'caso fondos reservados'

Villarejo: «Soy la hostia de bueno, por eso la derecha y la izquierda me encargan las cosas más delicadas»

José Villarejo Dolores Delgado
El Comisario José Villarejo.
  • M.A. Ruiz Coll y Teresa Gómez

El comisario José Villarejo se ganó la confianza del chófer de Bárcenas, Sergio Ríos, presumiendo de que tanto los gobiernos del PP como los del PSOE le encargaban a él todos los trabajos «delicados» porque «soy la polla de bueno». El mejor en este tipo de misiones.

El policía jubilado, actualmente en prisión, explicó estos detalles en una conversación que mantuvo el 9 de octubre de 2014 con Sergio Ríos, al que Villarejo había captado como topo para averiguar dónde había escondido el ex tesorero del PP la documentación comprometedora para la cúpula del partido. La Policía encontró la grabación de este diálogo en el disco duro de un ordenador, al registrar la casa de Villarejo en la finca El Montecillo de Boadilla del Monte (Madrid), en noviembre de 2017.

Durante su encuentro con el chófer de Bárcenas, el comisario explicó así los servicios que había prestado durante tres décadas para los gobiernos de distinto signo político: «Tú tienes que pensar, macho, que yo en primer lugar soy una tumba. Y en segundo lugar, no soy bueno, soy la hostia en mi trabajo…»

«Soy la polla de bueno», insistió, «porque llevo treinta años haciéndolo y nunca he fallado, ¡nunca! Por eso las cosas más delicadas de este puto país me las encargan a mí, ya sea la izquierda, la derecha, el centro, su puta madre, que no me fío de ninguno de ellos».

Villarejo: «Soy la hostia de bueno, por eso la derecha y la izquierda me encargan las cosas más delicadas»
Extracto de la conversación entre el comisario Villarejo y el chófer de Bárcenas, Sergio Ríos.

«Sí, porque todos van a lo suyo», se mostró de acuerdo Sergio Ríos. El comisario Villarejo siguió glosando sus virtudes: «Lo has visto, voy directo, soy sincero de verdad… porque además he visto que es la única manera de funcionar en la vida, no me gusta otra forma de actuar y ya soy muy viejo para cambiar. Entonces», prosiguió, «entiéndeme, macho, yo cuando te dije tronco, confía en mí (…) yo te aprecio, te considero amigo».

El comisario Villarejo intentaba vencer así los recelos de Sergio Ríos, que se veía en un dilema moral: trabajaba como chófer de Rosalía Iglesias (mientras su marido, Luis Bárcenas, estaba preso en la cárcel de Soto del Real), pero al mismo tiempo cobraba de los fondos reservados de la Policía para espiar a la familia del ex tesorero del PP.

En la misma conversación, Villarejo entregó a Sergio Ríos, en billetes de 500, los 2.000 euros en metálico que le entregaba la Policía para actuar como confidente, y le hizo firmar un recibí para dejar constancia de ellos. Aunque el comisario tenía instrucciones de destruir estos recibís, los conservó en su poder para blindarse.

Algo que encaja perfectamente en la filosofía de vida que había expresado en su conversación con Sergio Ríos: Villarejo se encargaba siempre de los trabajos «delicados», tanto para los políticos del PP como para los del PSOE, pero desconfiaba profundamente de esos políticos. Por su parte, el chófer mostró a Villarejo la instancia que había presentado para ingresar en la Escuela de Policía de Ávila. Era el otro pago que la Policía le había prometido para premiar sus servicios.

El objetivo de este dispositivo puesto en marcha por Villarejo y la cúpula de la Policía, bajo el nombre de operación Kitchen, era hacerse con los documentos comprometedores sobre la financiación irregular del PP para evitar que llegaran a manos del juez. El titular del Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, José de la Mata, ha levantado ahora el secreto de sumario sobre esta pieza separada en la que investiga el espionaje a la familia Bárcenas.

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