Desafío secesionista

Felipe VI lanza un mensaje necesario

Felipe VI lanza un mensaje necesario

Firmeza y contundencia del Rey ante el desafío independentista catalán, de quienes se sitúan fuera de la legalidad marcada por la Carta Magna. Sin amenazas pero con absoluta claridad y fuerza moral, el jefe del Estado ha dirigido un mensaje a los ciudadanos españoles de confianza absoluta en las instituciones que fueron creadas durante la Transición para garantizar y proteger los derechos y las libertades de todos los que habitan en el Estado español.

Las palabras de Felipe VI, que se ha pronunciado por primera vez en público sobre el reto de los partidarios de la secesión de Cataluña, han sido oportunas y muy esperadas. Ante el desasosiego, la incertidumbre, la confusión y la ansiedad que se han instalado en el ánimo de la ciudadanía, al ver cómo los responsables de una Comunidad histórica como la catalana se sitúan fuera de la ley, la intervención de Felipe VI ha sido una muestra de sensibilidad que sin duda no caerá en saco roto de los que no quieren que se quiebre la convivencia democrática.

El monarca ha usado mucho en su intervención la palabra libertad, una aspiración que costó tanto alcanzar después de incontables esfuerzos y sacrificios de todos. También ha usado el término legalidad, fuera de la cual no se pueden tomar decisiones sin que haya consecuencias. Y por supuesto, Constitución, que es la garantía primera y última de todos los logros conseguidos en las cuatro décadas de convivencia pacífica de los ciudadanos españoles. Lo que hoy ha hecho el monarca es reiterar el firme compromiso que adquirió el día de su proclamación como Rey de España, asumir su total responsabilidad como jefe del Estado a la hora de defender los derechos de todos los habitantes de los pueblos, ciudades y comunidades que conforman el Estado español.

Don Felipe ha reafirmado su intención de dejarse la piel para que la Constitución prevalezca por encima de cualquier veleidad independentista que quiera romper la convivencia democrática que seguirá siendo la base de la vida en común de los ciudadanos españoles. Eso es lo él ha entendido como obligación de su cargo de primera autoridad del país pero sin capacidad para tomar decisiones políticas. Esa es su forma de ejercer su atribución de arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones. Pero, eso sí, muy consciente de que él es el símbolo de la unidad y permanencia del Estado español.

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