explorada en términos geofísicos.

«El reciente hallazgo resultó en la recolección de aproximadamente 500 especímenes encontrados dentro de un campo de al menos 90 kilómetros de largo. Este crecimiento en el área de ocurrencia es totalmente consistente con lo observado en otros yacimientos de tectitas alrededor del mundo. El tamaño depende directamente de la energía del impacto, entre otros factores», detalló el equipo dirigido por el geólogo Álvaro Penteado Crósta.

El equipo trabaja actualmente en un modelo matemático de impactos para estimar parámetros como la energía liberada, la velocidad, el ángulo de entrada y el volumen de roca fundida. A simple vista, las geraisitas parecen negras y opacas, pero bajo luz intensa se vuelven translúcidas y muestran un tono verde grisáceo. Sus superficies presentan cavidades diminutas, producto de burbujas de gas liberadas durante el enfriamiento rápido.

Análisis geoquímicos

Los análisis geoquímicos muestran que las geraisitas tienen un alto contenido de sílice (SiO₂), que oscila entre el 70,3 % y el 73,7 %. El contenido combinado de óxidos de sodio (Na₂O) y potasio (K₂O) oscila entre el 5,86 % y el 8,01 %, ligeramente superior al de otros yacimientos de tectitas.

Se identificaron pequeñas variaciones en oligoelementos, como el cromo (10–48 partes por millón) y el níquel (9–63 ppm), lo que indica que el material original no era puro ni homogéneo. La presencia de inclusiones poco frecuentes de lechatelierita, una forma de sílice vítrea producida a temperaturas extremas, respalda aún más su origen por impacto.

«Uno de los criterios decisivos para clasificar el material como tectita fue su bajísimo contenido de agua, medido por espectroscopia infrarroja: entre 71 y 107 ppm. A modo de comparación, los vidrios volcánicos, como la obsidiana, suelen contener entre 700 ppm y un 2 % de agua, mientras que las tectitas son notablemente más secas», señala Crósta.

Los investigadores todavía no han podido determinar ni el origen ni el tamaño del objeto que impactó contra la Tierra, pero creen que era de gran tamaño debido al volumen de roca fundida y la amplia distribución del yacimiento. Este hallazgo añade un capítulo muy relevante a la historia geológica de América del Sur y, más concretamente de Brasil. Hasta la fecha, la comunidad científica ha confirmado la presencia de nueve estructuras en el continente. Asimismo, los estudios realizados sugieren que las tectitas podrían estar más extendidas de lo que se creía anteriormente, pero en ocasiones se pasan por alto o se confunden con vidrio común. «Comprender estos procesos es esencial para distinguir la ciencia de las hipótesis», concluyeron los investigadores.

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