El Atlético firma una histórica humillación al Barcelona que le acerca a la final de Copa del Rey
Los rojiblancos firman un ejercicio impoluto y destrozan al equipo de Flick en una primera parte soberbia
Lookman fue decisivo y Julián Álvarez completó la goleada y cortó su sequía con un golazo
En ocasiones el fútbol va de golpes, tan simple como eso. Golpear hasta que el rival caiga y le duela tanto como para no levantarse. El Atlético asestó los puñetazos con guantes de 18 onzas a un Barcelona al que apenas dio tiempo para coger aire entre un y otro bofetón. Griezmann, Lookman -presente en todas las fotos- y Julián Álvarez -liberado de la sequía para la ocasión- se dieron el relevo para destrozar a los azulgranas y hacer sangre del tiro en el pie que se había pegado Joan García.
El Atlético de Simeone resucita -de nuevo- cada vez que le cantan el réquiem, para suerte de un Metropolitano convertido en un manicomio. ‘Bienvenidos al infierno, Barcelona’. Y cómo quema. Queda el partido de vuelta, que será en la Ciudad Condal. Ningún rojiblanco quiere oír nada de Sevilla hasta que no acabe la eliminatoria. Partido a partido, que diría el Cholo. Vaya por delante que una noche no hace una temporada, pero la de este jueves se recordará toda la temporada en el Metropolitano.
Por el fondo y las formas. Porque la entidad del rival, un Barcelona que se presentó asustando pese a que su historial en esta Copa del Rey no le había medido con un Primera hasta llegadas las semifinales y se marchó con el rabo entre las piernas. El Atlético se mueve como nadie en escenarios revueltos en los que no tiene nada que perder y mucho que ganar. La de este jueves prácticamente la última carta de su baraja para la temporada y la jugó como tal de principio a fin.
45 minutos de vendaval y otros 45 de dominio de los tiempos. Tiempo suficiente para los rojiblancos borrasen del mapa a los azulgranas con un ejercicio impoluto de presión y velocidad al contragolpe. Aunque también de gusto con la tenencia del balón. El Atlético conocía el plan a seguir para invalidar la defensa adelanta azulgrana y lo representó a la perfección con Lookman y Giuliano como brazos ejecutores. Rompían al espacio por un costado y entregaban al otro a la espera de la llegada de otro jugador.
Julián Álvarez se sumó a la fiesta del Atlético
Por ahí se desangraron al Barcelona. El Atlético fue mejor, como equipo y jugador por jugador. Todo se redujo a una carrera, a la contundencia en las áreas, a ganar las segundas jugadas, a forzar un saque de esquina… A pequeños detalles que, cuando se suman, inclinan el cómputo global a un lado u otro. En todas esas particularidades fueron mejores los rojiblancos. En meter más la pierna, en no escatimar esfuerzos y en jugar sin red. Precisamente, eso, el miedo a quedarse sin temporada en febrero, se convirtió en gasolina.
Ello y la energía de la grada, llena de convicciones pese a que su equipo le ha dado más de cal que de arena esta temporada. La serie antológica Barça-Atlético, la misma que encumbró a jugadores como Romario, Ronaldo, Pantic o Pizzi, recuperó su vigencia con un partido explosivo en el Metropolitano. Apenas habían pasado cinco minutos cuando Joan García se quedó sordo de un pie. Falló en el control y el pase de Eric García se transformó en gol. El Atlético olió sangre y fue a por más. Las puertas del manicomio estaban abiertas de par en par. Pasen y sientan.
Cada jugador mordía a su marcador, jugaban como si lo hiciera un aficionado colchonero de cuna. No dejaban espacios. El cogote de cada futbolista azulgrana tenía constantemente el aliento de uno rojiblanco. Por momentos llegaron a parecer hombres contra niños. El Atlético jugó como si no hubiera partido de vuelta. Al fin sin especular y tener la calculadora en mano. Griezmann reprodujo las desgracias azulgranas con el plan de Simeone. Balón de un costado a otro y definición a la altura de su clase.
El tercero cayó por su propio peso, de maduro. Lo encontró Lookman contra jugada made in Simeone. Esta vez del costado izquierdo al derecho. Entre medias de ambos gol, un río de ocasiones tan caudaloso como claro. El Cholo rumiaba contundencia con cada error. No era esta noche, Diego. Julián se desquitó del peso que llevaba arrastrando desde el año pasado con un golazo. El Barcelona apenas se había recuperado de un golpe cuando se llevó cuatro.
Flick movió el banquillo a la desesperada en la primera parte, pero no había ingeniero que revirtiera aquello. De los azulgranas hubo pocas noticias. Ruggeri secó a Lamine y el VAR apagó cualquier conato de reacción al anular un gol por fuera de juego tan milimétrico como polémica. Sorloth falló el quinto. ¿Quién se acuerda de ello? En la memoria quedan los cuatro puñetazos rojiblancos que noquearon al innoqueable Barcelona de Flick, que no se levantó de la lona. Se lo impidió un Atlético que tiene más de pie y medio en la final de Sevilla. Antes el partido de vuelta, dentro de tres semanas en Barcelona.