BALEARES

La cárcel de menores de Mallorca pone fin a los privilegios de los internos: se acabó la Play o pedir Glovo los viernes

Es Pinaret, bajo la dirección del Govern del PP de Marga Prohens, puso en marcha un modelo de más disciplina, control y exigencia en el cumplimiento de las medidas judiciales

Los internos de la ‘cárcel’ de menores de Mallorca piden Glovo, tienen paga y juegan a la PlayStation 5

Centro Menores Pinaret
Julio Bastida

El centro de internamiento de menores de Es Pinaret, en Mallorca, afronta una nueva etapa marcada por un cambio de rumbo en su funcionamiento. La llegada del Govern del Partido Popular, presidido por Marga Prohens, ha venido acompañada de una revisión de la organización interna y de las dinámicas de convivencia, con el objetivo de reforzar la disciplina, la autoridad de los profesionales y el cumplimiento de las medidas judiciales.

Uno de los aspectos que ha generado mayor controversia en los últimos años ha sido el régimen de comodidades del que, según informaciones publicadas y testimonios de fuentes internas, disfrutaban algunos de los internos. Pedir comida a domicilio los viernes, ya fuera Glovo, comida china o kebab, disponer de videoconsolas PlayStation 5, realizar compras de productos de su elección en supermercados o recibir ropa y zapatillas de marca eran algunas de las prácticas que habían suscitado críticas sobre el funcionamiento del centro.

Ahora, la nueva orientación busca dejar atrás esas dinámicas. Entre los cambios señalados figuran la eliminación de determinados pedidos de comida a domicilio, una mayor organización de las actividades educativas en las aulas, en lugar de desarrollarlas en los hogares, y un mayor control sobre las rutinas y los privilegios de los internos. La PlayStation y las actividades de ocio también quedan sujetas a una regulación más estricta.

El mensaje que se pretende trasladar es claro: Es Pinaret no es un hotel ni un espacio de ocio, sino un centro de internamiento en el que los jóvenes cumplen medidas privativas de libertad impuestas por los juzgados de menores. La intervención educativa y la reinserción deben ir acompañadas de normas, responsabilidades y límites.

Durante la etapa del Pacte de izquierdas, con la independentista Fina Santiago al frente de la Conselleria de Asuntos Sociales, la gestión de los centros dependientes de la Fundació Institut Socioeducatiu S’Estel estuvo marcada por distintas controversias y cuestionamientos sobre el funcionamiento de Es Pinaret.

Las informaciones difundidas en aquellos años describieron situaciones de permisividad con determinados internos, conflictos de convivencia y dificultades en la relación entre los trabajadores y la dirección. También se publicaron denuncias sobre fugas, peleas y agresiones al personal, así como críticas a determinadas prácticas de ocio y concesión de comodidades.

El debate sobre el modelo educativo del centro ha enfrentado dos maneras de entender el cumplimiento de las medidas judiciales: una que pone el acento en la intervención socioeducativa y otra que reclama reforzar la disciplina, la autoridad y el control interno. La nueva dirección afronta el reto de combinar ambos aspectos.

Uno de los movimientos más relevantes se produjo en septiembre de 2025, cuando la Fundació S’Estel destituyó a Marcos Campoy, que llevaba al frente de Es Pinaret desde 2018. La decisión fue comunicada como una cuestión de organización interna, según explicó entonces la Conselleria.

Semanas después, el 27 de octubre, la consellera de Familias, Bienestar Social y Atención a la Dependencia, Sandra Fernández, se reunió con la gerencia de la fundación y el nuevo equipo directivo para evaluar las actuaciones emprendidas. Según la información trasladada por el Govern, las primeras medidas habían permitido recuperar la cohesión y la motivación de los profesionales, después de un periodo en el que parte de la plantilla no se sentía suficientemente escuchada ni respaldada.

El cambio de orientación de Es Pinaret plantea un objetivo fundamental: recuperar la autoridad dentro del centro y garantizar que las medidas judiciales se cumplan en un entorno organizado y seguro.

Los menores internados necesitan programas educativos, atención especializada y oportunidades para reconstruir sus vidas. Pero la reinserción no puede confundirse con la ausencia de límites ni con la concesión indiscriminada de privilegios.

Lo último en OkBaleares

Últimas noticias