Las abuelas cocineras en España coinciden sin fisuras: «Para que un huevo frito no se pegue el mejor truco es echar la sal en la sartén antes que el aceite»
El huevo frito parece una de las elaboraciones más sencillas de la cocina española, pero conseguir una clara bien hecha, una yema líquida y una sartén sin salpicaduras tiene sus pequeños trucos.
Uno de ellos recupera un consejo tradicional: poner una pizca de sal en la sartén caliente antes de añadir el aceite.
El truco para que el huevo frito no se pegue empieza antes de echar el aceite
El secreto de este método está en preparar la sartén antes de incorporar el huevo. Primero hay que calentarla y, cuando alcance una temperatura adecuada, espolvorear una pequeña cantidad de sal sobre la superficie.
Después se añade el aceite. No hace falta cubrir por completo el fondo ni utilizar una cantidad abundante de grasa. Una vez que el aceite está caliente, es el momento de incorporar el huevo con cuidado.
Esta técnica busca evitar dos de los inconvenientes más habituales al freír un huevo: que la clara se adhiera a la sartén y que el aceite salpique al entrar en contacto con la humedad del alimento.
¿Cuánta sal hay que poner en la sartén?
Según explica la abuela Maximiliana en la cuenta de TikTok (@maximiliana.es), una de las claves del truco está precisamente en no excederse. Basta con una pequeña cantidad de sal, distribuida sobre la sartén caliente. El objetivo no consiste en salar el plato antes de tiempo ni en cubrir la superficie con una capa de sal.
Este truco forma parte de esos consejos domésticos que se han transmitido durante generaciones y que buscan resolver con un ingrediente cotidiano un problema frecuente en la cocina.
El mismo procedimiento también pretende reducir las salpicaduras durante la fritura. Cuando el agua presente en los alimentos entra en contacto con aceite a elevada temperatura, puede producirse una reacción que provoca las conocidas gotas de grasa caliente.
¿Qué beneficios nutricionales tiene el huevo?
Este alimento destaca por su elevada densidad nutricional y por aportar una combinación amplia de proteínas, grasas, vitaminas y minerales. Según el Instituto de Estudios del Huevo, dos huevos medianos, equivalentes a unos 100 gramos de parte comestible, aportan alrededor de 141 kilocalorías y 12,7 gramos de proteínas. Estas proteínas contienen todos los aminoácidos esenciales y presentan una elevada calidad nutricional.
La clara concentra principalmente agua y proteínas, mientras que la yema reúne buena parte de las grasas y de los micronutrientes. Entre estos últimos destacan las vitaminas A, D, E y K, además de vitaminas del grupo B, como la B12, y nutrientes como la colina. Esta última se encuentra especialmente concentrada en la yema y participa en distintas funciones del organismo.
El huevo también proporciona minerales de interés, entre ellos fósforo, hierro, zinc y selenio. El Instituto de Estudios del Huevo señala que dos huevos aportan aproximadamente el 31% de las necesidades diarias de fósforo, el 20% de zinc y el 18% de selenio para un adulto.
Otro aspecto relevante es su composición grasa. Por cada 100 gramos, el huevo contiene unos 9,7 gramos de grasa, de los que una parte importante corresponde a ácidos grasos insaturados. Además, aporta cantidades muy pequeñas de hidratos de carbono y no contiene fibra alimentaria.