El dibujo electoral de la Comunidad Valenciana

El dibujo electoral de la Comunidad Valenciana
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Paralelamente a las elecciones generales, el pasado 28A tuvieron lugar en la Comunidad Valenciana las elecciones autonómicas. Los únicos comicios regionales y convocados simultáneamente por Chimo Puig en una evidente estrategia de subir en las urnas a rebufo de Sánchez. El candidato del PSPV venía de recorrer un camino pedregoso tras haber obtenido los peores resultados de su historia en 2015, los cuales le obligaron a comerciar con Mónica Oltra, principalmente, la cartera de educación, y la entrega de la alcaldía de Valencia al nacionalista de Manresa Joan Ribó. La rúbrica del amancebamiento electoral de conveniencia se estampó en un escenario de abetos y hortensias para convertir los siguientes 4 años de fracaso político y de gestión en una novela romántica de Danielle Steel llamado Pacto del Bótanico que acaba de volver a ser reeditado tras los resultados electorales que han evitado cualquier posibilidad de pacto entre el PP, Ciudadanos y la novel irrupción de VOX con 10 escaños, el 10,44% del voto y 278.947 papeletas.

La Comunidad Valenciana, siguiendo la estela de los resultados obtenidos por la Comunidad de Madrid, Aragón, Extremadura, y Castilla La Mancha en las generales, fue otro ejemplo de cómo el perdedor en votos, el bloque de izquierdas formado por el PSPV, Compromís y Podemos con 1.290.139 papeletas, gobernará la región frente al éxito del bloque de derechas, PP, Ciudadanos y VOX cuya suma ha cosechado 464.005 votos más que Puig, Oltra y Martínez Dalmau con un total de 1.754.144 papeletas.

Martínez Dalmau, el candidato de Podemos, dirigente de CEPS, e ideólogo esencial del fraude jurídico en Venezuela, ha perdido 5 escaños y 80.000 votos. Con respecto al PSPV y Compromís, más allá de haber logrado el poder para la próxima legislatura, conseguido en gran medida por el leviatán clientelar pancatalanista que sostienen con dinero público, no tienen motivo para el orgullo o la esperanza de pujanza de amor de sus adeptos. La formación nacionalista de Oltra y del PSPV sólo ha sido útil para los intereses de los presos golpistas del 1-O y de Torra. Compromís ha pasado de los 19 escaños atesorados en 2015 a 17 en estas elecciones autonómicas con una pérdida de 17.364 votos desangrados, sobre todo, en Valencia y Alicante. Además, Oltra, ha perdido 8 de sus 9 diputados en el Congreso nacional.

Por otro lado, Chimo Puig, enemigo acérrimo de Pedro Sánchez y del propio ministro Ábalos, ha recibido 95.000 votos menos de los que ha logrado Sánchez de la Comunidad Valenciana tras una gestión que ha cosechado innumerables y sonados fracasos: sendas sentencias del TSJCV paralizando su modelo lingüístico por “discriminar a los castellano hablantes”, la impugnación del propio gobierno de Sánchez a los presupuestos del PSPV en la última semana por exceso de gasto, esa maravillosa guinda novelesca del fuego amigo. La anulación de pleno derecho del presupuesto 2017 de la televisión pública nacionalista A Punt creada de forma urgente por Puig y Oltra, 55 millones de euros, que deberán ser devueltos a las arcas públicas, pasarán a engrosar la deuda de la Comunidad. 55 millones que deberán ser sumados a los 47 millones que el ente ha arrojado en pérdidas sólo en 2018.

Con respecto a la derecha, aunque ganadora en votos, sí ha sido víctima de su fraccionamiento, aunque, de forma singular, también de la absoluta falta de acierto a la hora de elegir sus liderazgos. Bonig, perdedora de 11 escaños, no ha sabido soportar el embate de VOX y Ciudadanos. 14.000 valencianos que votaron a Casado la dejaron de lado en beneficio de Toni Cantó, que ha mejorado los resultados de su partido.

Con respecto a VOX, la Comunidad es el lugar donde de forma más gratuita los valencianos han tirado a la basura su voto. 37.727 personas que votaron a Abascal, no votaron a Jose María Llanos, un candidato endeble, de carisma pírrico, envuelto en el cobro durante 8 años de una fundación participada por la administración autonómica que fue investigada por prácticas irregulares en el llamado Caso Cooperación que llevó a Rafael Blasco, ex consejero del PP a la cárcel por uso fraudulento de fondos de ayuda al desarrollo.

Llanos laminó de VOX la facción cívica que durante décadas ha dado la batalla en la Comunidad contra la estelada, para trasvasar el ala más dura del Opus Dei Cotiniano, particularmente representado por Gil Lázaro, el dinosaurio del PP que Abascal ha repescado para el Congreso Nacional. Ojo para las locales del 26M, última ocasión para arrebatar a una ciudad que podría volver a caer 4 años más en manos del nacionalismo tripartito, porque la opción de VOX es José Gosálbez un candidato opusino, melifluo y desconocido que sólo servirá para volver a disgregar el voto para asegurar un nuevo gobierno de la izquierda.

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