Historia

Mary Toft: la campesina que avergonzó al rey Jorge I de Inglaterra

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Dibujo sobre los partos de Mary Toft

Si mencionamos el nombre de Mary Toft posiblemente no nos suene para nada. Lo cierto es que no fue una persona reseñable en la corte del rey Jorge I de Inglaterra, ni siquiera pertenecía a ella, pero protagonizó un acontecimiento único que llamó la atención hasta al propio rey del país.

Mary Toft era una campesina de Godalming, en el condado de Surray a unos kilómetros del área metropolitana de Londres. En aquella época de principios del siglo XVIII, Toft vivía junto a su marido en esta pequeña población del sur de Inglaterra.

Embarazada

En el año 1726, Mary Toft estaba embarazada de lo que sería su primer hijo junto a su marido. Un día, mientras estaba orinando en el campo, un conejo la asustó y, según el propio marido, originó que pocos días después su mujer perdiera al niño abortando.

Así lo escribía John Howard, médico que la trató  en la época: «El 23 de abril pasado, mientras orinaba en el campo, vio un conejo saltando cerca de ella, corriendoPor eso desarrolló una fijación por los conejos». 

Y es que, semanas después, Mary Toft comenzó a sufrir una mutación desconocida por los médicos de la época en su vientre. La campesina empezó a alumbrar conejos muertos de dentro de ella, por lo que Howard quedó realmente sorprendido.

El propio Howard escribió al médico del rey Jorge I de Inglaterra, Nathaniel St Andre, y le comunicaba lo sucedido en una carta:

«Desde que les escribí, la pobre mujer ha dado a luz tres nuevos conejos, todos ellos a medio crecer; el último duró 23 horas dentro del útero antes de morir. Si usted tiene alguna persona curiosa que quiera venir a verlo con sus propios ojos, parece que tiene otro en su útero, así que puede venir a sacárselo cuando quiera. No sé cuántos conejos le quedan adentro».

Interés en la corte

Tan enigmática era la historia, que el propio médico del rey se desplazó hasta la localidad para comprobar de primera mano lo que Howard decía.

Una vez allí, St Andre asistió al nacimiento del décimo quinto conejo del propio vientre de Mary, e hizo el caso público.

Varios conejos más salieron muertos del vientre de Mary en los siguientes días, convirtiéndola en uno de los asuntos más recurrentes del país en aquellos meses.

Solo otro médico que también fue a inspeccionar a la joven Mary levantó las sospechas. Fue Cyriacus Ahlers, que también escribió al respecto en su diario: «Le pregunté a la paciente algunas preguntas que no fue capaz de responder. La observé con atención, caminaba por la habitación presionando sus rodillas, como si tuviera miedo de que algo se cayera».

La vergüenza del rey

Con la comunidad médica asombrada ante la magnitud del tema, Ahlers examinó a los conejos y observó que habían comido heno antes de nacer y que algunas partes habían sido cortadas con cuchillo.

Poco después, antes de dar a luz a una nueva camada de conejos, Ahlers sorprendió a un hombre introduciendo conejos dentro de Mary y se descubrió el engaño.

Técnicamente, Mary Toft había dado a luz a los conejos, pero previamente se los había introducido en su cuerpo.

La corte de Inglaterra, el médico oficial del rey, y hasta el propio Jorge I quedaron en evidencia ante el engaño de la campesina que fue llevada a juicio, pero como no existía un delito parecido, fue puesta en libertad.

En su esquela de defunción reza: «Mary Toft, viuda y la impostora del conejo». 

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