La regla de oro de Marco Aurelio para lograr la serenidad: si un emperador pudo, tú también

Marco Aurelio Antonino fue emperador de Roma entre los años 161 y 180 d. C., un período marcado por guerras, epidemias y tensiones internas, y aun así procuró ejercer el poder con justicia, moderación y sentido del deber. Formado en la filosofía estoica desde joven, entendía el gobierno no como un privilegio, sino como una carga moral. Escribió «Meditaciones», un cuaderno personal en el que registró reflexiones destinadas únicamente a sí mismo, con el propósito de mantenerse fiel a la razón, la virtud y la humanidad en medio de la adversidad.
Sin embargo, en un tiempo como el nuestro, marcado por la prisa, la distracción y la exigencia constante, estas reflexiones nos recuerdan que siempre podemos retirarnos a un lugar que nadie puede arrebatarnos: la mente ordenada, el carácter firme, la voluntad orientada al bien. Que incluso en medio del ruido, del deber y de la incertidumbre, es posible actuar con rectitud, templanza y humanidad.
‘Meditaciones’, de Marco Aurelio
La llamada «regla de oro» de Marco Aurelio acepta lo que no controlas, gobierna lo que sí depende de ti y esfuérzate, cada día, por ser mejor persona. Si un emperador, rodeado de poder, guerra y muerte, pudo recordarse esto a sí mismo, entonces cualquiera de nosotros puede intentarlo.
- «En ninguna parte puede hallar el hombre un retiro más tranquilo y sosegado que en su propia alma; especialmente cuando tiene en su interior pensamientos tales que, con sólo volver a ellos, le devuelven inmediatamente la calma. Concédete, pues, ese retiro con frecuencia y renuévate».
- «Empieza el día diciéndote a ti mismo: hoy me encontraré con personas entrometidas, ingratas, insolentes, engañosas, envidiosas y egoístas. Todo eso les sucede por ignorancia del bien y del mal. Pero yo no puedo ser dañado por ninguno de ellos, ni debo odiar a quien comparte conmigo la misma naturaleza».
- «No obres como si fueras a vivir diez mil años. La muerte está suspendida sobre ti. Mientras vivas, mientras esté en tu mano, sé bueno».
- «Si en cada acto procedes como si fuera el último de tu vida, libre de toda ligereza, de toda hipocresía y de toda resistencia a la razón, vivirás en plena armonía».
- «No permitas que el porvenir te perturbe, porque llegarás a él, si es necesario, con la misma razón que hoy te sirve para afrontar el presente».
- «Si te aflige algo externo, no es eso lo que te perturba, sino el juicio que formas sobre ello; y ese juicio puedes borrarlo ahora mismo».
- «Todo lo que sucede conviene al universo, y nada que sea conforme a la naturaleza del todo puede ser malo para la parte. Aprende a amar lo que te sucede, porque está tejido con el destino».
- «No pierdas más tiempo discutiendo sobre cómo debe ser un hombre bueno. Sé uno».
- «La perfección del carácter consiste en vivir cada día como si fuera el último, sin agitación, sin apatía y sin fingimiento».
- «Recuerda que muy poco es lo que necesita el hombre para vivir felizmente, y que todo se halla en la justa disposición del alma».
- «No te inquietes por la reputación póstuma; piensa en cuántos, aun hoy, han sido olvidados, y en cuántos que olvidan pronto serán ellos mismos olvidados».
- «Recuerda que todo es opinión, y que la opinión depende de ti. Quita, pues, cuando quieras, la opinión, y como quien dobla el cabo alrededor del promontorio, encontrarás calma, serenidad y un mar en completa quietud».
- «No te canses de examinarte a ti mismo, de vigilar la calidad de tus pensamientos, porque de ellos brota la fuente de tu vida; tal como pienses, así será tu experiencia del mundo».
- «Vive en armonía con la naturaleza, aceptando lo que llega y obrando siempre con justicia, porque no existe mayor fortaleza que una mente recta y un corazón dispuesto al bien».
- «No hagas nada sin propósito, ni nada que no pueda ser defendido ante tu propia conciencia; pues la dignidad del hombre consiste en obrar conforme a la razón que le ha sido dada».
- «Observa continuamente cómo todas las cosas se transforman unas en otras, y acostúmbrate a pensar que la naturaleza del universo ama cambiar; así no te aferrarás a nada como si fuera eterno».
Marco Aurelio nos deja una enseñanza muy valiosa: «No pierdas más tiempo discutiendo sobre cómo debe ser un hombre bueno. Sé uno.» Estas palabras reflejan que la virtud no se demuestra con discursos, sino con acciones concretas. Gobernar un imperio durante una época convulsa no le impidió mantener un diálogo consigo mismo, evaluando cada pensamiento y cada acto según la razón y la justicia. Hoy, en pleno siglo XXI, podemos aplicar su lección en nuestra vida cotidiana: cultivar la serenidad, la rectitud y la compasión, aunque el mundo exterior esté lleno de caos. Marco Aurelio nos recuerda que, aunque no controlemos todo lo que ocurre, sí podemos decidir cómo responder y qué persona ser cada día.
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