La ciencia lo confirma: el ayuno intermitente sin comer menos no tiene beneficio metabólico
Combinar la alimentación con restricción horaria y menos calorías sí tiene un efecto positivo para la salud cardiovascular
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La alimentación con restricción de tiempo (AET) es una forma de ayuno intermitente que limita la ingesta diaria de alimentos a un período máximo de diez horas, seguido de un período de ayuno de al menos 14 horas. Este enfoque se ha popularizado como una estrategia sencilla para apoyar el control de peso y la salud metabólica. La ciencia ha constatado beneficios como una mejor sensibilidad a la insulina, niveles más saludables de azúcar y colesterol en sangre, y reducciones moderadas del peso y la grasa corporal en humanos. Como resultado, la AET se ha considerado ampliamente como una herramienta prometedora para prevenir la resistencia a la insulina y la diabetes.
Un nuevo estudio del Instituto Alemán de Nutrición Humana y la Charité-Universitätsmedizin de Berlín (Alemania) desafía una creencia generalizada sobre el ayuno intermitente. La investigación demuestra que la alimentación con restricción horaria no produce mejoras mensurables en la salud metabólica ni cardiovascular cuando la ingesta calórica se mantiene constante. Sin embargo, el horario de las comidas sí afectó a los relojes internos del organismo. Estos hallazgos provienen del estudio ChronoFast, dirigido por la profesora Olga Ramich, y se publicaron en ‘ScienceTranslational Medicine’.
A pesar de su popularidad, las investigaciones previas sobre la restricción horaria de la alimentación (TRE, de sus siglas en inglés) han arrojado resultados dispares. Muchos estudios no han podido determinar si las mejoras de salud observadas se debieron a intervalos de alimentación más cortos, a una reducción calórica involuntaria o a una combinación de ambos. Además, la mayoría de los ensayos anteriores no monitorizaron cuidadosamente la ingesta calórica ni controlaron otros factores que podrían influir en los resultados metabólicos.
Para abordar estas deficiencias, la profesora Olga Ramich diseñó el ensayo ChronoFast. El objetivo era comprobar si una ventana de alimentación de ocho horas podía mejorar la sensibilidad a la insulina y otros marcadores metabólicos cuando la ingesta calórica se mantenía constante.
ChronoFast
El estudio utilizó un diseño cruzado aleatorio e incluyó a 31 mujeres con sobrepeso u obesidad. Cada participante siguió dos horarios de alimentación diferentes durante dos semanas. Un horario consistía en comer temprano con restricción horaria, entre las 8:00 a. m. y las 4:00 p. m. (eTRE). El otro horario seguía un horario más tardío, de la 1:00 p. m. a las 9:00 p. m. (lTRE). Durante ambas fases, las participantes consumieron comidas prácticamente idénticas con el mismo contenido calórico y nutricional (isocalórico).
Los investigadores recolectaron muestras de sangre durante cuatro visitas clínicas y realizaron pruebas de tolerancia oral a la glucosa para evaluar el metabolismo de la glucosa y las grasas. La monitorización continua de la glucosa monitorizó los niveles de azúcar en sangre durante 24 horas, mientras que la ingesta de alimentos se registró detalladamente. La actividad física se monitorizó mediante un sensor de movimiento. En colaboración con el profesor Achim Kramer de la Charité – Universitätsmedizin de Berlín, el equipo también examinó los cambios en el reloj interno del cuerpo utilizando células sanguíneas aisladas.
La biología humana sigue ritmos generados internamente que se alinean aproximadamente con la duración del día, por lo que se conocen como relojes circadianos (del latín: circa y dia). Estos ritmos ayudan a regular casi todos los procesos fisiológicos, incluyendo el sueño y el metabolismo. Casi todas las células del cuerpo contienen su propio reloj interno, que puede verse influenciado por la luz, la actividad física y el horario de las comidas.
Para medir las fases circadianas individuales, el Prof. Dr. Achim Kramer desarrolló el ensayo BodyTime. Esta prueba requiere solo una muestra de sangre y proporciona una visión objetiva del ritmo circadiano de una persona. El estudio ChronoFast utilizó este método y confirmó que los horarios de alimentación pueden alterar los relojes internos en los seres humanos.
Sin mejoras metabólicas
A pesar de las expectativas basadas en investigaciones anteriores, el estudio ChronoFast no encontró cambios clínicamente significativos en la sensibilidad a la insulina, la glucemia, las grasas en sangre ni en los marcadores inflamatorios tras las intervenciones de dos semanas. «Nuestros resultados sugieren que los beneficios para la salud observados en estudios anteriores probablemente se debieron a una reducción calórica involuntaria, más que a la reducción del tiempo de alimentación en sí», ha explicado Ramich en un comunicado.
Si bien las medidas metabólicas se mantuvieron prácticamente sin cambios, el horario de las comidas sí afectó los ritmos circadianos. El análisis de las células sanguíneas mostró que el reloj interno se desfasó un promedio de 40 minutos durante el horario de comida tardía en comparación con el horario de comida temprana. Los participantes que siguieron el horario de comida tardía también se acostaron y despertaron más tarde. «El horario de la ingesta de alimentos actúa como una señal para nuestros ritmos biológicos, similar a la luz», ha declarado la primera autora, Beeke Peters.
Los hallazgos resaltan la importancia del equilibrio calórico para obtener beneficios para la salud gracias al ayuno intermitente. «Quienes quieran perder peso o mejorar su metabolismo deben prestar atención no solo a la hora, sino también a su equilibrio energético», ha determinado Ramich.
Las investigaciones futuras deberán explorar si la combinación de la alimentación con restricción horaria y una ingesta calórica reducida produce mayores beneficios. Los científicos también buscan comprender mejor cómo los factores individuales, como el cronotipo y la genética, pueden influir en la respuesta de las personas a diferentes horarios de alimentación.