La planta que parece inofensiva pero aterra a los científicos: sus agujas liberan un dolor que puede durar años

En las selvas tropicales del este de Australia se puede encontrar una de las plantas más peligrosas del mundo: la Dendrocnide moroides, conocida como «el árbol de la Picadura». Por su aspecto parece un arbusto inofensivo, similar a una ortiga grande, pero el simple contacto puede desencadenar uno de los dolores más intensos conocidos, el cual puede durar semanas, meses e incluso años. Pertenece a la familia de las ortigas y tiene un aspecto muy peculiar: se presenta como un árbol de pequeño tamaño pero, en condiciones óptimas, alcanza hasta 10 metros de altura.
Sus hojas grandes, con forma de corazón y bordes dentados, miden entre 12 y 22 centímetros y están completamente cubiertas de finos pelos urticantes. Además de en las hojas, los tricomas se encuentran en tallos, ramas e incluso en los frutos. Sin embargo, el fruto, similar a una pequeña mora rosada o púrpura, puede ser comestible si se eliminan cuidadosamente los pelos tóxicos.
La planta más peligrosa del mundo
En el mundo existen otras muchas plantas urticantes, pero la gympie-gympie tiene un mecanismo defensivo único. Los tricomas actúan como auténticas agujas hipodérmicas microscópicas; al mínimo roce, se clavan en la piel y se rompen, liberando directamente una potente mezcla de toxinas en el tejido.
El dolor aparece de inmediato y se intensifica durante la primera media hora. Las víctimas describen una sensación de ardor extremo, comparable a quemaduras profundas, y el sufrimiento no desaparece rápidamente. Los tricomas pueden quedar alojados bajo la piel durante largos periodos, reactivando el dolor al contacto con agua fría, el sudor o los cambios de temperatura.
Uno de los relatos más citados es el del guardabosques australiano Ernie Rider, quien en 1963 fue golpeado en el rostro y el torso por hojas de gympie-gympie. Según su testimonio, el dolor fue casi insoportable durante varios días y persistió de forma intermitente durante dos años, reapareciendo cada vez que se duchaba con agua fría.
El riesgo de la gympie-gympie no se limita al contacto directo. Los tricomas se pueden desprender y quedar suspendidos en el aire alrededor de la planta. Al ser inhalados, pueden provocar reacciones alérgicas severas e irritación de las vías respiratorias. Investigadores han reportado estornudos persistentes, lagrimeo y dificultad para respirar tras la exposición.
El hallazgo de las toxinas responsables
En 2020, investigadores de la Universidad de Queensland identificaron una nueva familia de péptidos neurotóxicos a los que denominaron gympietides.
«Las especies de árboles que pican en Australia son particularmente destacables por producir picaduras terriblemente dolorosas, que a diferencia de las de sus parientes europeos y norteamericanos pueden causar síntomas que duran días o semanas. Aunque provienen de una planta, las gympietides son similares a las toxinas de las arañas en la forma en que se pliegan en sus estructuras moleculares tridimensionales y se dirigen a los mismos receptores del dolor; esto posiblemente hace que el árbol Gympie-Gympie sea verdaderamente venenoso», explica Irina Vetter, el Dr. Thomas Durek y sus equipos en el Instituto de Biociencia Molecular de la Universidad de Queensland.
Y añade: «Al igual que otras plantas que pican como las ortigas, el árbol gigante está cubierto de apéndices en forma de aguja llamados tricomas que miden alrededor de cinco milímetros de largo; los tricomas parecen pelos finos, pero en realidad actúan como agujas hipodérmicas que inyectan toxinas cuando entran en contacto con la piel».
¿Existe un tratamiento eficaz?
No existe un antídoto definitivo contra la picadura de la gympie-gympie. Los tratamientos tradicionales incluyen el uso de cera depilatoria o cinta adhesiva para retirar los tricomas de la piel, aunque su tamaño microscópico dificulta una extracción completa.
Las comunidades indígenas australianas desarrollaron métodos propios, como la aplicación de pastas elaboradas con partes de la planta, seguidas de un raspado cuidadoso de la zona afectada. Otros remedios modernos, como cremas anestésicas, baños calientes o analgésicos, solo ofrecen un alivio temporal.
Sin embargo, «al comprender cómo funciona esta toxina, esperamos encontrar un mejor tratamiento a quienes han sido picados por la planta, para aliviar o eliminar el dolor», asegura Vetter.
La evolución de esta planta ha dado lugar a un sistema de defensa tan eficaz que incluso hojas secas recolectadas décadas atrás pueden seguir causando dolor. Al entrar en contacto con el veneno, lo primero se siente es una sensación de ardor muy intensa la cual se vuelve cada vez más y dolorosa. «Es como tener un clavo en la carne», dijo el Dr. Gilding, biólogo de la Universidad de Queensland.
Dado que plantas y animales comparten el mismo método para causar dolor, los investigadores plantean dos posibilidades sobre cuándo y cómo evolucionaron estas toxinas: la evolución a partir de un gen ancestral en un ancestro compartido antiguo o una evolución convergente, donde la naturaleza reinventa la estructura más adecuada para adaptarse a un propósito común.
Temas:
- Naturaleza
- OKD
- Plantas