El Papa visita Lesbos y se lleva a 12 refugiados al Vaticano

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El Papa pidió este sábado al mundo que responda «de modo digno» a la crisis migratoria durante una visita a la isla griega de Lesbos, de donde se llevó a un grupo de doce refugiados sirios de religión musulmana al Vaticano.

«El Papa ha querido dar un signo de acogida a los refugiados acompañando a Roma en su mismo avión a tres familias de refugiados, doce personas, de las cuales seis son menores de edad», indicó el padre Federico Lombardi, quien precisó que la iniciativa fue tomada con el permiso de las autoridades competentes. Los refugiados se encontraban en los campos de acogida de Lesbos antes del acuerdo entre la Unión Europea y Turquía.

«La acogida y la manutención de las tres familias correrá a cargo del Vaticano. La hospitalidad inicial estará garantizada por la Comunidad de San Egidio», organización católica italiana, precisó el portavoz del pontífice, que quiso dar así el ejemplo al dar acogida al grupo de sirios musulmanes.

Dos de las tres familias provienen de Damasco y una de Deir Azzor, en la zona ocupada por la organización yihadista Estado Islámico. «Sus hogares han sido bombardeados», aseguró Lombardi.

Desde el inicio de su pontificado en 2013, Francisco se ha comprometido con dar ayuda a los migrantes y refugiados y pidió a las parroquias de toda Europa que abran sus puertas a las familias de todos aquellos que han tenido que huir por el hambre y las guerras de sus países.

El Papa argentino, que estuvo unas cinco horas en Lesbos, escuchó los testimonios de numerosos refugiados en el campo de Moria, donde se hacinan 3.000 refugiados que huyen de la guerra.

Desde Lesbos, el Papa pidió al mundo que responda de forma «digna» para resolver lo que calificó como la «catástrofe humanitaria más grave después de la Segunda Guerra Mundial».

Francisco acudió al centro de registro de Moria donde están confinados unos 3.000 migrantes que pueden ser expulsados a Turquía y a sus países de origen por haber llegado después del 20 de marzo, en virtud de un acuerdo entre Ankara y la Unión Europea.

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«Quiero deciros que no estáis solos (…) ¡No perdáis la esperanza!», afirmó. «Esperamos que el mundo preste atención a estas situaciones de necesidad trágica y verdaderamente desesperadas, y responda de un modo digno de nuestra humanidad común», insistió.

«Ojalá que todos nuestros hermanos y hermanas en este continente, como el buen samaritano, vengan a ayudaros con aquel espíritu de fraternidad, solidaridad y respeto por la dignidad humana, que los ha distinguido a lo largo de la historia», añadió en un reproche implícito a la intención de las autoridades europeas de expulsar a los migrantes.

Francisco, acompañado por el patriarca ortodoxo de Constantinopla Bartolomé y el arzobispo de Atenas Jerónimo, pasó una hora con ellos, estrechando cientos de manos, bendiciéndolos, escuchando un coro de adolescentes y recibiendo dibujos pintados por niños que fue dando a sus asesores indicándoles con un gesto que serán exhibidos.

«Freedom» (libertad) gritaban los migrantes, que lo recibieron con pancartas en las que se leía «Help» (ayúdennos). «Bendígame», le dijo llorando un migrante arrodillándose a sus pies.

«Los que tienen miedo de vosotros es porque no os han mirado a los ojos (…) no han visto a vuestros hijos», les dijo el patriarca de Constantinopla. «El mundo será juzgado por la forma en la que os trate».

Antes de almorzar con un grupo de refugiados en el interior del campamento, los tres prelados firmaron una declaración común en la que piden al mundo que «responda con valentía afrontando esta crisis humanitaria masiva».

Los refugiados de Moria viven en condiciones terribles, según las oenegés, desde que Europa endureció las medidas frente al éxodo iniciado en 2015 de cientos de miles de personas que huyen de la guerra y la miseria.

Un endurecimiento marcado sobre todo por el cierre de la ruta de los Balcanes y el acuerdo entre la UE y Turquía.

En Lesbos, puerta de entrada de los migrantes en Europa, el Papa insiste en la necesidad de acogida y caridad con los que huyen de la guerra y la miseria. Un mensaje que ha repetido hasta la saciedad sin que acabe de calar en Europa, ni siquiera entre todos los católicos.

En el avión, el pontífice confesó a los periodistas que iba a ser un viaje marcado «por la tristeza».

«Vamos a ver a tanta gente que sufre, que huye y que no sabe adónde ir. Y vamos también a un cementerio, el mar. Hay tanta gente que nunca llegó», declaró.

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