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La batalla final entre horno y freidora de aire: la diferencia en tu factura es abismal

horno freidora
Blanca Espada

En los últimos meses, muchos hogares han empezado a revisar al detalle qué electrodomésticos usan y cuánto gasta realmente cada uno. La subida en las tarifas de luz que muchos notan cada enero, pone el foco en la cocina, un espacio que concentra buena parte del consumo energético diario. Y entre pequeños aparatos y electrodomésticos de gran potencia, surge una pregunta:  ¿conviene más cocinar en un horno eléctrico o en una freidora de aire?.

La duda no es menor. Para quienes cocinan todos los días, una diferencia de consumo entre un aparato y otro puede traducirse en varios euros al mes. A esto se suma que las freidoras de aire se popularizaron a ritmo acelerado y pasaron de ser una novedad a un equipo casi básico en muchas cocinas. Sin embargo, todavía hay dudas sobre si realmente consumen menos electricidad o si su fama de amigable con la factura de luz está justificada. Distintos portales especializados empezaron a comparar ambos electrodomésticos para arrojar luz sobre el tema y uno de los análisis más citados es el de Greenmatch, una plataforma que trabaja con soluciones de energía limpia. Los datos son claros y muestran una diferencia energética que, en la práctica, puede ser determinante para el bolsillo.

Horno y freidora de aire: la diferencia en tu factura es abismal

Si uno mira los números que recopila Greenmatch, la diferencia entre lo que consume el horno y la freidora de aire es más que reseñable. En las pruebas que suelen usar como referencia, una freidora de aire ronda entre 1,4 y 1,7 kWh por ciclo de uso, mientras que un horno eléctrico necesita entre 2,0 y 2,2 kWh para hacer el mismo trabajo. Es decir, el horno pide más energía cada vez que se lo enciende, incluso cuando se usa para una preparación sencilla.

Cuando se mira la potencia que necesita cada aparato, la diferencia también salta a la vista. Las freidoras de aire trabajan con niveles relativamente bajos, en la mayoría de los casos se ubican entre 800 y 2.000 watts, mientras que un horno eléctrico puede pedir mucha más energía desde el primer minuto: varios modelos superan sin esfuerzo los 5.000 watts. Ese salto no es un tecnicismo, se nota en el uso cotidiano. De este modo cuanta más potencia requiere un equipo, más carga le traslada a la instalación eléctrica del hogar y más rápido empieza a sumar en la factura de luz.

Para quienes están intentando reducir el consumo sin dejar de cocinar como siempre, estos datos no son menores. Un par de usos diarios, una receta que requiere más de un ciclo o simplemente el hábito de encender el horno por comodidad pueden sumar más de lo que parece. Todo ello, repetido durante semanas, termina reflejándose en lo que pagamos al final de luz.

Por qué la freidora de aire gana en eficiencia

Detrás de ese consumo más bajo hay razones técnicas. La freidora de aire funciona con un sistema de circulación rápida de aire caliente, lo que permite cocinar en menos tiempo y con un gasto energético menor. No necesita largos períodos de precalentamiento ni debe calentar un espacio amplio, como ocurre con los hornos eléctricos tradicionales.

El tamaño también juega su papel. La cámara de cocción de la freidora es mucho más pequeña y eso reduce la cantidad de energía necesaria para alcanzar la temperatura adecuada. Mientras un horno debe calentar decenas de litros de aire, la freidora trabaja en un volumen muy acotado y con un flujo de aire constante que acelera la cocción.

Además, la rapidez marca una diferencia grande. Hay platos que, directamente, se cocinan en la mitad del tiempo en una freidora de aire. Eso significa menos minutos enchufada y, por lo tanto, menos consumo. Incluso en recetas más complejas, la freidora suele ser más veloz en alcanzar la temperatura interna necesaria.

Otro detalle importante es el tipo de porciones. La freidora se usa, en la mayoría de los casos, para preparar cantidades pequeñas o medianas. En cambio, cuando se enciende un horno, se calienta toda la cavidad aunque sólo se utilice una bandeja.

¿Conviene reemplazar el horno por la freidora?

No todos los usuarios tienen las mismas necesidades. El horno eléctrico sigue siendo el más adecuado para preparaciones grandes, cocciones lentas o recetas que requieren bandejas amplias. La freidora, por su parte, funciona muy bien con porciones individuales, comidas rápidas o alimentos que necesitan una cocción uniforme sin demasiado volumen.

Sin embargo, desde el punto de vista estrictamente energético, la diferencia es evidente. Una persona que cocina a diario pequeñas porciones encontrará en la freidora un aliado para reducir costos. Quienes usan el horno sólo  ocasionalmente no notarán una variación tan significativa, pero sí podrán aprovechar la freidora para evitar encender un aparato de gran potencia cuando no es necesario.

De este modo, la tendencia actual muestra que, más allá de modas, la búsqueda del ahorro energético lleva a muchos a combinar ambos equipos. El horno queda para momentos puntuales y la freidora se convierte en el electrodoméstico de uso diario, especialmente en hogares que trabajan contra reloj y valoran la rapidez.

En definitiva, en un contexto en el que optimizar el consumo es casi tan importante como cocinar rico y rápido, la comparación entre horno y freidora deja un resultado claro. La freidora de aire no sólo consume menos, sino que permite preparar platos en menos tiempo y con menor volumen de energía. Y en la práctica cotidiana, esa mezcla se traduce en una factura de luz mucho más amable.

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