Abono Transporte Madrid

Adiós a la tarjeta roja del Abono Transporte en Madrid: el cambio que afecta a estos viajeros

Adiós a la tarjeta roja del Abono Transporte en Madrid: el cambio que afecta a estos viajeros
Blanca Espada

En Madrid como en cualquier otra gran ciudad, el transporte público es algo esencial , sobre todo el metro. Y más si tenemos en cuenta que el de la capital es el que más millones de pasajeros tiene en España. Por ello, cuando se produce un cambio como el que ahora viene, con respecto al Abono de Transporte en Madrid, es importante estar atentos y ver qué va a pasar a partir de ahora con esa tarjeta roja que todos conocemos bien.

Durante años la tarjeta roja del abono transporte no ha faltado en la cartera o tarjetero de aquellos que día a día se mueven con el metro, cercanías o autobuses de Madrid, pero ahora, el futuro de esa tarjeta roja del Abono Transporte parece que cambia radicalmente y de hecho, podría tener fecha de caducidad en su formato físico. No mañana, ni pasado, pero sí en un futuro no muy lejano que ya está encima de la mesa del Consorcio de Transportes.

Adiós a la tarjeta roja del Abono Transporte en Madrid

La Comunidad de Madrid lleva tiempo dándole vueltas a un sistema que permita llevar el abono en el teléfono móvil. Una idea parecida a lo que ya hacemos cuando pagamos con la tarjeta del banco desde el móvil. Se busca algo rápido, cómodo y que evite pérdidas, duplicados y renovaciones eternas. Y aunque todavía no hay una fecha oficial, el camino está marcado.

El plan es sencillo en apariencia: quien quiera pasarse al móvil podrá hacerlo. Quien prefiera conservar la tarjeta física también. Eso sí, no se podrán usar ambas cosas a la vez. En el momento en el que la tarjeta salte al móvil, no habrá vuelta atrás. Esta decisión forma parte de un proyecto más amplio de modernización que el Gobierno regional quiere desplegar por fases.

La idea general es que, con el tiempo, la tarjeta roja vaya quedando en segundo plano. No por obligación inmediata, sino porque el uso del móvil acabará imponiéndose por comodidad. Y, llegado el momento, la tarjeta física será la excepción, no la norma.

Las pruebas ya están en marcha: así funciona realmente

Aunque la sensación es que todo está en fase de proyecto, lo cierto es que la prueba ya arrancó hace meses. Unos 8.000 usuarios participaron en la primera prueba piloto: sólo  podían hacerlo quienes tuvieran un móvil Android con NFC y la aplicación Google Wallet. Los requisitos eran mínimos: Android 9.0 o superior, NFC activado y poco más. A partir de ahí, el teléfono funcionaba como una tarjeta sin más misterio.

El sistema gustó por un motivo evidente: es más difícil perder el móvil que una tarjeta de plástico. Además, cada abono queda ligado a un único dispositivo, lo que impide duplicados. Si el teléfono se pierde o se rompe, basta con bloquearlo o transferir la tarjeta digital a otro terminal.

El siguiente paso será abrirlo a Apple Wallet y, más adelante, permitir que se use con tarjetas bancarias contactless o incluso integrarlo con apps de bicicletas o patinetes. Todo encaminado hacia un modelo más global.

Un salto que no es solo digital: lo que llegará en 2027

El plan a medio plazo incluye algo aún más ambicioso: un sistema de pago inteligente que se activará en 2027. La llamada tecnología Account-Based Ticketing permitirá que el usuario pague siempre la tarifa más barata en función de los viajes que haga. Es decir, si un mes no compensa comprar un abono completo, el sistema ajustará el precio automáticamente.

Todo esto implica una inversión de 40 millones de euros, con la intención de colocar a Madrid en el club de ciudades que ya funcionan con estos sistemas: Londres, Singapur, Sídney o Estocolmo. Habrá que ver si la implantación se da tan fluida como está previsto, pero el plan está definido.

¿Quiénes notarán más el cambio?

El impacto será especialmente evidente para quienes usan el abono todos los días: estudiantes, trabajadores que entran y salen del Metro varias veces al día, usuarios de EMT o Cercanías que combinan líneas. Ellos serán los primeros en plantearse si merece la pena pasarse al móvil o esperar a ver cómo evoluciona todo.

También tendrá tirón entre quienes suelen perder la tarjeta o tienen duplicados con frecuencia. En cambio, quienes no usan smartphones compatibles o prefieren seguir con algo físico pueden notar cierta incomodidad durante la transición.

Lo único seguro es que la tarjeta roja ya no es intocable. No desaparecerá mañana, pero ha entrado en un proceso de cambio. Un proceso lento, gradual, pero irreversible.

Lo último en España

Últimas noticias