Tras la senda de los liderazgos económicos

Tras la senda de los liderazgos económicos

En pocos años hemos vivido una profunda transformación de los liderazgos económicos. En la década de los años 2000 las empresas industriales, las energéticas, las farmacéuticas, las informáticas y tecnológicas, las grandes cadenas dominaban el mundo. Concretamente en el año 2000 era General Electric la compañía que presentaba una mayor capitalización bursátil en Wall Street con más de 477.000 millones de euros, seguida por Cisco con casi 305.000 millones y a continuación ExxonMobile, Pfizer, Microsoft y Wal Mart constituían la selecta elite de las grandes compañías mundiales.

Hace poco más de 10 años, en 2006, era ExxonMobile, la petrolera o energética, con una capitalización bursátil de 324.000 millones de euros la que lideraba el ranking, cayendo al segundo puesto la industrial por excelencia General Electric, seguida de Microsoft y asomando una entidad financiera como Citigroup en el cuarto lugar. Para ocupar las plazas quinta y sexta de la élite sendas petroleras europeas: la británica British Petroleum y la angloholandesa Royal Dutch Shell.

A finales del pasado mes de febrero, la clasificación de las mayores compañías mundiales por capitalización bursátil estaba encabezada por las mismas empresas que dominaban lo más granado del concierto mundial al bajarse el telón de 2016. Apple, capitalizando ya de largo por encima de los 700.000 millones de euros —la pregunta ahora es en qué momento la firma de Cupertino acariciará el billón sea de dólares o de euros en Wall Street, si será dentro de 2017 o habrá que esperar a 2018— lidera el panorama. Tras ella, Alphabet, más conocida por su marca Google, que apunta hacia los 600.000 millones de euros y después, diríamos que como siempre durante los últimos años, manteniendo el tipo, y demostrando que sigue más viva que nunca, Microsoft con 500.000 millones. En cuarta posición aparece la empresa de Warren Buffet, el oráculo de Omaha, con 420.000 millones —cuyos nuevos perfiles inversores con protagonismo descollante en Apple y adquiriendo acciones en líneas aéreas, son indicativos de modificaciones en su estrategia inversora— seguida de Amazon de Jeff Bezos, con más de 400.000 millones, y cerrando la jet set de la capitalización bursátil la imparable Facebook de Mark Zuckerberg que apunta ya a la misma cifra anterior.

Una nueva economía

Por supuesto, muchas son las reflexiones que caben hacerse a la vista de qué empresas copan los puestos de privilegio en el plano bursátil, que es lo mismo que decir en el concierto económico mundial. La tecnología, en esta era de avances que parecen no tener fin, arrasa. La nueva economía adelanta a la vieja economía. Los balances sufren una profunda metamorfosis. Los clásicos activos fijos de toda la vida, los inmovilizados materiales, cada vez tienen menor protagonismo. En el plano inversor, el dinero, sea en efectivo sea en inversiones financieras donde se colocan excedentes de tesorería, se erige en el principal activo. Las inversiones en intangibles, con propiedad intelectual, investigación y desarrollo, adquisiciones de inmateriales por la vía de compra de otros negocios embrionarios o en fase de desarrollo, cobran mayor importancia. El stock de toda la vida apenas tiene relevancia o igual no existe y si forma parte del activo su peso es mínimo e insignificante. Los activos de las tecnológicas se inundan de dinero, de liquidez.

Apple cerró su último ejercicio el 24 de septiembre de 2016 con un activo total de 322.000 millones de dólares; el 74% del mismo cristaliza en dinero efectivo e inversiones financieras, 238.000 millones. Da igual que se diga que Apple presenta una relativamente baja capitalización al ser sus fondos propios el 40% del pasivo total y sumar su deuda global más de 193.000 millones de dólares, de los cuales 79.000 millones tienen vencimiento a corto plazo, a menos de un año. Y es muy relativo que Apple tenga un activo circulante de 107.000 millones de dólares. No es nada preocupante su solvencia corriente. Las finanzas de Apple están por encima del bien y del mal. Con disponibilidades monetarias de 238.000 millones de dólares, la compañía presidida por Tim Cook está en condiciones de liquidar inmediatamente toda su deuda y aún dispone de un excedente en cash de más de 44.000 millones.

Y todo eso a pesar de que en su último ejercicio, Apple rebajó su cifra de ventas a menos de 216.000 millones de dólares —el año precedente había rozado los 234.000 millones— su resultado operativo se estrechó a 60.000 millones versus los más de 71.000 de 2015, y su beneficio neto después de impuestos —con todo el impuesto sobre sociedades debidamente contabilizado; cosa distinta es su posicionamiento fiscal que le permite diferir el pago de impuestos legalmente a través de sus filiales en Irlanda— rozaba los 46.000 millones de dólares por debajo de los más de 53.000 millones de 2015.

Otra gran referencia

Alphabet es la otra gran referencia a día de hoy. Sus ventas netas en 2016 han superado los 90.000 millones de dólares frente a los 75.000 de 2015, su resultado operativo se acerca a los 24.000 millones versus algo más de 19.000 millones en 2015, y su beneficio neto, también después de impuestos y con el mismo encaje fiscal que Apple, no está lejos de los 20.000 millones de dólares cuando en 2015 sobrepasó los 16.000 millones.

Las hechuras del balance de Alphabet son distintas a las de Apple. Sus activos suman más de 167.000 millones de dólares a 31 de diciembre de 2016, de los cuales el 52%, más de 86.000 millones, son dinero contante y sonante. Su pasivo se estructura sobre unos recursos propios de 139.000 millones de dólares que representan el 83% de su financiación total. Y su endeudamiento asciende a menos de 29.000 millones de dólares.

Que nuestra querida Europa pierde representatividad en el gran concierto empresarial es una realidad incuestionable. Entre las 20 grandes empresas del mundo por capitalización bursátil a finales de febrero de 2017, 14 de ellas son norteamericanas —las 11 primeras son estadounidenses— tres son chinas, una coreana y solo una, en el decimonoveno lugar de la clasificación, Nestlé, suiza, es europea. Ninguna empresa de la Unión Europea aparece entre lo más selecto de los mercados financieros. Europa anda rezagada.

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