El insólito oficio que se veía en todas las calles de Madrid en la posguerra: hoy no existe ninguno en España
El ingenioso oficio que fue básico para sobrevivir en la posguerra
Este oficio fue fundamental en muchos pueblos durante la posguerra española
Así fue el oficio que se veía a diario en todo Madrid durante la posguerra
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Madrid en la posguerra fue un espacio marcado por la autarquía, el racionamiento y la falta de productos básicos. La ciudad, todavía muy conectada con el campo, recibía de manera constante a vendedores ambulantes que suplían carencias estructurales del mercado oficial. Sus pregones formaban parte del sonido habitual de barrios y plazas.
En ese contexto surgió un oficio hoy completamente extinguido, cuya presencia era habitual en calles céntricas y periféricas. Su actividad combinaba comercio, transporte y conocimiento del producto, y respondía a una necesidad concreta de la población madrileña en aquellos años de bastante dificultad económica.
¿Cuál es el oficio que se veía siempre en Madrid durante la posguerra?
En la Madrid en la posguerra, uno de los oficios más visibles era el del mielero ambulante procedente de la comarca de La Alcarria. Su presencia se remontaba a décadas anteriores, pero alcanzó una relevancia especial tras la Guerra Civil, cuando el azúcar se convirtió en un bien escaso y caro. La miel pasó a ser un sustituto básico en la alimentación cotidiana.
Estos vendedores recorrían Madrid a pie o con ayuda de animales de carga, ofreciendo miel a granel y otros productos rurales.
Su llegada a los barrios no respondía a un comercio ocasional, sino a rutas establecidas que se repetían de forma periódica. El oficio estaba plenamente integrado en la economía informal de la capital.
El contexto económico explica la importancia de este trabajo en la Madrid en la posguerra. El sistema de racionamiento limitaba el acceso a productos básicos, y el azúcar, cuando aparecía, lo hacía a precios elevados en el estraperlo. Así, la miel se consolidó como principal edulcorante para amplias capas de la población.
Además de su uso alimentario, la miel se empleaba como remedio tradicional para afecciones respiratorias y problemas derivados de la mala nutrición. En una ciudad con inviernos fríos y numerosas viviendas precarias, este producto tenía un valor que iba más allá de lo culinario.
La figura del mielero y su vínculo con La Alcarria
Como se mencionó previamente, el mielero que llegaba a la Madrid en la posguerra procedía en muchos casos de la comarca de La Alcarria, territorio que se convirtió en referencia nacional por la calidad de su miel.
Vestía ropa de trabajo reconocible: pantalones de pana, boina, alpargatas y una blusa sencilla que reforzaba su imagen de comerciante rural.
Transportaba la miel en cántaros o latas metálicas y utilizaba una balanza manual para pesar el producto delante del comprador.
En muchas ocasiones, el intercambio no se hacía con dinero, sino mediante trueque por alimentos básicos como aceite, legumbres o huevos, una práctica común en aquellos años.
¿Cómo conseguían miel los mieleros durante la posguerra?
El oficio del mielero durante la posguerra estaba ligado a la trashumancia apícola. Las colmenas se desplazaban siguiendo las floraciones, lo que permitía obtener distintas variedades de miel, como la de espliego, romero o tomillo. El conocimiento de estas diferencias formaba parte del valor añadido del producto.
Por otra parte, la cera de abeja también tenía un papel relevante. Se utilizaba para fabricar velas, imprescindibles ante los cortes eléctricos, y para usos domésticos y agrícolas. El mielero recogía cera usada y la devolvía transformada, cerrando un pequeño ciclo económico paralelo al oficial.
El declive definitivo del oficio de mielero
A partir de los años 50 y 70, este oficio comenzó a desaparecer de la Madrid en la posguerra y del resto del país. La liberalización económica, la llegada masiva del azúcar industrial y el éxodo rural transformaron por completo los hábitos de consumo y distribución.
La venta ambulante de miel fue sustituida por explotaciones apícolas profesionales y canales comerciales estables. Con ello se perdió una figura que había sido esencial en la vida cotidiana madrileña durante décadas.
Como muchos oficios olvidados de la posguerra, hoy, el mielero forma parte de la memoria histórica urbana, y quedan a modo de testimonio histórico algunas obras pictóricas que los han retratado a la perfección.