Open Australia 2022: se impuso en tres sets (7-6, 6-2, 6-2)

Nadal esquiva la trampa de Mannarino y ya está en cuartos

Nadal
Nadal celebra el triunfo en Australia
Nacho Atanes
  • Nacho Atanes
  • Redactor de deportes y canterano de OKDIARIO. Desde 2016 cubriendo la información de tenis. También baloncesto, fútbol, ciclismo y otros contenidos.

Rafael Nadal ya está en cuartos de final del Open de Australia después de un encuentro que camina hacia los más extraños de su carrera. El tenista español se midió en una batalla extraordinaria en el primer set a Adrian Mannarino, de la que salió vencedor pese a los mil y un trucos del mago francés, quien acabó lesionado y pagando el esfuerzo (7-6, 6-2, 6-2) exagerado de medirse de tú a tú en esa lucha con Rafa. Dos horas y 42 minutos de partido, más de la mitad en el primer parcial, fueron suficientes para que Nadal se cuele, por decimocuarta vez, entre los ocho mejores tenistas en Melbourne.

El partido se esperaba de gran nivel, sobre todo en términos de diversión, dentro de un elemento entre dos tenistas de lo más opuesto del circuito. La potencia de los golpes de Nadal contrastaban con la picardía y el estilo de Mannarino, ese tenista que aprovecha, precisamente, la fuerza de sus rivales para impactar muy, muy delante y con constantes trucos convertirse en un elemento más que competitivo.

Lo comprobaron Hurkacz y Karatsev, ambos cabezas de serie destacados que acabaron sepultados por Adrian, y también lo iba a hacer Nadal en un primer set de auténtico órdago. Una hora y veinte minutos de tenis irregular del lado del manacorense dejaban a Mannarino como la estrella en la Rod Laver Arena. Sus golpes, para muchos inéditos hasta el momento, conquistaban a los espectadores, que veían que un tenis distinto es posible en la era de los pegadores.

Sin tapujos y espoleado por su propia inspiración, Mannarino levitaba sobre la pista y cerraba cualquier oportunidad de Nadal de desmarcarse en el luminoso. Juego a juego llegaba la alternancia mientras Rafa tenía problemas con su golpe más preciado, la derecha.

Hasta aquí todo parecía un monólogo de Mannarino, pero la realidad es que Nadal mantenía su servicio y, por consiguiente, la igualdad necesaria para mandar el set a un tie break que durante casi media hora dejaría sin aliento a jugadores y espectadores. Fueron seis pelotas de set desperdiciadas por Rafa y cuatro por Adrian hasta que el español, a la séptima y con un punto pícaro y voraz, se llevaba el gato al agua para salir de la trampa del francés.

Después de tanto truco de Mannarino, Rafa encontró la krtyponita con un golpe inesperado en la ofensiva como el revés cortado, pero que fue más útil que ninguno debido al traspaso de poderes en lo que conlleva a fuerza. Adrian pasó de aprovecharse de Nadal a tener que aportar él la potencia con golpes por debajo de la red y ahí cambió el partido.

Rafa neutraliza la magia de Mannarino

El galo, además, sufrió un problema en la ingle en el tie-break que comenzaría a mermarle para lo restante del partido. Nadal, infranqueable a partir de la consecución del set, logró el break esperado de inicio en un segundo set diametralmente opuesto a lo visto en su predecesor. La derecha de Rafa volvía a responder y se sumaba a un revés de notable alto que mandaba el encuentro, de nuevo, a unos ritmos normales y consecuentes con las predicciones.

Mannarino, cada vez con menor movilidad por el combo cansancio-lesión, pedía a gritos la presencia del fisio para tratar de continuar en el encuentro. Tras su llegada y en una intentona por regresar al 100%, se encontraba con un nuevo servicio al bolsillo de Nadal, que conllevaba el doble premio del segundo set, cerrado en 6-2.

Todo estaba bajo control, por fin, para Nadal, y en el tercer set la competitividad de Mannarino prosiguió por los mismos lares que en el anterior. Sin un nivel top en lo físico era imposible competir con el manacorense y así dejó el partido expuesto a una absoluta inspiración en sus golpes que ya no le acompañaba. Rafa volvió a sumar otro break y aumentó la ventaja con un segundo que, sin llegar a su máximo nivel, le otorgaba el pase a los cuartos de final, los decimocuartos en su carrera, en el Open de Australia.

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