Pasta y Pizza

Musaka

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Hablar de la musaka o moussaka es hacer una clara referencia a la cultura gastronómica griega, ¿pero sabíais que este plato tiene un origen árabe?

Pese a que se desconoce la historia concreta de su procedencia, al parecer la musaka se basaba en una tradicional receta que databa del siglo XIII y que recibía el nombre de maghmuma. Ésta última, que era cocinada por los griegos, no incluía entre sus ingredientes la berenjena, siendo los árabes los que se la dieron a conocer.

Al introducir este alimento en su receta, los griegos comprobaron que el plato quedaba mucho más apetitoso y sabroso, y no dudaron en convertir en permanente dicha elaboración.

Su éxito no quedó oculto y comenzó a extenderse a diversos países gracias a los miles de viajeros que visitaban los distintos destinos de Grecia. Fama que persiste en nuestros días gracias a las distintas variaciones que este plato fue adoptando en cada sitio al que llegaba.

Y es que la musaka, que guarda un cierto parecido con la lasaña (pero sin llevar pasta), es una de esas recetas a tener muy en cuenta por diversas razones y, porque además, es una deliciosa manera de consumir verdura.

Pese a que el plato original lleva carne de cordero, nosotros hemos optado por preparar la receta más común y a la que todos estamos acostumbrados; la que contiene carne picada de ternera.

¿Deseando probar esta riquísima Musaka?

Ingredientes:

  • 2 berenjenas
  • 350 g de carne picada de ternera
  • 1 cebolla pequeña
  • 2 tomates medianos
  • ½ vaso de vino blanco
  • 20 g de pan rallado (opcional)
  • Perejil fresco
  • 1 diente de ajo
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta negra molida
  • Queso rallado

Para la bechamel:

  • 25g de harina
  • 25 g de mantequilla
  • ½ l de leche
  • Aceite de oliva

Elaboración:

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Empezaremos con las berenjenas. Las lavaremos bien y las cortamos en rodajas de unos 4-6 mm de grosor. Tened en cuenta que serán las que soporten el peso del resto de ingredientes que incorporemos, así que procurad no hacerlas demasiado finas para que no acaben rompiéndose.

Las colocaremos en una fuente o plato ancho, echamos una buena cantidad de sal por encima y dejamos que reposen entre 30 y 40 minutos. De esta forma eliminarán parte de su agua y no resultarán tan amargas.

Una vez transcurrido ese tiempo, las lavamos bien con agua fría y las iremos secando con papel de cocina o papel absorbente. Recomendación: A la hora de hacer esto último, no presionéis demasiado la berenjena, bastará con dar pequeños golpecitos con el papel sobre cada una de las rodajas.

Llegados a este punto podréis cocinarlas bien a la sartén o bien al horno. Nosotros, esta vez nos hemos decantado por la primera opción.

Para ello, pondremos muy poquito aceite de oliva (un chorrito de nada) en una sartén. Una vez esté caliente, añadiremos las berenjenas y las mantenemos hasta que empiecen a dorarse. En ese momento, las sacaremos y las pondremos, nuevamente, sobre papel de cocina para eliminar el exceso de aceite que puedan tener. Reservamos.

Para pelar los tomates los escaldaremos primero. Se trata de una técnica sencilla que consiste en realizar un corte en cruz en la parte inferior de cada tomate, meterlos en agua hirviendo y sacarlos en el siguiente hervor cuando esas puntas de la piel comiencen a levantarse para sacarlos.

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Esperamos a que se enfríen un poco, los pelamos y cortamos en trozos. Reservamos.

Pelamos el ajo y la cebolla y picamos.

En un cazo grande pondremos un poquito de aceite de oliva y añadiremos la cebolla y el ajo. Mientras se van pochando, picamos el perejil y se lo agregamos a la carne picada. Una vez quede bien integrado, echamos el pan rallado, salpimentamos y dejaremos que repose alrededor de 1 minuto.

Cuando la cebolla esté transparente incorporaremos la carne. Sugerencia: Aunque en la mayoría de recetas se use la de ternera, podéis sustituir ésta por la de cordero.

Sofreímos durante unos minutos y añadimos el tomate. Removemos bien y echamos el vino blanco. Dejamos que reduzca hasta que la salsa espese.

Precalentamos el horno a 180 grados.

Mientras nos pondremos con la bechamel. Y aunque está claro que cada uno tiene su truquillo para preparar esta salsa (que mira que es sencilla y mira que da guerra), os recomendamos que la leche esté a temperatura ambiente para evitar que se formen grumos.

Echamos el aceite y la mantequilla en una sartén y esperamos a que ésta última se funda. No pongáis el fuego muy alto porque se quemará enseguida. Una vez derretida, añadimos la harina y removemos bien. Vamos incorporando poco a poco la leche hasta que vaya espesando. La cantidad que empleemos dependerá de la textura que deseemos que tenga la bechamel.

Cuando esté lista podremos empezar a montar el plato. En una fuente colocaremos en primer lugar (como base) una capa de berenjenas, sobre ésta echamos una parte de la carne, encima un poco de bechamel y repetimos el proceso una vez más, procurando poner una buena cantidad de bechamel en esta segunda ronda.

Finalmente añadimos el queso por encima y metemos en el horno unos 20 minutos, empleando los últimos 5 para gratinar.

¡Y ya tendremos lista nuestra musaka!

Sugerencia: En algunos sitios esta receta se elabora con una base o capa de patata, el resultado es algo menos ligero pero está buenísimo también.

 

Resumen
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Receta
Musaka
Fecha
Valoración
51star1star1star1star1star Based on 1 Review(s)

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