Ni el pez ni la serpiente: éste es el único animal conocido que su ojo es más grande que su cerebro

El avestruz es una de las especies más fascinantes del reino animal. Conocida por ser el ave terrestre más grande del mundo, ya que puede alcanzar los 2,4 metros de altura y los 135 kilos de peso, tiene una serie de características físicas que sorprenden a los científicos. Una de las más destacadas es que el ojo de este animal es más grande que su cerebro; es más, el órgano cerebral pesa menos que un solo ojo, cuyo tamaño es comparable al de una bola de billar.
Habita principalmente en las sabanas y zonas semiáridas de África y, a diferencia de la mayoría de aves, no puede volar. Si bien es cierto que sus antepasados tenían esa capacidad, con el paso del tiempo la especie evolucionó hacia un estilo de vida 100% terrestre. Actualmente, es uno de los animales bípedos más rápidos del mundo gracias a sus patas fuertes y largas, que le permiten alcanzar velocidades de hasta 70 kilómetros por hora en tramos cortos.
El ojo de este animal es más grande que su cerebro
El hecho de que los ojos del avestruz sean tan grandes no es fruto del azar, sino que se trata de una adaptación evolutiva para sobrevivir en la sabana africana. Aquí los refugios escasean, y poder ver a un depredador a gran distancia puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. En este contexto, el avestruz puede detectar movimientos lejanos y diferenciar formas a cientos de metros gracias a su agudeza visual.
Pero, ¿cómo puede procesar tanta información visual un animal con un cerebro relativamente pequeño? El órgano cerebral del avestruz es diminuto y, aunque no siempre se puede asociar el tamaño del cerebro con la inteligencia, esta especie tiene una capacidad cognitiva limitada.
Los científicos han observado algunos comportamientos en esta especie que le han valido la fama de «ave poco inteligente». Por ejemplo, cuando detectan la presencia de un depredador, a veces empiezan a correr en círculos en lugar de huir. Sin embargo, los expertos señalan que esta conducta no se debe interpretar necesariamente como «torpeza»; en muchos casos es una respuesta instintiva para confundir a los depredadores o ganar tiempo hasta encontrar la mejor manera de escapar.
Capacidad de volar
El artículo «Phylogenomic evidence for multiple losses of flight in ratite birds», publicado en 2008 en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), es uno de los estudios más influyentes en la biología evolutiva de las aves modernas. Durante más de un siglo, las ratites (aves de gran tamaño e incapaces de volar como el avestruz, el emú, el ñandú, el casuario y el kiwi) habían sido consideradas un grupo monofilético, es decir, descendientes de un único antepasado común que perdió la capacidad de vuelo una sola vez. Esta idea estaba estrechamente ligada a la teoría de la deriva continental y a la fragmentación del supercontinente Gondwana, que explicaba su distribución actual en el hemisferio sur.
El estudio liderado por John Harshman y colaboradores desafía de forma contundente esta visión clásica. Utilizando un enfoque filogenómico basado en el análisis de 20 genes nucleares no relacionados entre sí, los autores obtuvieron una señal evolutiva clara y consistente a escala genómica. Sus resultados muestran que las ratites no constituyen un grupo monofilético, sino polifilético, ya que las aves voladoras conocidas como tinamúes aparecen filogenéticamente incrustadas dentro del grupo de las ratites. Este hallazgo implica que la pérdida del vuelo no ocurrió una sola vez, sino en múltiples ocasiones independientes a lo largo de la evolución.
Desde un punto de vista evolutivo, la presencia de tinamúes voladores dentro del árbol filogenético de las ratites obliga a aceptar que el vuelo se perdió al menos tres veces de forma independiente, concretamente en las líneas que dieron lugar a los avestruces, los ñandúes y las ratites australasianas. de esta capacidad no tiene precedentes conocidos. El estudio sugiere que los antepasados de estos grupos eran aves voladoras con capacidad de dispersarse entre continentes, y que la pérdida del vuelo ocurrió posteriormente como resultado de presiones ecológicas, dando lugar a evolución paralela y convergencia morfológica.
Datos curiosos
Respecto a su comportamiento social, los avestruces suelen vivir en grupos formados por varios machos y hembras. Durante la época de reproducción, realizan rituales de cortejo en los que el macho despliega sus alas y emite sonidos para atraer a las hembras. La especie es polígama y, dentro del grupo, suele haber una hembra dominante.
Otra curiosidad interesante es el tamaño de sus huevos. Un huevo de avestruz puede pesar entre uno y dos kilos, y la cáscara es extremadamente resistente. En cuanto a la alimentación, esta ave es omnívora y, para facilitar la digestión, traga pequeñas piedras que permanecen en su estómago y ayudan a triturar los alimentos.
Finalmente, este animal cuyo ojo es más grande que su cerebro tiene una esperanza de vida que puede llegar hasta los 60 o 70 años, especialmente en cautividad.
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