El totalitarismo y aburguesamiento de Iglesias hunden a Podemos

El totalitarismo y aburguesamiento de Iglesias hunden a Podemos

Pese a que En Comú Podem ha conseguido retener a duras penas sus 8 escaños en el Parlamento de Cataluña, lo cierto es que la evolución electoral de la formación morada se representa gráficamente con una línea en pronunciado descenso. En 2015, bajo las siglas de Catalunya sí que es Pot lograron 11 diputados; dos años después, ya bajo la actual candidatura, se dejaron tres por el camino. Desde las últimas catalanas, la marca ha perdido 130.000 votos. Es verdad que ha salvado los muebles, pero no lo es menos que ha sucumbido ante la CUP, lo que revela que como alternativa de izquierdas los de Pablo Iglesias están en franco retroceso.

Desde que en diciembre de 2015 Podemos irrumpiera en la Cámara Baja con 69 diputados (seis meses después, su representación aumentó en dos escaños pero ya concurría con Izquierda Unida), sus resultados han sido siempre a la baja y revelan una caída pronunciada del voto. En elecciones generales, se han dejado en casi 5 años la mitad de los escaños, un balance que demuestra que la mejor época de Podemos pasó y que el futuro viene envuelto en sombras.

El poder autonómico y municipal de Podemos se ha diluido con el paso del tiempo. En mayo de 2019, se quedó sin las denominadas «alcaldías del cambio» o «Ayuntamientos de progreso»: Madrid, Zaragoza, Santiago, La Coruña o Valencia. Ada Colau mantuvo Barcelona y Kichi, Cádiz, pero su relación con el alcalde gaditano se rompió hace tiempo. En Madrid, Navarra, Castilla- La Mancha, Extremadura, Aragón, Galicia o País Vasco han caído en picado y en el resto de territorios su botín electoral no ha hecho otra cosa que menguar.

Es verdad que Pablo Iglesias ha logrado su objetivo de pisar moqueta: él y su pareja, Irene Montero, ya han conseguido ser ministros, pero su perfil totalitario y su modo de vida -más propia de un burgués- le han pasado factura. Digamos que los españoles hace tiempo que le tomaron la medida. Es verdad que manda más que nunca, pero sus días en el Gobierno cursan de forma paralela al derrumbe electoral de su partido.

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