Congreso de los Diputados

El PSOE de 2019 frente al de 1989: así frenó el socialista Pons los juramentos «por imperativo» de batasunos

Hubo un tiempo en el que el PSOE se mostraba inflexible con las fórmulas fantasiosas con las que ahora se permite a los diputados separatistas jurar o prometer su cargo en el Congreso de los Diputados. A la flexibilidad bochornosa que ahora muestra Meritxell Batet se contrapone la seriedad con la que Félix Pons expulsó a tres batasunos de la Cámara Baja por jurar «por imperativo legal».

«Por los presos políticos«, «hasta la consecución de la República» o incluso «hasta la República vasca». Los juramentos ajenos a la Constitución que se pudieron oír en el Congreso de los Diputados, acompañados por el ya recurrente «por imperativo legal», fueron legitimados por la presidenta socialista Batet. Tampoco tuvo ningún tipo de problema en aceptar otros juramentos imaginativos como el de Gerardo Pisarello, secretario primero de la Mesa del Congreso (Podemos), que recordó en su promesa a las Trece Rosas. Su compañero de bancada, Javier Sánchez Serna, también en la Mesa, lo acató «por la democracia y los servicios sociales».

Pese a las protestas de la oposición, los juramentos de los socios de Sánchez se dieron por válidos sin ningún problema. Algo ha cambiado en España y en el PSOE: hace treinta años, el presidente socialista de la Cámara Baja incluso expulsó a tres diputados proetarras por utilizar un «imperativo legal» a secas. Fue Félix Pons quien procedió de tal forma contra los batasunos  Itziar Aizpurúa Egaña, Jon Idígoras y Ángel Alcalde.

Tras escuchar aquellos juramentos, a Pons no le tembló el pulso y les ordenó salir inmediatamente del Congreso. «Al no haber usado la fórmula reglamentaria no han adquirido su condición plena de diputado. Les ruego que abandonen el Hemiciclo», les espetó Pons sin titubeos.

Ante las protestas de Idígoras, Pons Irazazábal cortó cualquier tipo de expresión y les advirtió que «no hay lugar a ninguna declaración en este momento, le ruego que abandonen el Hemiciclo». Ante la insistencia del batasuno, el presidente le dijo que «no tiene la palabra» y procedió a suspender la sesión.

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