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Una visión diferente de la desigualdad de género en el mercado laboral

Una visión diferente de la desigualdad de género en el mercado laboral

El pasado día 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer Trabajadora en la que se ha hablado de la situación de desventaja que padece la mujer con respecto al hombre en el mercado laboral. Es cierto que las mujeres, en media, obtienen peores datos que los hombres, pero suelen utilizarse los datos de manera poco precisa, y sin contextualizar, en algunas ocasiones; corrigiendo esta interpretación podemos tener una visión un poco más optimista de la situación de la mujer en el mercado laboral, aunque quede aún un largo camino por recorrer.

Es cierto que las mujeres tienen tasas de actividad y de empleo inferiores a los hombres, en cambio estas “ganan” si observamos la tasa de paro. Existe una situación de desigualdad pero seguramente durante estos días le ha sido difícil observar gráficas o datos que muestren una evolución de largo recorrido, a saber, observando los datos de últimos 40 años podemos ver una evolución positiva para la mujer. Quizás viendo de donde venimos y a donde vamos puede que  la visión que tengamos sea un poco más optimista, puesto que las mujeres están mejorando su posición en el mercado laboral de forma creciente.

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Otra variable que tiene cierta solera cuando se habla de la desigualdad de la mujer con respecto al hombre es la brecha salarial. Antes de comentar la evolución y contextualización de esta estadística es conveniente hacer algunas aclaraciones previas. La brecha salarial mide la diferencia del salario medio bruto de cada género; el problema es que no tiene en cuenta que tanto hombres como mujeres desempeñan diferentes trabajos, que la productividad es distinta y que los hombres trabajan en torno a 2.300 horas al año frente a las 1.900 horas trabajadas por la mujer.

La desigualdad más bien se produce en el sentido de las diferencias en horas trabajadas y los distintos trabajos con niveles de productividad dispares que desempeñan cada uno de los géneros. Es decir, la brecha salarial no mide la diferencia en el salario cobrado por una mujer con respecto a un hombre por el mismo puesto de trabajo y con las mismas circunstancias que afectan a la retribución percibida (horas trabajadas, años de experiencia laboral. ect.)

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Aún así, la brecha salarial puede ser un buen indicador para medir la evolución de las diferencias salariales entre hombres y mujeres y, al mismo tiempo, poder comparar dicha desigualdad con respecto a otros países. La brecha salarial en España es del 14,9%, esto es, en media, las mujeres cobran un 14,9% menos que los hombres —lo que no quiere decir que una mujer cobre un 14,9% menos que un hombre por el mismo puesto de trabajo—.

La tendencia es positiva, puesto que en el año 2002 esta brecha salarial era del 20,2%, es decir, en España, durante los últimos 13 años este indicador ha descendido en un 26%. Asimismo, la brecha salarial se está reduciendo en los tramos de población de menor edad, gracias a la mayor participación de la mujer en el mercado laboral con respecto al hombre y a una cada vez mayor y mejor formación. Además, España es uno de los países con una menor brecha salarial dentro de la UE.

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Por otro lado, España es uno de los países con mayor presencia femenina en puestos directivos dentro de la UE, según un estudio de Carsten Wippermann, ocupando las mujeres el 35,1% del total de estos puestos, situándose por encima de la media de la UE, con un 32,5%, o de países como Dinamarca que solo alcanza el 24% de mujeres en puestos directivos o Alemania, con un 30,8%.

Además, la probabilidad de que una mujer llegue a un puesto directivo según la clasificación de Nima Sanandaji, alcanza una puntuación de 67 —donde una puntuación de 100 indica la misma probabilidad de que una mujer y un hombre lleguen a un puesto directivo—; solo nos vemos superados por Estados Unidos, Nueva Zelanda, México y Francia; países como Suecia o  Dinamarca obtienen puntuaciones inferiores a España, con 52 y 37 puntos respectivamente.

En definitiva, la situación de la mujer dista de ser equitativa a la del hombre, aunque tampoco debemos pensar en que una situación donde el hombre y la mujer alcancen unos resultados idénticos en el mercado laboral es ideal, a saber, cada uno de nosotros debe desarrollar sus planes vitales como considere, por lo que si una mujer desea tener un hijo y trabajar menos horas para poder hacerse cargo de este y, por consiguiente, aumentar la brecha salarial entre sus pares varones y mujeres no es algo malo per se.

La desigualdad cuando nace de la libertad de elección de cada persona no se debe corregir, como así indica Paco Capella: “la libertad consiste en que las reglas sean las mismas para todos, no que los resultados o las circunstancias personales sean todos iguales”.

La mujer ha padecido durante muchos años una situación desigualitaria en el mercado laboral debido a la responsabilidad más del Estado que de la sociedad, al impedir el desarrollo económico de las familias. A medida que España liberalizó y abrió su economía, la mujer se ha ido empoderando, por ello no nos deben sorprender los datos que muestra Diego Sánchez de la Cruz en Por qué soy liberal, al destacar que son las economías más libres las que obtienen mejores puntuaciones en el índice de desigualdad de género, en donde las mujeres ocupan un mayor porcentaje de escaños y los porcentajes de estas con educación secundaria son superiores.

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