El calor y el apretado calendario, principales preocupaciones

Las consecuencias de acabar la Liga en verano

Terminar la temporada 2019-2020 en verano arrastrará consecuencias hasta el final del próximo curso. El calor al que se verán sometidos los jugadores, la falta de descanso durante los próximos 15 meses y un calendario más apretado de lo habitual son los principales enemigos tras el retome de la competición

Las consecuencias de acabar la Liga en verano
Morales, bebiendo agua durante una pausa de hidratación (Getty).

La temporada 2019-2020 se aplaza, pero acabará. La Liga está decidida a jugar las 11 jornadas que quedan para llegar al final entre junio y julio. Cuentan además con el respaldo de la UEFA, que también está en predisposición de que la Champions League y la Europa League concluyan con éxito una vez se supere la crisis provocada por el coronavirus. Aunque lo lógico es que la temporada se cierre una vez se complete, el hecho de que las ligas se alarguen una vez haya entrado el verano, se presentan varios inconvenientes.

Las consecuencias de disputar lo que queda de campeonato durante los próximos meses será un alivio para los clubes, que salvarán en parte su economía. Sin embargo, a largo plazo, terminar la temporada estando a punto de empezar la siguiente puede pasarles factura.

Falta de ritmo tras el parón

Para empezar, el parón cercano a los dos meses mermará el rendimiento de los futbolistas. La falta de ritmo para el tramo decisivo de la temporada puede ser determinante en los últimos encuentros de la Liga, privándonos de ver un espectáculo digno de un final del curso.

Por no hablar que muchos de los jugadores llegarán fuera de forma. Pese a que las distintas plantillas mantienen rutinas para ejercitarse desde su casa, es inevitable que mantengan la forma al cien por cien. Una situación que será un hándicap para sus respectivos equipos una vez se retome la competición.

Altas temperaturas

Otro factor determinante serán las temperaturas infernales que se darán durante los meses de junio y julio. Entrando en verano, los jugadores deberán exponerse a un calor sofocante tanto a la hora de entrenarse como a la de jugar, lo que condicionará sin duda el desarrollo del final de la competición. Pese a que la Liga tomará medidas para paliar el calor extremo, el rendimiento de los futbolistas no será el mismo. Las temperaturas podrían alcanzar durante las horas de mayor incidencia del sol los 40ºC.

Pausas de hidratación

Existe la posibilidad de que los equipos soliciten una pausa en cada parte siempre que las temperaturas superen los 30ºC, algo que será una constante una vez regrese la Liga. El árbitro tiene la posibilidad de parar el juego durante un máximo de tres minutos según la normativa de la RFEF, cuando se acerque la media hora de juego de cada mitad.

Este cooling break supondrá un alivio para los jugadores, que estarán sometidos a un esfuerzo superior al habitual, al tener que lidiar con un sofocante calor. Sin embargo, las pausas romperían el ritmo del partido en momentos clave en los que cualquiera de los dos equipos puede estarse jugando la vida.

Los horarios se solaparán

El calor será sin lugar a dudas el elemento a evitar. Una circunstancia que obligará a concentrar partidos en horario nocturno. Si de algo se ha preocupado Javier Tebas en los últimos años es de intentar que los partidos se solapen lo menos posible. Algo que será complicado evitar una vez que se retome la competición.

Se recomienda no celebrar partidos en horas en las que las temperaturas superen los 28 grados y la humedad sea del 70%. Por ello, en contra de los deseos de Tebas, gran parte de los partidos deberán agruparse a partir de las 19:00 horas. Con ello se evitará poner en riesgo la salud de los propios futbolistas y de los aficionados, si es que se les permite el acceso a los estadios hasta el final de la temporada.

Dos meses muy cargados

Con 11 jornadas por disputarse, la final de la Copa del Rey y el desenlace de las competiciones europeas, el calendario apunta a ser bastante apretado durante los próximos meses. La UEFA quiere dar prioridad a las competiciones domésticas para que concluyan entre los meses de junio y julio y, a partir de ahí, una vez se hayan levantado en todo el continente las restricciones, organizar el final de la Champions y la Europa League.

Esta situación provocará una carga de partidos importante. Sin saber aún cuando terminará el estado de alarma en España, una vez los equipos puedan volver a los entrenamientos, necesitarán de una minipretemporada, ocupando cerca de dos semanas del calendario. Si a eso sumamos que las condiciones físicas no serán las mismas que cuando se paró la competición, la acumulación de encuentros podría tener consecuencias negativas para los jugadores.

Sin descanso hasta julio de 2021

Las mayores consecuencias podrían verse la próxima temporada. Entre el final de una temporada y el inicio de otra suele haber una separación de entre dos meses y dos meses y medio. Sin embargo, en esta ocasión, el parón entre la 2019-20 y la 2020-21 sería de un mes en el mejor de los casos, sin descanso para los futbolistas, que apenas tendrán vacaciones y no podrán perder la forma ante el inicio inmediato del siguiente curso.

El calendario suele variar en los años impares respecto a los pares, pues la disputa de eurocopas o mundiales hacen que se adelante una semana el fin de la competición. Sin embargo, el aplazamiento de la Euro a 2021 manteniendo las mismas fechas hará que las fechas se aprieten más de lo que estaban ya en 2020.

La competición se iniciará más tarde de lo previsto y, además, habrá que acoplar las dos ventanas de selecciones que se han perdido esta temporada. A la falta de vacaciones de verano se suma una probable reducción de las de navidad. El incremento de partidos y la falta de descanso de los futbolistas les mermará físicamente de forma casi inevitable.

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