Carmen Truyols, anestesista: «De noche no llevo a mis hijos a urgencias, hay que estar loco»
Otros compañeros "sufren graves problemas de salud derivados de la presión asistencial continuada"

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La doctora Carmen Truyols, anestesista muy activa en redes sociales, ha generado un intenso debate tras afirmar en una entrevista que evita «acudir a urgencias por la noche con sus hijos» salvo que la situación sea extremadamente grave. Su argumento no es la falta de confianza en sus compañeros, sino el agotamiento acumulado que arrastran muchos profesionales tras guardias de 24 horas y turnos encadenados. Según explicó, prefiere esperar a que se produzca el relevo matutino porque entiende que el cansancio extremo es una realidad diaria en los hospitales.
Estas declaraciones se producen en un contexto de fuerte movilización del colectivo médico en España. Este año, facultativos de todo el país han impulsado una protesta sin precedentes en décadas para reclamar un cambio profundo en sus condiciones laborales. Entre sus reivindicaciones figuran la reducción de las jornadas maratonianas, la limitación de las guardias consecutivas y una reorganización de los turnos que evite la sobrecarga crónica que, aseguran, repercute tanto en su salud física y mental como en la atención a los pacientes.
En su intervención en el pódcast Quorvm Pódcast, Truyols relató el desgaste emocional que provoca este ritmo de trabajo. Describió un escenario en el que muchos profesionales alcanzan un punto límite, con consecuencias que traspasan el ámbito laboral y afectan a la vida familiar y al bienestar psicológico. Habló de compañeros que abandonan la profesión y de otros que «sufren graves problemas de salud derivados de la presión asistencial continuada».
La doctora Carmen Truyols ha avivado el debate al reconocer que evita llevar a sus hijos a urgencias por la noche salvo casos extremos, una decisión que vincula al agotamiento acumulado tras guardias de 24 horas y turnos encadenados que muchos médicos afrontan de forma habitual. Sus palabras se enmarcan en un clima de creciente malestar en la profesión, donde las jornadas interminables y la sobrecarga estructural siguen siendo una queja central. Parte del colectivo sostiene que la reforma impulsada por la ministra de Sanidad, Mónica García, no aborda de manera suficiente esta problemática, lo que, entre otros motivos, ha desembocado en la convocatoria de movilizaciones y una huelga médica en todo el país para exigir cambios profundos en las condiciones laborales.
Guardia de 24 horas sin descanso
Para ilustrar la situación, detalló cómo puede transcurrir una semana habitual: varios días con horario ordinario seguidos de una guardia de 24 horas sin descanso real, enlazando después con la jornada siguiente. Tras una noche completa en el hospital, el médico regresa a casa agotado, duerme a deshoras y, en cuestión de horas, debe reincorporarse de nuevo al quirófano o a la consulta.
En ese contexto, la anestesista explicó que sólo acudiría a urgencias nocturnas con sus hijos si la gravedad fuese evidente. En condiciones menos alarmantes, opta por esperar a la mañana siguiente, cuando entra un nuevo equipo. Su reflexión, más que una crítica individual, pretende poner el foco —según sus palabras— en un sistema que normaliza el cansancio extremo como parte inherente del ejercicio médico.
Guardias interminables
La jornada semanal de muchos médicos en España ha dejado de medirse en turnos para medirse en resistencia. Facultativos y médicos internos residentes relatan semanas que superan con creces las 100 horas de trabajo efectivo –especialmente en hospitales– sumando consultas ordinarias, guardias de 24 horas, dobles jornadas y tareas administrativas que prolongan su presencia en el hospital mucho más allá de lo previsto. La sensación generalizada es que el centro sanitario deja de ser un lugar de trabajo para convertirse, en la práctica, en una segunda residencia.
En el sistema sanitario, la jornada ordinaria suele rondar las 37,5 horas semanales, a las que se suman guardias que pueden alcanzar las 24 horas continuadas y repetirse varias veces al mes, lo que eleva la carga real hasta 60, 70 u 80 horas semanales, e incluso más en determinadas especialidades hospitalarias. Estas guardias, realizadas generalmente tras la jornada habitual o durante fines de semana y festivos, se consideran «atención continuada» y en muchos casos no se computan plenamente como jornada ordinaria, pese a su impacto físico y mental.