El sanchismo vs España y los españoles
El sanchismo es el proyecto de, y para, un solo hombre, que ha devenido en un proyecto contra un país. Y esas características, tan lamentables como ciertas, traen consecuencias para los que lo conforman, para los que lo apoyan e, incluso, para los que lo intentan combatir.
Por supuesto que entre los que lo forman está el partido socialista, pero, de acuerdo con la condición unipersonal del proyecto, no es, ni de lejos, la parte esencial del sanchismo; por eso no es imprescindible evitar que se dañe en sus estructuras, en sus principios o en sus aspiraciones. Es cierto que en el alma del PSOE casi siempre ha primado ese sectarismo excluyente, por acaso muy poco democrático, que ahora es seña de identidad del sanchismo y de su muro. Pero esa alma oscura, que sacrifica el pluralismo y estigmatiza a quienes lo encarnan en justa rivalidad, va a terminar, una vez más, siendo incompatible con un partido político plural en un estado liberal y democrático.
Desde luego que son muy pocos entre los afiliados (quizá alguno más entre los votantes) porque la mayoría comparten sectarismo y radicalidad, pero en ese PSOE todavía quedará algún desavisado que no termina de darse cuenta de que también son víctimas de la hégira sanchista. Ilusos que creen que Alegría en Aragón, como ayer Gallardo en Extremadura o como mañana Montero en Andalucía, es su candidata, cuando no es más que una nueva víctima que se exige como ofrenda en el ara que consagra al divinal Sánchez.
Los que sí son beneficiarios del sanchismo, tanto a título personal como colectivo, son los anticonstitucionalistas, separatistas y filoterroristas que lo entronaron y lo mantienen. Y es que resulta una trágica obviedad, pero el que todos los grupos que abiertamente se consideran anti españoles apoyen al régimen es prueba de la identidad en los objetivos o, al menos, de la compartida conveniencia práctica y teórica en los perjuicios que se puedan ocasionar a nuestra nación. Cui prodest… ¡a quién está en contra de España!
Pero es que, además, muchos de los inefables personajes (algunos de ellos delincuentes) que dirigen estos partidos, han sobrevivido gracias a que se han intrincado con un sanchismo que les ha proporcionado liderazgo, desarrollo político y personal, indultos o amnistías y mucho dinero. Y no pensemos solamente en los Puigdemont o Junqueras, que de otra forma ya estarían felizmente olvidados, sino también en el encumbramiento de Otegui como socio referente, en los ascensos de Aitor Esteban a lomos de su traición y de sus chantajes, o en la proyección de las ministras podemitas fuera de sus oscuros submundos de odio, ignorancia y demagogia.
Y, por último, las condiciones y el devenir del sanchismo también repercuten en los que lo combaten. Empezando por la transgresión normativa y ética con la que se consiguió implantar, y siguiendo por la degradación de las instituciones, la corrupción y degeneración personal de los lideres, la institucionalización de la mentira, la rendición al separatismo, la cronificación de problemas como la vivienda o la migración, el expolio fiscal y el aumento de precios, el caos administrativo, el deterioro en la seguridad y en los servicios públicos…; es comprensible que la indignación y la rabia acerque a los españoles a la oposición más intempestiva, más radical y quizá menos racional.
Es natural, entonces, que el domingo en Aragón, igual que pasó en diciembre en Extremadura o que pasará en cualquier sitio donde se pongan urnas, los apoyos a Vox se incrementen significativamente. Y es que, de puro cabreo, hasta los más contenidos y moderaditos ya hablan de votarles. Pero, no nos engañemos, este crecimiento no está siendo a costa del PP, sino a costa del crecimiento potencial del PP, que no es lo mismo. El suelo electoral de éstos y la responsabilidad de gobierno en tantos ayuntamientos y comunidades mantienen intacta su obligación de hacer política, ya sea en vivienda, migración o cohesión territorial, y no solo ruido. ¡Aunque también haya que salir a dar voces!
El drama es para la izquierda en general, que el domingo de nuevo perderá un buen porcentaje de apoyos, siendo que bastantes de ellos, por cosas como las que dice Irene Montero, van a ir a votar a Vox. Y, más en particular, para un sanchismo que, a las inefables condiciones que comentábamos, añade una más que ya disfrutaba su líder: ¡se ha hecho tremendamente impopular!
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