El ruso pasó por encima del español (6-3, 6-3)

Khachanov arrolla a Carreño y le condena a pelear por el bronce

Pablo Carreño cayó en semifinales de los Juegos Olímpicos tras ser arrollado por el tenis excelso de Karen Khachanov, que pasó por encima del asturiano (6-3, 6-3) y se cuela en la final olímpica, asegurándose una medalla. Pablo tendrá que esperar a la batalla por el bronce, en la que se medirá a Djokovic

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Pablo Carreño
Carreño se seca con una toalla durante el partido. (AFP)

Qué difícil es ganar una medalla en los Juegos Olímpicos. Pablo Carreño lo experimentó en sus propias carnes en la tarde posterior a la mejor victoria de su carrera. El asturiano se había colado en semifinales después de derrotar a Daniil Medvedev, todo un número dos del ranking ATP, en una actuación descomunal, tan extraordinaria como la que cuajó Karen Khachanov para apartarle de la final olímpica y condenarle a luchar por un bronce que se pone muy caro por su rival: Novak Djokovic.

Khachanov fue mejor, mucho mejor que un Pablo desdibujado sobre la pista, sin golpes ni confianza para afrontar los tramos de absoluto trance tenístico de su rival. Karen no sólo demostró la pegada que le caracteriza con su saque y su derecha, sino que lo hizo sin prácticamente errores y con un revés que completaba la oferta a un nivel sobresaliente.

Carreño, que esperaba el momento y se vio a remolque desde el inicio del primer set, no pudo competir en un encuentro que se presumía igualado pero en el que el número 25 del mundo se postuló a un nivel de auténtico número uno. Khachanov sumó su segundo break del día para cerrar el primer set, con sólo cuatro errores no forzados, una absoluta locura en comparación con sus winners y sus aces.

El segundo parcial trajo algo de esperanza, con un Carreño agresivo –y fallón– que contó con una pelota de break para adelantarse en el marcador. Ahí lo tuvo el asturiano, pero su derecha paralela, a buen seguro un winner, se quedó en la cinta, que escupía de nuevo las opciones de España en el tenis olímpico.

A partir de ahí, la debacle. Carreño había gastado sus balas mentales al tiempo que Khachanov se colocaba con una decena de errores y más del doble de winners para, después de hora y veinte minutos de partido, levantar los brazos y colarse en la final olímpica. No era el día de Pablo, que esperará a la batalla del tercer y cuarto puesto para tratar de colgarse un bronce en los Juegos.

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