Las armas que sí robaron los golpistas a la Guardia Civil y luego se recuperaron: varios CETME calibre 7,62

Guardia Civil
CETME, calibre 7,62

desaparecieron armas durante el acoso a la Guardia Civil el miércoles en Barcelona en las protestas por las acciones de la Justicia contra el referéndum catalán. Sacadas de los tres coches de la Benemérita que fueron asaltados por los separatistas ante la Consejería de Hacienda la pasada madrugada.

Fueron sustraídas y desataron la alarma hasta el punto de que se emprendió de inmediato una operación por parte de la Guardia Civil y los Mossos para recuperarlas. La actuación consiguió rescatar el armamento en pocas horas.

Pero el incidente fue suficiente para calibrar hasta qué punto la situación de tensión provocada por los mensajes radicales de los separatistas se está descontrolando. No se trataba de armas sin importancia. Todo lo contrario. Aunque el número de unidades robadas de los coches no se ha querido confirmar, fuentes de la Unión de Oficiales de Guardia Civil señalan que fueron tres los coches asaltados mientras los agentes permanecían rodeados. Según otras fuentes, los agentes de la benemérita tendrían orden de aguantar y no responder. Y que de los tres vehículos desapareció armamento en el momento en el que los guardias civiles vieron peligrar sus vidas y decidieron abandonar los coches.

Las armas eran las propias de los GRS: fusiles CETME calibre 7,62 adaptados para función antidisturbios -con bocacha lanzapelotas y lanzabotes-. Un fusil de asalto del que se puede desencajar la bocacha y ser utilizado como arma de fuego estándar. Cada dotación puede llevar entre 2 y 4 fusiles.

No se trata del único material que fue sustraído. Además de los fusiles se sustrajeron varias mochilas y material antidisturbios.

Fuentes de la Guardia Civil confirman que el material fue recuperado de inmediato gracias a su acción y la de los Mossos. Pero admiten que la situación de violencia y nerviosismo vivida fue de una gran tensión. Y, pese a ello, no hubo ni un sólo detenido.

Las versiones oficiales no han querido confirmar la desaparición de las armas. Y es que existe un detalle legal de gran importancia.

El artículo del Código Penal que recoge el delito de sedición incluye en su texto, artículos 544 y 545, la siguiente redacción: «Son reos de sedición los que, sin estar comprendidos en el delito de rebelión, se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales». Es más «los que hubieren inducido, sostenido o dirigido la sedición o aparecieren en ella como sus principales autores, serán castigados con la pena de prisión de ocho a diez años, y con la de diez a quince años, si fueran personas constituidas en autoridad. En ambos casos se impondrá, además, la inhabilitación absoluta por el mismo tiempo».

Es decir, que la aparición de armas en la escena y su sustracción significa un salto cualitativo más allá incluso del propio destrozo de los coches. Un salto que hubiese hecho difícil no dar un salto en las acusaciones y pasar directamente a plantear la acusación por sedición: tanto para los presentes, como para las autoridades inductoras.

La gravedad de lo ocurrido en Barcelona obligaría al Gobierno a activar protocolos más contundentes, una situación no deseada desde el punto de vista político y que ha convertido en todo un problema la admisión del ataque y sustracción de material de los coches de la Guardia Civil.

Pero, pese a ello, lo cierto es que se decidió no detener a nadie e, incluso, una carta dirigida a todos los servicios de la policía catalana ayer, del Mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero, pidió a los agentes del cuerpo que fueran «especialmente restrictivos y cuidadosos con el uso de la fuerza» en las concentraciones que estaban teniendo lugar.

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