Proverbio chino del día, sobre la fuerza de voluntad: «Las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan solo deseos»

Pareciera que se trata de un ciclo sin fin: arranca un nuevo año y aparecen las famosas listas de propósitos, con agendas nuevas, mientras los gimnasios se llenan. Pocas semanas después, buena parte de esos planes ha quedado en el cajón. Justamente existe un proverbio chino muy citado al respecto, que resume en una sola línea por qué ocurre esto, y lo hace sin rodeos.
Se trata de «Las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan solo deseos». La frase aparece en recopilaciones de sabiduría oriental junto a otras sobre la paciencia, el trabajo o el aprendizaje. Su fuerza está en el contraste entre dos palabras que en el lenguaje diario se usan casi como sinónimos. Sin embargo, entre una y otra hay una distancia enorme.
¿Qué simboliza el proverbio chino «Las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan solo deseos»?
A priori, el mensaje central aquí es que desear algo no equivale a quererlo de verdad. El deseo es pasivo: se limita a imaginar un resultado y esperar a que llegue. Completamente distinta es la voluntad, que implica decidir, asumir un coste y actuar aunque falten las ganas.
Por eso el proverbio no mide a las personas por el tamaño de sus sueños, sino por su disposición a ponerse en marcha para alcanzarlos.
Ante este marco reflexivo, tampoco conviene leer «grandes almas» como una forma de superioridad moral. La expresión se refiere más bien a quien es capaz de conducir su propia vida y no se deja arrastrar por los impulsos del momento.
Del mismo modo, las almas «débiles» no son personas sin valor, sino aquellas que se quedan en la intención y delegan en la suerte o en las circunstancias lo que depende de ellas.
Una pregunta para hacerse: ¿Solo lo deseo o realmente estoy dispuesto a hacerlo?
La frase invita a una pregunta incómoda: cuántas metas de la propia lista son voluntades y cuántas son simples deseos. Una pista útil es mirar qué se ha hecho en la última semana para acercarse a ellas.
Si la respuesta es nada, probablemente se trata de una fantasía agradable, no de un objetivo, y la diferencia no está en la meta, sino en el compromiso.
Otra señal está en cómo se reacciona ante el primer obstáculo. El deseo se desinfla en cuanto aparece una dificultad, mientras que la voluntad la incluye en el plan desde el principio.
Por ejemplo, quien de verdad quiere aprender un idioma, por ejemplo, asume que habrá días sin tiempo ni energía, y aun así busca diez minutos para no romper la rutina.
Sobre la voluntad en la tradición china: de Confucio a un emperador
La idea que recoge este proverbio chino tiene raíces muy antiguas. En las Analectas, Confucio dejó escrito que «se puede arrebatar el general a un ejército, pero no la voluntad a un hombre común».
Para el pensador, que vivió hace unos 2.500 años, la determinación personal era algo que ni la fuerza ni el poder podían quitar a nadie, por humilde que fuera su posición.
Siglos después, el Libro de los Han Posteriores recogió otra expresión que hoy se usa a diario en China: yǒu zhì zhě shì jìng chéng, algo así como «quien tiene voluntad, al final lo consigue».
Según el texto, el emperador Guangwu la pronunció para elogiar al general Geng Yan, que había logrado una campaña militar que muchos daban por perdida.
Cuando las ganas se acaban: ¿Qué nos dice la psicología sobre la voluntad?
Por su parte, la ciencia le ha dado la razón a la intuición del proverbio. La psicóloga Gabriele Oettingen (Universidad de Nueva York y Universidad de Hamburgo) lleva décadas estudiando el papel de las fantasías. En una revisión firmada junto a Peter Gollwitzer, ambos explican que imaginar el éxito de forma positiva reduce el esfuerzo y, con ello, las probabilidades de lograrlo.
En este sentido, la alternativa que proponen se llama contraste mental: combinar el deseo con una visión realista de los obstáculos.
Inclusive, Gollwitzer y Paschal Sheeran fueron un paso más allá en un metaanálisis publicado en Advances in Experimental Social Psychology, que reunió 94 pruebas independientes. Concluyeron que los planes del tipo «si ocurre X, haré Y» mejoran de forma notable el cumplimiento de metas.
Posteriormente, Oettingen convirtió estas ideas en un método de cuatro pasos conocido como WOOP (deseo, resultado, obstáculo y plan, por sus siglas en inglés).
Según sus estudios, quienes lo aplican se muestran más motivados para dejar de fumar, perder peso o mejorar sus notas, y los efectos se mantienen hasta dos años en algunos casos.
La clave, según la investigadora (y hay que tomar nota aquí), está en nombrar el obstáculo interno (la pereza, el miedo o la distracción) antes de que aparezca.