Alerta por estafas en restaurantes: la tendencia que no conocíamos y podría acabar con muchos restaurantes
Los restaurantes hacen frente una nueva estafa que tiene que ver con el uso de la IA
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Cada vez que surge una nueva herramienta tecnológica, aparece también una forma inesperada de usarla para sacar ventaja. La hostelería lo sabe bien. Durante años ha lidiado con comensales que no se presentan a una reserva, con valoraciones injustas o con reclamaciones imposibles de verificar. Pero lo que está ocurriendo ahora va un paso más allá. El auge de la Inteligencia Artificial ha abierto la puerta a un tipo de fraude en los restaurantes que hasta hace poco nadie imaginaba y que, según alertan varias plataformas de comida a domicilio, está creciendo sin freno.
El punto de partida es sencillo: un cliente pide un plato, lo recibe y, poco después, envía una fotografía asegurando que la comida llegó en mal estado. Hasta aquí, nada extraño aunque lo cierto es que la estafa comienza cuando esa imagen no refleja lo que realmente llegó a casa, sino una manipulación generada con IA. Según recoge New York Post, el número de reclamaciones falsas con imágenes manipuladas ha aumentado de forma llamativa en los últimos años, y ya preocupa tanto a restaurantes como a repartidores. Detrás de esta práctica hay un detalle clave y es la facilidad con la que cualquiera puede modificar una foto con herramientas gratuitas. Bastan unas pocas palabras para convertir un filete perfecto en una pieza cruda, o para añadir manchas oscuras que simulen que el pedido está en mal estado. Y con la imagen ya alterada, el cliente envía su queja y la plataforma, siguiendo sus protocolos habituales, y logra un reembolso o un segundo plato sin mayor investigación.
El nuevo fraude que llega a los restaurantes
Las aplicaciones de IA que generan imágenes se han popularizado hasta tal punto que muchos usuarios experimentan con ellas a diario. No hace falta experiencia previa. Las plataformas lo hacen casi todo solas. Y en este escenario han aparecido perfiles que utilizan esos generadores para simular defectos en un pedido recién entregado. A veces basta con pedir que la carne «parezca cruda», o que «la pizza tenga moho», y la herramienta construye una versión totalmente creíble de ese supuesto problema.
Lo más llamativo es que algunos de estos estafadores comparten sus «logros» en redes sociales. Exponen sus trucos, enseñan capturas del proceso y presumen de haber conseguido comida gratis con apenas un par de minutos de edición. Ese comportamiento, además de extender la práctica, revela otro fenómeno preocupante: la pérdida del miedo a ser descubiertos. Muchas veces ni siquiera intentan disimular cómo lo han hecho.
Un daño económico que se acumula y un sistema de reclamaciones que no estaba preparado para esto
Para los restaurantes, cada reembolso implica una pérdida directa. Y cuando esto se repite una y otra vez, el impacto se convierte en un problema serio para negocios que ya operan con márgenes estrechos. Y no sólo está la cuestión económica: también quedan las valoraciones negativas asociadas a la reclamación, aunque la imagen que la motivó fuera completamente falsa.
Las plataformas de delivery, por su parte, intentan actuar con rapidez para no perjudicar a los clientes legítimos. Pero ese sistema de confianza, que funciona bien en situaciones normales, se convierte en un punto débil ante un tipo de manipulación tan sofisticada. Las pruebas visuales que antes eran determinantes ahora pueden estar alteradas sin que nadie lo note a simple vista. Y lo peor de todo es que como decimos, no hace falta ser un experto para lograr el objetivo. Basta con darle una buena instrucción o prompt a la IA de edición de fotos para que el resultado sea del todo creíble.
El gran reto: distinguir lo real de lo artificial
Los desarrolladores de IA trabajan en herramientas que añadan señales, pequeñas marcas o rastros para identificar cuándo una imagen ha sido generada o editada. El problema es que esos indicadores no siempre permanecen en la versión final o pueden eliminarse con un editor básico. Y mientras tanto, los restaurantes siguen recibiendo reclamaciones que en la mayoría de casos son imposibles de verificar.
La situación deja al descubierto un dilema que va más allá de la hostelería. Si una foto ya no es prueba suficiente, ¿cómo se gestiona una reclamación? ¿Cómo se demuestra la autenticidad de algo que, a simple vista, parece real? Este debate no tiene una solución inmediata, y eso explica por qué tantos negocios están alarmados.
Lo que está claro es que esta tendencia no es anecdótica ni un simple truco aislado. Es una señal de cómo un uso malintencionado de la tecnología puede crear problemas reales en sectores muy vulnerables. Y si no se actúa pronto, muchos restaurantes podrían verse atrapados en una dinámica difícil de sostener. Además, al final la tendencia puede ser también perjudicial para los propios clientes ya que si proliferan este tipo de estafas, puede que los restaurantes pongan más complicado el reclamar y cuando realmente suceda algo grave con la comida que hayamos pedido, podríamos ver como no se nos toma en serio.
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