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El pucherazo de Maduro pone la puntilla a la devastada economía de Venezuela: ni el Brent a 140 $ podrá salvar al país

Venezuela-Maduro
Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro (Foto. Getty)

La crisis económica y social se perpetua para la sociedad venezolana. Nicolás Maduro se atrinchera en el poder tras las elecciones presidenciales de este domingo, unos comicios tildados de “farsa electoral” por parte de la comunidad internacional. El dictador bolivariano consigue seis años más en el cargo presidencial en medio de un verdadero caos económico: hiperinflación, corrupción, caída del bombeo del petróleo, escasez de alimentos y una moneda local que pierde valor a raudales. Los expertos consultados explican que la economía venezolana está herida de muerte y que ni siquiera el Brent disparado en los 140 dólares -algo disparatado- podrá salvar al país.

Maduro obtuvo el 68% de los votos emitidos, según la Consejo Nacional Electoral (CNE), un organismo cargado de leales al Gobierno bolivariano. Un éxito electoral que, sin embargo, no es reconocido ni por la oposición, ni tampoco por parte del resto de países de América Latina. Este mismo lunes, a través de Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA) una veintena de presidentes iberoamericanos han rechazado los comicios y los han calificado de “falsificación democrática”.

¡Cuánto nos han subestimado! Y aquí estamos de nuevo, ¡victoriosos!”, clamaba Maduro tras dar a conocer los resultados. Ahora la pelota está sobre el tejado de la comunidad internacional, su rechazo por el Ejecutivo de Maduro, así como la prórroga de las sanciones económicas de EEUU y Europa.

Maduro saca pecho por su victoria electoral, pero se niega a ver la terrible realidad económica y humanitaria que vive el país. Es más, asegura que Venezuela está al borde de la quiebra por los “continuos ataques imperialistas”. Sin embargo, y a tenor de los datos disponibles, el peor enemigo de Venezuela es su propio mandatario.

Venezuela está viviendo el peor momento económico -y, por ende, social- de hace décadas. Según el FMI, la inflación este año será del 14.000% y la economía venezolana sufrirá una sangría del 15%. Es más, sólo en el primer trimestre de 2018 la inflación ha sido del 453% y el IPC es tan volátil que cambia cada 24 horas.

Hiperinflación del 14.000%, según el FMI

Un escenario que está provocando un éxodo masivo de venezolanos a otros países de América Latina, principalmente Colombia, Brasil y Panamá. Según datos de ACNUR, desde el mes de enero están saliendo de Venezuela alrededor de 8.000 personas al día, si el ritmo de emigración sigue así, a final de año se estima que casi 2 millones de venezolanos hayan abandonado su patria.

“No estamos muriendo de hambre”, comentaba a FT Purificación Rivero, una emigrante venezolana perteneciente a la tribu indígena Warao refugiada en Brasil. “Mi familia ha muerto de hambre y culpo al Gobierno venezolano de dejar morir a los pobres”, añadía.

Según datos de Fedeagro, la producción actual de alimentos en el país no permite alimentar a más del 25% de la población. Es más, a la orden del día están las cartillas de racionamiento y la restricción de alimentos. Carlos de Oteyza, historiador y cineasta venezolano, me explicaba hace apenas un año en una entrevista que “el hambre era real. He salido de casa esta mañana y vi a tres chicos jóvenes comiendo de la basura. Es lo cotidiano, yo soy uno de esos privilegiados que no tiene que hacer colas en los supermercados”.

Explicaba que con la cartilla de racionamiento “no puedes ir a comprar al supermercado todos los días, depende del número en el que termine tu carnet de identidad puedes ir o no a comprar productos subsidiados por el Gobierno”. Claramente, me comentaba, “hay una doble economía, el resto de días que no se compra los alimentos subsidiados, se tiene que optar por el mercado negro”.

Ante este escenario, las medicinas se han convertido en auténticos lujos para los venezolanos, éstos deben recurrir a comprarlos del exterior y, por supuesto, en dólares. Fruto de esta escasez, han regresado enfermedades de posguerra hace tiempo erradicadas.

El petróleo ya no podrá salvar a Venezuela

La producción de petróleo, la niña bonita de la economía de Venezuela, está enferma de muerte y necesita urgentemente una inversión millonaria para seguir con vida. PDVSA, la petrolera estatal, necesita alrededor de 10.000 millones de euros para reparar y modernizar sus infraestructuras si quiere seguir cumpliendo con las exigencias de la OPEP.

Según el boletín mensual del cártel liderado por Arabia Saudí, la producción de Venezuela sigue cayendo y en el mes de abril cayó en 42.000 barriles diarios con respecto al mes de marzo. Según Bloomberg, la producción de oro negro se hundió en 1.500 millones de barriles al día en abril, es decir, una pérdida de alrededor del 30% con respecto al mismo mes de 2017.

Durante los años de bonanza del Brent, cuando cotizaba por encima de los 120 dólares, Venezuela se encargó de elevar su deuda pública, unas obligaciones a las que en estos momentos no puede hacer frente y que ponen al país en el abismo financiero.

Por su parte, el economista Javier Santacruz, explica a este periódico que “ni aunque el crudo subiera a cifras disparatadas de -entre 120 y 140 dólares- sería posible recuperar esa economía”. Además, explica, la economía venezolana ahora mismo está “devastada y, ante esto, lo que se debería hacer es cirugía de hierro. La situación no se puede levantar con nada, aparte del petróleo, no tienen nada más con valor añadido que exportar”.

Cree Santacruz que la nueva victoria electoral de Maduro va a provocar que “el desastre económico siga, ahora lo que tenemos que ver es hasta que punto lo permitirá la comunidad internacional porque en las últimas semanas hemos visto mucha unanimidad en emitir sanciones a Venezuela”.

Este domingo John Sullivan, subsecretario de Estado de Donald Trump, ha señalado que están considerando más sanciones sobre Venezuela, aunque también ha reconocido que “debemos asegurarnos de atacar a los funcionarios de un régimen corrupto y no al pueblo venezolano”.

Para atajar el problema por el que atraviesa PDVSA, algunas voces expertas de Venezuela, piden que el capital se abra a la inversión privada. Sin embargo, Borja Matilla, analista de Hanseatic Brokerhouse, cree que “la solución no pasa por ahí, estamos en un momento muy complicado que va más allá de la entrada de capital privado”.

El analista cree que “el problema no radica” en que PDVSA esté en quiebra o no, “sino que es Venezuela la que está en default y la que está sufriendo una superinflación donde está llegando un punto en el que su moneda no valdrá absolutamente nada”.

 

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