Ni cachopo ni fabada: el plato que nació en la posguerra y sirve para combatir el frío invernal en Asturias
Hay platos que automáticamente vinculamos a la posguerra, pero cuando el frío aprieta en Asturias siempre se acuerdan de un manjar invernal muy contundente y sabroso: las cebollas rellenas de bonito.
En tiempos donde los alimentos sofisticados y los productos exóticos no formaban parte de la vida española, la cocina de aprovechamiento y el producto local triunfó. Y eso dejó auténticos manjares.
Es el caso de las cebollas rellenas de bonito, que ganaron fama en Asturias durante los años más duros de la posguerra. Casi un siglo después son un símbolo del invierno en el Principado. Todo gracias a su sabor.
El plato de invierno de Asturias que todos asocian con la escasez de la posguerra
En Asturias la fabada y el cachopo son los reyes de la mesa tradicional, pero todo buen asturiano guarda un lugar especial en su corazón para las cebollas rellenas de bonito. Y es que su origen forma parte de su historia.
Surgieron en la posguerra española, cuando la escasez obligaba a aprovechar al máximo los ingredientes disponibles. En las cuencas mineras asturianas, donde la economía giraba en torno al carbón, la imaginación culinaria fue clave para alimentar a familias enteras con productos asequibles.
Por ejemplo, la cebolla era abundante y barata, por lo que se convirtió en la base perfecta. El relleno se elaboraba con bonito en conserva (más accesible que el pescado fresco en el interior).
Y esto se mezclaba con el propio corazón de la cebolla pochada, huevo cocido y, en algunas variantes, pimiento o tomate. El resultado era un guiso lento, cocinado a fuego bajo, que ofrecía energía y calor en los meses más fríos.
Con el tiempo, esta receta se consolidó especialmente en el concejo de San Martín del Rey Aurelio. Por ello en la localidad de El Entrego se celebra cada 30 de noviembre la Fiesta de las Cebollas Rellenas, declarada de Interés Turístico Regional.
Cómo preparar la cebolla rellena de bonito al más puro estilo asturiano
Aunque existen variantes, la preparación clásica mantiene una estructura muy definida. Se utilizan cebollas grandes, que se vacían cuidadosamente tras una primera cocción para ablandarlas sin que se rompan.
El interior se pica y se sofríe lentamente hasta caramelizar. Por su parte, el relleno combina bonito desmenuzado (habitualmente en aceite) con huevo duro y el sofrito de cebolla.
Una vez rellenas, las piezas se colocan en una cazuela y se cubren con una salsa elaborada con cebolla, tomate, vino blanco y, en ocasiones, caldo de pescado. El conjunto se cocina durante al menos una hora para que los sabores se integren y la cebolla quede melosa.
Lo más importante es que no intentes ir más rápido de la cuenta: el éxito depende de la cocción pausada y del equilibrio entre el dulzor natural de la cebolla y la intensidad del bonito.
Otro guiso invernal que debes probar si viajas a Asturias y quieres protegerte del frío
La cebolla rellena de bonito es un plato típico de Asturias en invierno, pero no es el único que inventaron en el Principado para combatir el frío. Otro buen ejemplo es el pote de nabos con butiello.
Se trata de un guiso elaborado a base de nabos, patatas y distintos productos del cerdo, cocinados lentamente hasta lograr un caldo espeso y reconfortante, para huir del frio.
En la parte vegetal, el protagonista es el nabo, una hortaliza de invierno que aporta sabor intenso y ligeramente amargo. Se corta en trozos y se cuece junto a las patatas y los huesos salados.
A partir de ahí, el plato admite variaciones según la zona y la despensa disponible. Por ejemplo, en el concejo de Morcín es habitual preparar el potaje de nabos con huesos y butiello, tal y como recoge la tradición local.