Los socios de Sánchez son como Sánchez: unos mentirosos

CNI

Salieron haciendo ruido lanzando la especie envenenada de que los diferentes Gobiernos de España habían ordenado una operación de espionaje masivo contra los independentistas catalanes. Según los golpistas, era la prueba del nueve de que el Estado español les perseguía por sus ideas. Hablaron de 65 espiados por el sistema Pegasus, pero a la hora de la verdad la querella presentada el pasado 3 de mayo ante los tribunales ordinarios de Justicia en Madrid se ha reducido a 17.

Empezaron citando un supuesto trabajo de la Universidad de Toronto para denunciar una purga ideológica a gran escala -el mayor caso de espionaje mundial-, pero con el paso del tiempo la cosa se ha ido desinflando y ya no son 65, sino la mitad de la mitad. Es decir, que una cosa es la propaganda y la mentira y otra, muy distinta, denunciar ante la justicia con datos objetivos.  Los sediciosos catalanes y el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, tienen una cosa en común: todos mienten como bellacos. Los primeros se han presentado como víctimas de un plan sistemático orquestado por el Estado y el segundo se ha presentado como víctima de un espionaje con datos trucados. Mentira sobre mentira.

Dicen los separatistas que el espionaje se produjo «a partir del año 2017 y posiblemente también desde el año 2015», pero en lugar de mandarles a freír puñetas, que es lo que habría hecho cualquier presidente del Gobierno decente, Sánchez ha metido a golpistas y proetarras en la Comisión de Secretos Oficiales para que se les pase el enfado y, a continuación, ha puesto en jaque al mismísimo Centro Nacional de Inteligencia anunciando que él también fue espiado, pero faltando clamorosamente a la verdad al anunciar que lo supo el pasado fin de semana, cuando el CNI le advirtió hace casi un año. La mentira en Sánchez le brota de forma natural, igual que a los golpistas. Tal vez por eso se entienden.

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