Memorias de Arniches

Arniches
  • Pedro Corral
  • Escritor, investigador de la Guerra Civil y periodista. Ex asesor de asuntos culturales en el gabinete de presidencia durante la última legislatura de José María Aznar. Actual diputado en la Asamblea de Madrid. Escribo sobre política y cultura.

El nombre de Carlos Arniches (1866-1943) ha vuelto a resonar en los últimos tiempos con el reconocimiento que nunca ha dejado de merecer, protagonizando dos buenas noticias en la actualidad madrileña.
Empezaré por la más reciente, como es el estreno de La señorita de Trevélez, dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente, en versión de Ignacio García May, en el teatro municipal Fernán Gómez, del que el propio regidor es responsable artístico.

Arniches vuelve al foro a lo grande, como es de justicia para un creador genial que ha conquistado a generaciones de espectadores. Y lo hace con esta tragedia grotesca, considerada una de las mejoras obras teatrales españolas del siglo XX, que fue llevada al cine por Edgar Neville y versionada por Juan Antonio Bardem en Calle Mayor.

La obra es un espejo de la condición humana, descarnada por el humor inteligente e intemporal de Arniches para denunciar a quienes se deleitan con la mentira a costa de los demás. Pérez de la Fuente ha puesto en escena una representación memorable, con un trabajo soberbio de todo el elenco, encabezado por Silvia de Pé, Daniel Albadalejo, Críspulo Cabeza y Daniel Diges.

La segunda noticia se refiere a la residencia estival que Arniches adquirió entre 1922 y 1928 en el antiguo municipio madrileño de Hortaleza, hoy distrito de la capital. Con el plan urbanístico aprobado por el Gobierno municipal para la llamada Huerta de Mena, ya seriamente alterada por la construcción del ferrocarril, la M-40 y la M-11, se asegura la protección de los elementos de valor intangible que posee este enclave para el patrimonio cultural. Un paso muy importante respecto a los planes generales de urbanismo de 1985 y 1997 que no reconocían tal valor.

La actuación conllevará la construcción de oficinas según estipulaba el planeamiento, y la creación de una zona verde y nuevas vías de comunicación para peatones y ciclistas. Pero lo hará respetando el principal inmueble de la que se llamó Finca de Los Almendros, y parte del jardín de su entorno, incluidos los árboles que le dieron nombre. Además, la Comunidad de Madrid está valorando conceder protección singularizada a estos elementos bajo la categoría de Bien de Interés Patrimonial.

Está constatada la presencia de algunas figuras de la Generación del 27 en la que fuera finca de Arniches, empezando por José Bergamín y Eduardo Ugarte, director de La Barraca con Federico García Lorca, que se casaron con dos de sus hijas, Rosario y Pilar, respectivamente.

También están confirmadas las visitas de Rafael Alberti, que bebía los vientos por una sobrina del autor, Victoria Amado Arniches, a la que dedicó un poema de Sobre los ángeles. Alberti llegó a visitar un día la finca con Manuel de Falla.

Con evidente exageración se pretende que estas presencias en la finca de Arniches fueron decisivas para el nacimiento y la configuración de la Generación del 27. Se ha llegado a decir que Alberti y García Lorca pudieron conocerse allí, cuando es archisabido que ambos poetas se encontraron por vez primera en 1924 en la Residencia de Estudiantes, cuyo papel como crisol del 27 parece que se pretende minusvalorar con este tipo de falsificaciones.
En aquel encuentro en la colina de los chopos, Alberti le regaló al poeta granadino su cuadro La aparición de la Virgen de los Milagros, que se conserva en la Huerta de San Vicente, casa-museo lorquiana que, por cierto, hoy carece de protección como Bien de Interés Cultural por la desidia de los Gobiernos socialistas de la Junta de Andalucía pese a que se empezó a tramitar… ¡hace más de 40 años!

También se ha especulado con la presencia del propio García Lorca en la finca de Hortaleza. Un sobrino de Arniches, José María Amado Arniches, recordaba que Federico les representaba a los niños teatro de marionetas y tocaba el piano, pero no en la Huerta de Mena, sino en la casa de José Bergamín y Rosario Arniches en la calle Velázquez.

El genial Arniches se ha convertido en una excepción en el marco mental de una izquierda que, al socaire de las llamadas leyes de memoria, ha intentado estigmatizar a grandes figuras de la cultura española por no haber abrazado la causa del Frente Popular en la Guerra Civil. De aciago recuerdo es la purga descerebrada que el gobierno de Manuela Carmena pretendió ejecutar en el callejero madrileño contra Pedro Muñoz Seca, Enrique Jardiel Poncela, Miguel Mihura, Agustín de Foxá, Manuel Machado o Salvador Dalí.

Por ello es apreciable que la izquierda madrileña se sume sin sectarismo a la reivindicación vecinal de la huella de Arniches en la Huerta de Mena pese a que el comediógrafo alicantino abandonó la España republicana en plena Guerra Civil, diciembre de 1936, para afincarse en Argentina.

El autor de Los caciques salió de la zona frentepopulista con su mujer, Pilar Moltó, ligero de equipaje para no delatar su intención de exiliarse. Como recuerda Juan Antonio Ríos Carratalá, el gran estudioso de Arniches, incluso tuvo que destruir, antes de pasar por la aduana, lo que llevaba ya escrito de su obra El Padre Pitillo por ser un sacerdote el protagonista.

Al llegar a Buenos Aires, Arniches hizo unas manifestaciones a favor de la causa republicana, pero en octubre de 1937 acabaría denunciado por la Embajada española al ministro de Estado, José Giral, por participar con Eduardo Marquina en conferencias a beneficio de Falange y asistir a una recepción en la representación diplomática de la Italia de Mussolini. En la prensa frentepopulista se le tachó de «fascista» y, según el investigador Jordi Henales Salamanca, en su Alicante natal le quitaron la calle que llevaba su nombre.

Arniches y su mujer dejaron a todos sus hijos y nietos en España, a donde regresarían en 1940. Su tercer vástago, Fernando, militar, se refugió en la embajada de Paraguay para salvar su vida en el Madrid revolucionario. Cuando salió de ella en julio de 1938, el SIM, servicio de contraespionaje militar republicano, le tendió una trampa ofreciéndole falsamente el paso a la zona franquista. Fue detenido y procesado por alta traición y espionaje.
El triunfo de Franco presentó la otra cara de la moneda para Arniches: sus hijas Rosario y Pilar salieron al exilio rumbo a México junto con sus maridos Bergamín y Ugarte, mientras que su hijo mayor Carlos, arquitecto, autor de la Residencia de Estudiantes, sufrió en Madrid la depuración franquista, como la padeció también en un principio la obra del propio comediógrafo.

También debe señalarse que su sobrino José María Amado, quien conservó la memoria literaria de aquel lustro familiar en la Huerta de Mena, fue camisa vieja de Falange y autor de un Vía Crucis dedicado al fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera. Años más tarde sería detenido y confinado por la dictadura en una trayectoria similar a la de su admirado Dionisio Ridruejo.

José María Amado reivindicaría desde finales de los años 60, en la resucitada revista malagueña Litoral, a poetas del 27 que el régimen había silenciado, como Rafael Alberti, con quien le uniría una gran amistad. Y ello pese a que José María y Victoria Amado Arniches perdieron en la guerra a un hermano, Julio, estudiante de ingeniería industrial, fusilado por las milicias republicanas en Málaga.

Las dramáticas vicisitudes de la familia Arniches en la Guerra Civil a causa de los hunos y los hotros simbolizan las tragedias de la inmensa mayoría de las familias españolas. Son estas infinitas memorias familiares, todas legítimas y respetables, las que ninguna memoria oficial podrá silenciar o manipular. Conocer y reconocer esa pluralidad de memorias del pasado será siempre la mejor garantía de nuestra convivencia. Algunos parecen olvidarlo premeditadamente.

Lo último en Opinión

Últimas noticias