UN HALLAZGO HISTÓRICO EN EL OCÉANO

Los biólogos no dan crédito a lo que han encontrado: el hallazgo de madre e hija que cambia para siempre la biología

madre e hija
Un equipo de madre e hija descubren la colonia de corales más grande del mundo frente a la costa australiana.

El fondo marino de Australia acaba de revelar uno de sus secretos mejor guardados de la mano de una pareja de exploradoras que ha hecho historia. Lo que comenzó como una expedición familiar para Jan Pope y Sophie Kalkowski-Pope, madre e hija, ha terminado en un hito científico sin precedentes: el descubrimiento de la colonia de coral más grande del planeta.

Con unas dimensiones que desafían la imaginación, este coloso submarino no solo es una estructura impresionante, sino un testimonio de resistencia en un ecosistema castigado por el cambio climático.

Un coloso de 111 metros bajo las aguas australianas

La magnitud del hallazgo, ubicado en la Gran Barrera de Coral, es difícil de procesar. Según los datos certificados por la organización Citizens of the Reef, la colonia (del tipo Pavona clavus) mide 111 metros de largo y cubre una superficie de casi 4.000 metros cuadrados.

Para entender su escala, Sophie Kalkowski-Pope necesitó tres minutos de nado continuo solo para recorrerla de un extremo a otro, grabando un vídeo que ya es oro puro para la biología marina.

Este coral individual ha sido verificado mediante mediciones submarinas manuales y tecnología de alta resolución desde la superficie. Gracias a estos datos, los científicos han creado un modelo 3D de la estructura, una herramienta que será clave para monitorizar cómo este gigante evoluciona con el paso de los años.

¿Por qué ha sobrevivido este gigante mientras otros mueren?

El descubrimiento llega en un momento crítico, con más del 80% de los arrecifes mundiales sufriendo episodios de blanqueamiento masivo debido a las temperaturas récord del mar.

Sin embargo, este ejemplar parece ser extremadamente resistente. Los investigadores barajan varias hipótesis sobre su supervivencia:

  • Ubicación estratégica: se encuentra en una zona con fuertes corrientes de marea que podrían refrigerar el agua.
  • Refugio natural: la baja exposición a ciclones tropicales ha permitido que su estructura crezca sin interrupciones durante siglos.
  • Genética privilegiada: su capacidad para mantener las algas que lo alimentan lo convierte en una pieza clave para entender la recuperación de los arrecifes.

La ciencia ciudadana al rescate del arrecife

Este hallazgo no ha sido fruto de una misión gubernamental millonaria, sino del Gran Censo del Arrecife, una iniciativa que involucra a ciudadanos y buceadores particulares. La ubicación exacta se mantiene en secreto para proteger la colonia de «impactos no deseados» y garantizar que siga siendo un refugio de biodiversidad.

Para los expertos de la Universidad de Queensland, este descubrimiento demuestra que todavía existen «fuentes de recuperación» en el océano que pueden ayudar a repoblar zonas dañadas. El hallazgo de madre e hija no solo ha asombrado a los biólogos, sino que ofrece un rayo de esperanza para el futuro de los ecosistemas marinos.

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