Votar PSOE condenaría a Baleares a la banalidad
Las elecciones de Extremadura y Aragón inevitablemente son objeto de ir pensando en comparaciones o si se quiere, citando a Leonard Cohen poeta, invitar a comparar mitologías y en ésas, me repito: hoy votar socialista es condenar Baleares a la banalidad. Empecemos con el palabro en cuestión a partir del cual estaríamos hablando de insignificancia, intrascendencia, algo trivial, incluso convertirnos en una nadería.
Después de esos 16 años, con el PSIB-PSOE liderando la gobernanza autonómica en Baleares, con la complicidad de Francesc Antich, y no digamos Francina Armengol, se han ido a la nada absoluta valores de identidad que históricamente estaban ahí.
En las dos convocatorias mencionadas, el antiguo PSOE se ha escurrido en las cloacas de la historia por méritos propios e identificados en la figura de un dictadorzuelo Pedro Sánchez, que, aquí y ahora, tiene en la tal Francina Armengol su títere-peluche de conveniencia e incomprensiblemente activo. Hasta el punto de que podría ser su virginal candidata el año 2027.
Hablando de virginal propuesta, en el caso de Francina Armengol nada es ajeno a la defenestración de la cúpula histórica del PSIB-PSOE arrinconada por el nefasto secretario general Joan March, abriendo la puerta al ocaso de la vieja guardia socialdemócrata para dar paso al socialismo y autonomía que fue el proceso de vender el socialismo a la identidad nacionalista. Algo parecido a lo que está ocurriendo en Cataluña con el nefasto PSC-PSOE.
¿Por qué me refiero a la banalidad? Porque los pasos que han ido dando, tanto Antich como Armengol, han alimentado el nacionalismo en las carnes del PSM, ahora Més, que ven en Cataluña la madre patria, en lugar de poner en valor nuestro propio pasado como Reino privativo que un tiempo fue, el singular hecho histórico que nos diferencia y mucho del continente ibérico.
Los resultados electorales en Extremadura y Aragón ponen de manifiesto que la izquierda wokista -el sanchismo- retrocede sin compasión alguna y en ésas todo parece indicar que PP y Vox se muestran incapaces de llegar a los necesarios acuerdos de gobierno. Malo, con el agravante de que puede no puede haber comparación alguna, puesto que hablamos de comunidades monolingües siendo la nuestra bilingüe, con el agravante de la inmersión y aquí entramos en parte de las discordias en juego, puesto que el PP sí está, parece ser, homologado a la tesis de la izquierda nacionalista en cuestión de idioma y en claro conflicto con principios constitucionales y estatutarios.
Aquí, en parte, es donde entra en juego Vox, ese mal de cabeza en Aragón y en Extremadura al parecer, si bien por razones distintas. Quiero pensar en la distancia entre PP y Vox aquí, como consecuencia de pérdida de valores de los primeros, que permanentemente les recuerdan sus primos hermanos, al levantar la bandera del bilingüismo que no es asunto facha, sino legal. No hay mayor equivalencia con esos territorios puesto que en Baleares hay una batalla que librar y es la conquista de un derecho constitucional.
Sin menospreciar, por supuesto, la mala salud de hierro de los votantes que siguen apostando por el socialismo en Baleares, tantos, como 156.000; algo más, probablemente, de cara al 2027. Esta gente no cambia por casualidad. Vencerles en las urnas, desde la complicidad de la derecha en su conjunto, es la clave para que la banalidad no acabe con nuestra identidad. Porque el Reino privativo de Mallorca molesta a Cataluña en su propósito de acabar con las diferencias, ciertas, que ponen en riesgo los falsos Països Catalans.
Es un profundo drama que nuestra comunidad universitaria esté en ello sin apreciar nuestra singularidad, que es propia de la pluralidad de todos esos territorios que conforman una envidiable España cargada de matices.
El resto es gestión y la izquierda balear, en 16 años, ha demostrado su incapacidad para invertir en nuestra prosperidad como pueblo; algo en lo que deberían pensar los dirigentes de PP y Vox, al margen de prejuicios. El análisis de lo ocurrido en Extremadura y Aragón es apenas aplicable en las Islas Baleares, si los líderes del PP y Vox se muestran incapaces de llegar a los acuerdos imprescindibles para que Baleares no caiga en la banalidad.