Opinión

Canarias clave en la geoeconomia del espacio

Esta localización permite una visibilidad óptima hacia satélites en órbitas bajas (LEO)

Canarias,

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Acabo de regresar de una interesante visita al Centro Espacial de Canarias en el marco de las sesiones de trabajo del Curso de Defensa Nacional impartido por el CESEDEN y he podido confirmar en directo la importancia astro económica de las Islas Canarias en lo que se refiere a las telecomunicaciones y al seguimiento de los satélites.

Quien controla el espacio controla las comunicaciones globales, la navegación precisa, la inteligencia geoespacial en tiempo real, el posicionamiento militar y gran parte de la capacidad de alerta temprana frente a amenazas. Satélites de observación, constelaciones de comunicaciones de baja órbita, sensores infrarrojos de detección de misiles y plataformas de guerra electrónica operan hoy desde cientos o miles de kilómetros de altura; interrumpir o dominar estos activos equivale a cegar, desorientar y desarmar parcialmente a un adversario antes de que el primer disparo convencional se haya producido.

La ubicación geográfica de las Islas Canarias, situadas en el Atlántico occidental a unos 28° de latitud norte y 15° de longitud oeste, confiere a este archipiélago español una posición geoeconómica estratégica del espacio ultraterrestre tanto en sus vertientes militar y estratégico como económico en un dominio en constante evolución.

Esta localización permite una visibilidad óptima hacia satélites en órbitas bajas (LEO), medias y geoestacionarias, facilitando el seguimiento y control de misiones críticas para las telecomunicaciones. Se trata de la versión aeroespacial moderna del dominio marítimo en el pasado. Dominar estas órbitas permite supervisar el planeta mediante satélites de vigilancia, comunicaciones y navegación generando ventajas económicas masivas en los posibles “cuellos de botella” de las telecomunicaciones, de la agricultura de precisión, del comercio electrónico y de la inteligencia de los negocios.

El espacio no es únicamente un dominio científico, sino un territorio con corredores, puntos estratégicos, recursos y zonas de alto valor que las grandes potencias como EE. UU, China y Rusia buscan explotar.

En un contexto geoeconómico, donde el control de las infraestructuras espaciales influye en la soberanía digital y el comercio global, Canarias actúa como un hub que fortalece la autonomía europea en espacio, atrayendo inversiones internacionales y generando empleo de alta cualificación. Su proximidad al ecuador y cielos claros minimizan interferencias, convirtiéndolo en un enclave ideal para redes de rastreo que soportan economías dependientes de comunicaciones satelitales, como las de Europa y Japón

Esta ubicación permite una visibilidad prolongada de los satélites, minimizando las interrupciones en las comunicaciones y optimizando la recepción de los datos. El Centro Espacial de Canarias (CEC), operado por el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), es un pilar fundamental para estas operaciones, ofreciendo unos servicios de seguimiento y control esenciales para las misiones espaciales internacionales.

Su operación continuada de 24 horas, asegura una gestión eficiente de la red de antenas distribuidas entre Maspalomas y Madrid, destacando su papel en la observación y manejo de la información satelital.

El CEC tiene sus orígenes en la década de 1960, cuando fue establecido por la NASA para el seguimiento de misiones tan importantes como Mercury y Gemini, incluyendo la transmisión de datos durante el alunizaje de Apollo 11. Tras su reubicación durante el año 1974 para preservar la zona de silencio radioeléctrico, se integró en la red ESTRACK de la Agencia Espacial Europea (ESA).

Desde el año 1975, la instalación pertenece al INTA, evolucionando hacia un centro multifuncional que integra las tecnologías avanzadas para la observación espacial. Canarias ha pasado de ser clave en el desarrollo de la exploración espacial, incluidas las misiones tripuladas, a serlo hoy en la carrera geoeconómica tanto de los satélites de observación de la Tierra como de las telecomunicaciones globales, albergando más de cuarenta antenas.

En el ámbito de la observación espacial, el CEC juega un papel crucial en el seguimiento de los satélites dedicados a la monitorización de la Tierra. Sus antenas permiten la recepción de datos en bandas L, X y Ka, facilitando la adquisición de datos e información sobre el impacto científico y medioambiental, los desastres naturales y los recursos terrestres.

La gestión de la información satelital desde el CEC involucra los servicios de telemetría, tele comando y control (TTC), permitiendo el envío de comandos a los satélites y la recepción de sus datos en tiempo real. Esta capacidad es vital para mantener la operatividad de las constelaciones satelitales, asegurando la integridad de las misiones y la corrección de las trayectorias orbitales cuando es necesario.

La colaboración internacional del CEC resalta la importancia de Canarias en el ecosistema espacial. El centro participa en misiones de agencias como la ESA, NASA y JAXA, recibiendo datos de satélites como Clúster II y apoyando las operaciones de exploración interplanetaria. Esta interconexión no solo eleva el perfil tecnológico de España, sino que también posiciona al archipiélago como un referente en innovación aeroespacial, atrayendo inversiones y proyectos que fomentan el desarrollo económico local a través de la industria espacial

Estas iniciativas incluyen mejoras en la capacidad para satélites de observación de la Tierra, con inversiones millonarias que aseguran la adaptabilidad a futuras misiones. Tales esfuerzos no solo mantienen la relevancia del CEC en un contexto de creciente dependencia de la tecnología basada en los satélites, sino que también contribuyen a la sostenibilidad y a la seguridad global mediante una mejor gestión de los recursos orbitales.

Baste señalar un ejemplo concreto de la importancia del CEC. Una de sus antenas es clave para la gestión del acceso a internet en Groenlandia. En el año 2023, la compañía de telecomunicaciones de Groenlandia, Tusass, seleccionó la estación canaria como hub para su red satelital, proporcionando los servicios de teléfono, internet, TV y radio a las comunidades remotas en el Ártico.

Desde una perspectiva geoeconómica, esta infraestructura crítica de telecomunicaciones no solo ha evolucionado desde un papel defensivo a uno comercial, sino que ha permitido hacer real la diversificación de la economía canaria al fomentar la industria de alta tecnología, atrayendo colaboraciones globales.

En el ámbito de las telecomunicaciones europeas, la posición de Canarias permite un seguimiento eficiente de satélites clave que garantizan la conectividad continental. La estación de Maspalomas proporciona soporte rutinario a misiones de la ESA, como Clúster y MetOp, y fases críticas de lanzamiento y órbita temprana (LEOP) para satélites meteorológicos de EUMETSAT, que indirectamente respaldan redes de telecomunicaciones al ofrecer datos para optimizar transmisiones. Históricamente, ha rastreado satélites de Intelsat, como el Intelsat II F-3 («Canary Bird»), esenciales para las comunicaciones transatlánticas.

Para Japón, la ubicación de Canarias ofrece una cobertura complementaria en el hemisferio occidental, algo crucial para el rastreo global de sus satélites. La estación canaria colabora con la Agencia de Exploración Aeroespacial Japonesa (JAXA), apoyando misiones como ETS-VII para acoplamientos orbitales y el control general de satélites japoneses a través de antenas dedicadas que está siendo renovada en la actualidad. Geoeconómicamente, se eleva el papel de España en la cadena de valor espacial europea, donde el archipiélago actúa como un puente atlántico, mejorando la soberanía tecnológica y reduciendo la vulnerabilidad en las cadenas de suministro globales para las telecomunicaciones. Se refuerza la influencia geoeconómica de la Unión Europea en un mundo multipolar, donde el control de las órbitas define el poder económico y estratégico.

Con respecto a la entrada de nuevos referentes en esta carrera espacial, SpaceX, fundada por Elon Musk en 2002, ha revolucionado la carrera espacial mediante un enfoque innovador centrado en la reducción de los costes y la reutilización de los cohetes, que aterrizan tras el lanzamiento, disminuyendo drásticamente el precio por lanzamiento, reduciendo el coste de los miles de millones de dólares del modelo tradicional a unos 60 millones de dólares por misión. SpaceX ha adoptado una estrategia de integración vertical, fabricando el 70% de sus componentes internamente, eliminando su dependencia de proveedores caros acelerando la innovación y posicionándola como líder mundial en los lanzamientos orbitales con más de 170 misiones durante el año 2025. En telecomunicaciones, Starlink emerge como un pilar, ofreciendo internet satelital de bajo coste a áreas remotas, democratizando el acceso global a la conectividad.

Un modelo de negocio basado en la eficiencia operativa y en la escalabilidad, permitiendo el desarrollo de unas telecomunicaciones asequibles mediante la producción masiva de satélites y lanzamientos frecuentes. Al reutilizar los cohetes, el coste por kilogramo en órbita se reduce a unos 2.700 dólares, frente a los 14.000-39.000 de sus competidores tradicionales, lo que facilita la construcción de constelaciones como Starlink con miles de satélites en órbita baja terrestre (LEO) para la baja latencia y la alta velocidad.

Se generan ingresos recurrentes a través de suscripciones, alrededor de 8.000 millones de dólares el año 2024, y se permite la integración de los servicios gubernamentales y comerciales, incluyendo contratos de colaboración público privada con la agencia espacial NASA, por más de 1.600 millones para el reabastecimiento espacial, fomentando una economía espacial sostenible y accesible.

En los últimos cinco años, hasta el mes de febrero de 2026, SpaceX ha puesto en órbita aproximadamente 10.000 satélites Starlink, elevando el total lanzado a más de 11.100 a la fecha actual. Este ritmo acelerado, con picos como el lanzamiento del satélite 10.000 en octubre de 2025, refleja la capacidad de producción masiva y lanzamientos reutilizables, pasando de unos 1.000 satélites acumulados hasta 2021 a una expansión masiva en generaciones v1.5, v2 mini y v2. Esta proliferación no solo amplía la cobertura global, sino que fortalece la resiliencia de la red, con más de 9.600 satélites activos operando en múltiples órbitas para minimizar las interrupciones.

Este modelo ha permitido que Starlink sea clave en algunas recientes crisis como la de la invasión rusa a Ucrania en 2022, donde se activaron miles de terminales para mantener las comunicaciones militares y civiles ante los cortes de la infraestructura tradicional. En Irán, durante las protestas masivas de diciembre de 2025 y enero de 2026, Starlink demostró un papel clave al ofrecer el acceso gratuito y las actualizaciones de firmware para contrarrestar los apagones gubernamentales. Un bajo coste de lanzamiento y de producción masiva asegura una constelación de satélites espaciales densa y resiliente, con interconexiones láser entre los mismos que mantienen la latencia y la conectividad fiable, incluso en los escenarios de crisis, posicionando a SpaceX como un actor clave en la libertad de información global.

Las cadenas de suministro globales, los mercados financieros, el comercio electrónico, la agricultura de precisión, la gestión de desastres y hasta el funcionamiento básico de las ciudades inteligentes dependen hoy de infraestructuras orbitales que son extraordinariamente vulnerables y difíciles de reemplazar rápidamente. Una constelación como Starlink, Kuiper o las futuras redes chinas y europeas no solo ofrecen conectividad, sino que otorgan influencia geopolítica, capacidad de exclusión selectiva y una ventaja competitiva en inteligencia artificial, big data y computación en órbita. El futuro del dominio espacial, dependerá si las potencias eligen cooperación o confrontación en esta nueva frontera donde dicho dominio es parte complementaria del dominio económico terrestre.

Potestas in caelo potentiam in terra conservat

José Luis Moreno, economista, ha sido director de Economía en la Comunidad de Madrid y en el Ayuntamiento de Madrid. Analista económico y empresarial.

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