El Faro de Alejandría: historia de una de las siete maravillas del mundo antiguo
La historia del Faro de Alejandría, una de las siete maravillas del mundo antiguo, su construcción y su misteriosa desaparición.
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El Faro de Alejandría era una torre tan alta que su luz podía verse desde el mar a muchos kilómetros de distancia. Fue una de las estructuras más elevadas jamás construidas y también una de las más útiles. Es la única de las Siete Maravillas que sirvió a un propósito práctico: salvar vidas guiando a los barcos de forma segura.
Los cimientos
Alejandría fue fundada por Alejandro Magno en el año 331 a.C. en la costa de Egipto. Tras su muerte, uno de sus generales, Ptolomeo I, la convirtió en una potencia comercial y cultural. Su costa era plana y llena de peligrosos arrecifes; esto hacía que los naufragios fueran comunes.
Para solucionar esto se construyó una señal gigantesca, un faro, en la pequeña isla de Faros, a la entrada del puerto. No era una simple torre con una antorcha, sino un monumento que daba cuenta de la grandeza de Alejandría a todo el que llegara por mar.
Origen del Faro de Alejandría
El faro se levantó en la isla de Faros, frente a la ciudad de Alejandría, alrededor del siglo III a. C. Su construcción comenzó durante el reinado de Ptolomeo I Sóter y se completó bajo su hijo, Ptolomeo II Filadelfo. La ciudad era entonces uno de los principales centros comerciales y culturales del Mediterráneo, y su puerto recibía barcos procedentes de lugares muy lejanos. Contar con una estructura que guiara a los navegantes era una necesidad práctica, pero también una declaración de grandeza.
El diseño del faro se atribuye al arquitecto Sóstrato de Cnido, aunque durante mucho tiempo su nombre quedó en segundo plano, ya que el monumento se dedicó oficialmente al rey. Según algunas fuentes antiguas, Sóstrato habría grabado su nombre en la base y lo cubrió con una capa de yeso con la dedicatoria real encima, confiando en que el tiempo revelaría la verdadera autoría.
Construcción monumental
La construcción comenzó alrededor del año 300 a.C. y tomó unas dos décadas en completarse. La obra fue dirigida por el arquitecto Sóstrato de Cnido y constituyó una hazaña técnica asombrosa para su época.
Usaron bloques colosales de piedra caliza y granito, unidos con plomo fundido para que la estructura fuera resistente a las furiosas olas del Mediterráneo. Tenía una base cuadrada y maciza, un cuerpo medio de forma octogonal y una sección superior cilíndrica, coronada por una cúpula donde brillaba la luz.
Se estima que medía entre 100 y 140 metros de altura. Para ponerlo en perspectiva, era más alto que la Estatua de la Libertad. Durante varios siglos fue una de las estructuras más altas del mundo, solo superada por las Grandes Pirámides.
Una obra maestra
El Faro de Alejandría tenía en la cima una gran hoguera alimentada con madera (y posiblemente aceite) que ardía durante la noche. Los relatos históricos señalan que también utilizaban espejos de bronce pulido para reflejar y ampliar la luz del fuego, e incluso para proyectar los rayos del sol durante el día.
Se dice que su destello era visible desde más de 50 km mar adentro, aunque esta cifra puede ser una exageración. Contaba con una rampa en espiral en el interior, la cual permitía a los trabajadores transportar el combustible hasta la cima.
Las Siete Maravillas eran una lista turística antigua, creada por los escritores griegos para destacar las construcciones más extraordinarias de su mundo conocido. El Faro de Alejandría fue la última en añadirse a esa lista y era el único objeto realmente funcional. Demostraba que la belleza y la utilidad podían ir de la mano.
Desaparición y legado
El faro no fue destruido por la guerra, sino por la fuerza de la naturaleza. Alejandría se encuentra en una zona sísmica activa. A pesar de su robusta construcción, una serie de terremotos a lo largo de los siglos lo fueron dañando. Un sismo en el 956 d.C. derribó la parte superior y otros terremotos más fuertes en 1303 y 1323 lo dejaron en ruinas.
Durante más de 1.500 años, había guiado a los navegantes. Para el siglo XV, ya no era más que una pila de escombros. En 1480, el sultán mameluco Qaitbay usó las piedras caídas para construir una fortaleza defensiva en el mismo lugar. Así nació el Fuerte de Qaitbay, que aún hoy protege el puerto de Alejandría.
Su diseño de tres niveles inspiró la construcción de faros y minaretes en todo el mundo islámico y mediterráneo. En 1994, un equipo de arqueólogos marinos descubrió cientos de bloques y estatuas gigantescas en el lecho marino frente al Fuerte de Qaitbay. Estos hallazgos confirmaron las descripciones históricas.
El Faro de Alejandría sigue siendo un poderoso símbolo de innovación, conocimiento y de la noble ambición humana de construir no solo para admirar, sino para servir. Hoy se puede visitar el Fuerte de Qaitbay, donde una vez se alzó esa maravilla.
Curiosidades y leyendas
Alrededor del faro surgieron numerosas leyendas. Una de las más conocidas afirma que el espejo podía concentrar los rayos solares para incendiar naves enemigas, algo poco probable, pero muy revelador del aura casi mágica que rodeaba al edificio. El faro resistió durante siglos, pero varios terremotos entre los siglos X y XIV acabaron por dañarlo gravemente hasta su colapso definitivo.
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