Page, Lambán y Vara se enfrentan a Batet por sus trabas a la suspensión de los diputados golpistas

Meritxell Batet
Meritxell Batet, ministra de Política Territorial y Función Pública. (Foto: EFE)

No sólo el Congreso de los Diputados ha empezado la nueva etapa con tono bronco. También el propio PSOE ha registrado ya el primer gran enfrentamiento: el de los barones Guillermo Fernández Vara, Emiliano García-Page y Javier Lambán, por un lado, y el de Meritxell Batet por el otro. Y es que la decisión de suspender a los diputados golpistas estaba tomada desde el primer momento en el PSOE, precisamente, con el fin de evitar que los paseos de Junqueras y los otros tres golpistas por la Cámara Baja restasen a los socialistas opciones electorales autonómicas el 26-M.

Pero la necesidad del PSOE de negociar con ERC -diga lo que diga este partido oficialmente, no podrá tener una gobernabilidad estable sin los republicanos- y el baile a dos aguas de Pedro Sánchez, han permitido a Batet buscar disculpas para no acelerar la suspensión de los diputados golpistas. Y ello, pese a que estos presos preventivos del juicio del 1-O debían haber perdido su capacidad en el hemiciclo desde el primer minuto, según la legislación española y tal y como ha recordado el Supremo.

Batet, pese a ello, lo tiene claro. Ella es del PSC e indudable defensora de la comprensión y el diálogo con los separatistas, tal y como dejó constancia en el propio Congreso que hoy preside y donde -en 2013- respaldó una proposición de CiU para impulsar un referéndum separatista en Cataluña. Batet lo hizo en aquel año saltándose, incluso, la disciplina de partido de los socialistas. Pero, pese a ello, Batet no se saltaría hoy las indicaciones de Sánchez.

En el otro bando de esta pugna se encuentran tres personas con intereses muy distintos a los de Batet en estos días. Se trata de los tres principales barones del PSOE que se disputan este domingo las elecciones autonómicas: Fernández Vara (Extremadura), Lambán (Aragón) y García-Page (Castilla-La Mancha). Los tres necesitan tener al electorado tranquilo con el tema separatista. Y es que en ninguna de estas tres regiones, el hecho de confirmar la amistad entre socialistas y separatistas hace ganar voto.

Decisión hasta una conversación

Ese es el contexto. Y esa la decisión adoptada -al menos teóricamente- la semana pasada desde Presidencia: la de cursar y aplicar la suspensión de los diputados golpistas y en situación de prisión preventiva por el juicio del 1-O. Porque es prioritario el reto electoral territorial y europeo. Una decisión adoptada, aunque ello supusiera desestabilizar leve y temporalmente el apoyo de ERC a la investidura y gobernabilidad de Sánchez: porque la cierto es que Sánchez puede salvar la investidura en segunda vuelta sin el apoyo de ERC. Y adoptada aunque afectase a una negociación -con ERC- en la que Batet juega un importante papel por su cercanía a los republicanos y al pensamiento nacionalista.

Pero una conversación se coló en medio de esta decisión: la de Junqueras con Sánchez el martes pasado en el Congreso, captada por todas las cámaras. La que dejó ver con claridad que el preso golpista por excelencia negociará con Sánchez. “Tenemos que hablar”, dijo Junqueras sin miramientos a Sánchez en pleno escaño. A lo que el líder socialista respondió sin rubor con un “no te preocupes”.

La secuencia tensaba el panorama aún más en las regiones en liza este domingo. Pero también revelaba que ERC no le va a hacer la vida tan fácil a Sánchez: quiere indultos e independencia, y está dispuesta a presionar por ello en público.

Sánchez debía elegir: contentar a ERC de cara a su propia investidura o facilitar los triunfos autonómicos y locales.

Pedro Sánchez siguió considerando prioritario el triunfo electoral, especialmente porque confía en la necesidad de fondo que tiene ERC de entenderse con los socialistas si quiere gobernar Cataluña. Pero el castillo de naipes terminó de liarse cuando la mañana de este miércoles un escrito de la Fiscalía exigió a la Mesa del Congreso esperar a recibir órdenes del Supremo para suspender a los diputados golpistas.

Era la oportunidad de Batet para mediar y lo hizo: ganó tiempo ante el Supremo pidiendo explicaciones e interpretación a la norma, algo que le permitía ganar tiempo y dejar claro que ella no es partidaria de esta suspensión. El Supremo se negaba a hacer de profesor de Derecho porque no es su competencia. Y todo ello con un Sánchez de arbitro, que no terminaba de tomar una decisión.

Ciudadanos no tardaba en criticar a la presidenta del Congreso porque "no puede arrodillar a la democracia española ante los golpistas por tener un pacto”. El PP cargaba igualmente contra Meritxell Batet por dilatar la suspensión de los golpistas: "El Tribunal Supremo ha advertido a la Presidencia de la Cámara que no es un órgano consultivo del Parlamento" y el PP reclamaba, además, "que se haga efectiva la suspensión de acuerdo con la ley”, señalaba Pastor.

Y Vox exigía igualmente la suspensión inmediata de quien no debía estar en el Congreso con plenos derechos, tal y como señalan las leyes españolas.
La brecha estaba abierta en el PSOE y los partidos en competencia no dudaban en aprovecharla.

Todo ello, a mayor enfado de los barones del PSOE que pelean este domingo en las elecciones territoriales. Porque han visto que Batet no juega a su mismo juego.

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