Paso de gigante en la egiptología: descubren por qué la pirámide de Guiza lleva 4.600 años inmune a los terremotos
La Gran Pirámide de Guiza, construida hace más de 4.600 años para el faraón Keops, constituye el mayor enigma de supervivencia arquitectónica de la historia.
Un estudio publicado en la revista Scientific Reports desvela finalmente el misterio. La combinación de su ubicación sobre roca caliza, su masa equilibrada y un fenómeno físico llamado desacoplamiento de frecuencias la protegen de la destrucción sísmica.
Descifran el enigma milenario de la resistencia sísmica de la Gran Pirámide de Guiza
El equipo internacional, que incluye a expertos del Instituto Nacional de Investigación de Astronomía y Geofísica de Egipto (NRIAG) y especialistas de universidades japonesas, utilizó la técnica avanzada de relación espectral horizontal-vertical (HVSR).
Los científicos realizaron 37 mediciones sísmicas en puntos estratégicos, incluyendo la Cámara del Rey, la Cámara de la Reina y las cámaras de descarga. Los resultados confirman que el monumento no solo es un prodigio estético, sino un ejemplo extraordinario de ingeniería resistente.
La investigación analizó cómo vibran el edificio y el terreno ante oscilaciones naturales del ambiente como el viento o la actividad humana. Los datos revelan que la estructura posee una homogeneidad excepcional en sus características dinámicas.
A diferencia de otras maravillas de la Antigüedad que sucumbieron ante los temblores, como el Faro de Alejandría, la mole de 138 metros de altura permanece inamovible gracias a su diseño.
¿Por qué la pirámide y el suelo de Guiza vibran a ritmos diferentes?
La clave principal de esta longevidad reside en la «frecuencia natural» de vibración. Los investigadores descubrieron que la pirámide vibra a una frecuencia media de 2,3 Hz, mientras que el suelo de la meseta de Guiza lo hace a una frecuencia desigual inferior, cercana a los 0,6 Hz.
Esta brecha matemática actúa como un aislamiento sísmico pasivo perfecto. Cuando una onda sísmica golpea la zona, la energía no se amplifica dentro de la estructura porque ambas vibraciones no coinciden.
Este fenómeno evita la resonancia, el efecto físico que multiplica las oscilaciones y provoca derrumbes catastróficos en construcciones modernas. Básicamente, el edificio y el terreno «bailan» a ritmos distintos, lo que permite a la pirámide disipar el peligro de un colapso.
El secreto geológico y arquitectónico tras la estabilidad de Keops
Además del desacoplamiento de frecuencias, la ubicación geográfica resultó determinante. Los antiguos constructores levantaron la pirámide sobre roca caliza dura, una base mucho más estable que los sedimentos blandos.
El estudio estima un índice de vulnerabilidad sísmica del subsuelo muy bajo, de solo 8,2, frente al umbral de riesgo situado en 20. Esta excelente capacidad de carga minimiza cualquier riesgo inducido por terremotos.
La geometría del monumento también aporta una estabilidad extrema. Al concentrar la inmensa mayoría de los 2,3 millones de bloques de piedra en el tercio inferior, los arquitectos bajaron el centro de gravedad.
Esta distribución de masas, sumada a una simetría perfecta, limita los movimientos de torsión durante un seísmo. Asimismo, las cámaras de descarga situadas sobre la Cámara del Rey actúan de forma inesperada: reducen significativamente la amplificación sísmica y absorben parte de las vibraciones generadas por los temblores.
A lo largo de los milenios, la pirámide ha resistido eventos importantes, como el terremoto de magnitud 6,8 en 1847 o el de 1992. Aunque algunos bloques del revestimiento exterior cayeron en el pasado, el cuerpo principal permanece intacto.