Esas cosas turbias de familia

Editorial Sánchez Begoña

Si ayer dábamos cuenta de que un cliente de los prostíbulos de la familia de Begoña Gómez -esos que el Gobierno de su marido dice que eran saunas, sin más- presentó una reclamación por haberle cobrado el doble por un servicio sexual, ahora un nuevo documento oficial ha venido a engrosar el historial de irregularidades en los locales «de alterne» -así los calificó Koldo García- del suegro de Pedro Sánchez. Se trata de una segunda hoja de reclamaciones presentada por un cliente de la Sauna Azul, ubicada en la calle Concepción Arenal número 4 de Madrid, que ha denunciado haber pagado por un servicio sexual que jamás ha llegado a producirse. «No usamos la habitación ni hicimos nada, ni entramos a la habitación, ni nos quitamos la ropa ni nada», dejó escrito el reclamante en el formulario oficial. No se trata en ningún caso de adornarnos con escabrosos detalles, sino de poner de manifiesto -para desmontar las mentiras del Gobierno- que las saunas eran locales de prostitución pura y dura.

La misma prostitución pura y dura que ha revelado la hipocresía de un partido al que ahora se le llena la boca defendiendo la dignidad de la mujer cuando Pedro Sánchez llegó a la secretaría general del partido catapultado por la inyección económica proveniente del negocio de prostitución de la familia de su esposa. Todo es tan sórdido, tan turbio, tan sucio que la doble moral que exhibe el PSOE es la apoteosis de la impostura: «Le he dado 7 euros a la encargada del establecimiento, para hacer un uso con una chica (sic.), pero no usamos la habitación, ni hicimos nada, ni entramos a la habitación, ni nos quitamos la ropa, ni nada». Y ahora van dando lecciones de dignidad haciendo gala de una impostada superioridad moral. Ese es el mundo de la familia de Begoña Gómez, ese es el mundo del que se aprovechó Pedro Sánchez.

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