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Diez minutos respirando humo de tráfico: «Así cambió mi sangre en el laboratorio»

La evidencia científica vincula la exposición continuada a aire contaminado con infartos, ictus, cáncer de pulmón

Diez minutos respirando humo de tráfico: «Así cambió mi sangre en el laboratorio»
Dos personas respiran la contaminación en una ciudad.
Diego Buenosvinos

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Un experimento inédito difundido ha puesto imágenes concretas a un problema invisible: la contaminación del aire no sólo se respira, sino que llega a la sangre en cuestión de minutos. El científico James Gallagher se sometió a una breve exposición al tráfico intenso de Londres para observar después, al microscopio, cómo pequeñas partículas negras procedentes de la polución se adherían a sus glóbulos rojos.

La experiencia consistió en permanecer diez minutos junto a una avenida con varios carriles de circulación, respirando el aire contaminado típico de un entorno urbano denso. Poco después, en el laboratorio, los investigadores analizaron su sangre y detectaron partículas finas (PM2.5) que habían atravesado los pulmones y penetrado en el torrente sanguíneo, una evidencia directa del impacto inmediato de la polución sobre el organismo.

La contaminación que viaja por el organismo

Las partículas PM2.5 —fragmentos microscópicos de carbono y compuestos químicos procedentes del tráfico, frenos o neumáticos— son lo suficientemente pequeñas para atravesar las barreras pulmonares y circular por la sangre. En el análisis, los científicos observaron diminutos puntos negros adheridos a los glóbulos rojos: contaminación visible dentro del cuerpo humano.

Aunque la proporción pueda parecer pequeña —uno de cada varios miles de glóbulos rojos—, extrapolado al volumen total de sangre de un adulto, supone millones de células transportando contaminantes por el organismo. Esto ayuda a explicar por qué la contaminación atmosférica no solo afecta a los pulmones, sino que está relacionada con múltiples enfermedades sistémicas.

De los pulmones a órganos vitales

Los expertos que participaron en el experimento subrayan que estas partículas no se exhalan fácilmente. Parte puede eliminarse a través de los riñones, pero otra se desplaza por los vasos sanguíneos y puede depositarse en distintos órganos, incluidos cerebro, corazón o placenta. Este mecanismo contribuye a procesos inflamatorios crónicos que dañan tejidos y vasos sanguíneos.

La evidencia científica vincula la exposición continuada a aire contaminado con infartos, ictus, cáncer de pulmón, demencia o alteraciones en el desarrollo fetal. La inflamación persistente provocada por estas partículas se considera uno de los principales mecanismos biológicos que explican esos riesgos.

Un problema global de salud pública

El reportaje recuerda que la contaminación del aire es un problema masivo: la Organización Mundial de la Salud estima que el 99% de la población mundial respira aire contaminado y que esta exposición provoca millones de muertes prematuras cada año. En Reino Unido, se calcula que unas 30.000 muertes anuales están relacionadas con la mala calidad del aire.

Además, la investigación muestra que los niveles de partículas en sangre pueden disminuir al cabo de unas horas respirando aire limpio, lo que confirma que la exposición tiene efectos inmediatos, pero también potencialmente reversibles si se reduce el contacto con ambientes contaminados.

Un mensaje claro: la solución es colectiva

Más allá del impacto individual, el reportaje de la BBC insiste en que la contaminación del aire no es solo un problema personal sino estructural. Los especialistas recomiendan medidas para reducir la exposición —evitar calles muy transitadas o aumentar la distancia respecto al tráfico—, pero advierten que la solución real pasa por políticas públicas que limiten las emisiones y mejoren la calidad del aire urbano.

El experimento deja una conclusión inquietante: bastaron diez minutos respirando aire urbano para demostrar que la contaminación puede infiltrarse en la sangre y recorrer el organismo. Un recordatorio tangible de que la polución, aunque invisible, actúa en silencio dentro del cuerpo humano.

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