¿Y qué? ¿Los periodistas nos vamos a quedar quietos?

Ahora se hace Sánchez el ocurrente con esa mueca de tipo enrabietado y una gracieta que le ha parido su academia de chupatintas, y le endilga a Feijóo la culpabilidad -ni siquiera la responsabilidad- del acuerdo con Vox en Valencia. Habla del «Pacto del ventorro», se para a sí mismo y mira al personal como reprochándole que no le aplauda por el gran hallazgo castizo. No se le ha ocurrido a él lo del ventorro pero lo maneja como si fuera de su paternidad. Él, al que se le pueda adjudicar otro pacto mucho más escandaloso: el Pacto del zulo, el siniestro lugar en el que sus socios de ahora mismo, Bildu, encerraban a sus víctimas hasta que pagaban, los unos, o eran ejecutados los más.
Si este sujeto tuviera la mínima decencia no haría bromas con este recuerdo. porque sus risas asesinan otra vez a los deudos de los muertos. Su panda de amanuenses no para de ingeniar maldades para los útiles de su persona ¿Las últimas? Pues estos cinco decretos que ha perpetrado, no sólo para amordazar a los periodistas, sino incluso para sacarles la pasta, como un Montoro cualquiera, o quien sabe si dejarles sin oficio. Se propone literalmente: «El control, la supervisión, la inspección y la sanción» a la Prensa en general y a los desafectos en particular. Mientras sus lacayos, con los pérfidos Bolaños y López al mando, diseñan el abordaje a los medios, él se ocupa de una tarea paralela: la intromisión en las empresas, de modo que todas queden bajo su égida de aquí a la convocatoria de elecciones.
El asunto es de trascendente gravedad. Él, este individuo malhadado, intenta aprobar esta fechoría para culminar un objetivo. Lo cuento en palabras del presidente de una de estas grandes empresas que fue descabalgado no hará más de dos años. Advertía este antiguo patrón: «En el caso de que perdiera las elecciones Sánchez, con el partido sometido a su favor y el Grupo Prisa de vocero, Feijóo no duraría más allá de catorce meses». El avisador (perdón por el palabro) conoce perfectamente cómo se las gasta el que una vez fue a su amigo y piensa realmente, cómo el hombre del año, el armenio Oughourlian, que «los métodos que utiliza el presidente son similares a los de Franco». El general ahogó a los periódicos durante treinta años y después les dejó -Ley Fraga- más tranquilitos durante el postrer quinquenio de su mandato Sánchez nos ha tenido que aguantar desde la Transición pero se dispone a cepillarnos antes -lo repito- de abrir las urnas para unas elecciones generales. Si las hay, que esa es otra.
No se necesita aquí añadir que estos fines del sujeto ni siquiera van contra los periodistas, que también, están dirigidas a someter al público en general, verdadero titular de la información. Dejó escrito Jean-François Revel, un lujo de periodista y pensador, que los socialistas son tan cínicos que para ellos «el control de los medios de información, de expresión y de difusión no constituye un golpe a las libertades, sino una medida de salvación pública». Díganme si esta denuncia no es aplicable a los propósitos que manejan tanto López como su colega de Justicia y no sé cuántas cosas más, Bolaños. Hace algún tiempo, una treintena de años, escuché de labios del presidente Suárez una mención parecida. Advertía: «Estos (los socialistas) no es que nos quieran gobernar, es que nos quieren salvar… eso sí, a su manera».
Han domeñado de tal forma la sociedad, la han sometido hasta dejarla en la práctica inanidad que ya el gentío no se asombra por crímenes antidemocráticos como este de restablecer el control de la Prensa. A estas alturas existe ya una gran parte de la sociedad que duda de la limpieza de unos próximos comicios. «Y si alguna vez se abren las urnas -me señalaba la semana pasada un compañero de pupitre- ¿quién nos garantiza a nosotros, pobres españolitos pisoteados por esta alianza social-comunista, que unas elecciones en manos de Sánchez, de su Gobierno, de su Telefónica, de su Movistar (¿cuántos clientes ha perdido en un mes, señor de Paz?) de su Indra, de su CNI, de su Televisión manipulada o del CIS del director sin vergüenza José Félix Tezanos, Sánchez no se hace un Maduro y se proclama ganador aunque haya perdido? Mi colega me espetaba: «Dime: ¿quién?».
Y vamos con lo que estamos, vamos a la cuestión: ¿los periodistas nos vamos a estar quietos? La verdad: no debemos pedir demasiado a las asociaciones profesionales trufadas de quintacolumnistas al servicio del poder, tampoco de muchos patrones, que llevan en silencio mortuorio desde que Sánchez asaltó el poder, y tampoco -esto es terrible- de cientos de periodistas que están en este mundo para consagrar la labor destructiva de Sánchez, o ¿es que ya no nos acordamos de aquel asqueroso Manifiesto en que reprochaban la libertad de crítica y proclamaban su apoyo al Gobierno de ultraizquierda, ¿Es que hace falta que recordemos aquí los nombres y apellidos de los arriba firmantes? Y sí, es verdad que poco podemos confiar en la reacción, incluso corporativa, de los profesionales del periodismo, no hay que colocar algún interés en lo que pueda hacer Europa. La Unión ya se ha estrellado permanentemente con Hungría y más lejos en el tiempo con Polonia y no parece que esta vez le arree un zurriagazo a Sánchez. Con la democristiana a palos Von der Leyen poco hay que hacer; navega y, sobre todo deja navegar a los piratas. Esta es la situación.
O sea, situación desesperada en la que un autócrata sin reparos hace lo que le viene en gana y lo que conviene a su porvenir como presidente de su Cosa española y, por si acaso, por lo que le puede venir después. Mira al gentío y le da la risa porque éste se va a quedar en casa lamentándose con los grititos imbéciles de protesta de los que no son capaces de abrir el pico, no se lo vayan a clausurar. Esta es la España de ahora en la que los periodistas no abducidos por la causa leninista seguimos -siguen- seducidos por un malhechor. ¿Nos vamos a quedar quietos, cruzados de brazos? Respondo como no quisiera hacerlo: Sí. Globalmente nos quedaremos -se quedarán- quietos mientras les fusilan/nos fusilan.