Tenis: Open de Australia 2026

Alcaraz-Djokovic: cita con la historia en una final eterna

El murciano de completar el Career Grand Slam y el balcánico desempatar con Margaret Court

Ambos llegan al partido tras firmar dos hazañas en semifinales ante Zverev y Sinner

Alcaraz Djokovic

Cuando Alcaraz rindió a Djokovic en la final de Wimbledon 2024 -sin ceder ningún set- se entendió que el reloj del serbio se había quedado sin cuerda, que ya no daba para más. Los siguientes Grand Slams, en los que no tocó ninguna final, reflejaron el cambio generacional. El mencionado Alcaraz y Sinner se repartieron los siguientes cinco grandes y transmitieron la sensación de que, con el paso de los días, ellos serían más fuertes y el balcánico más débil. En esa teoría se ha inmiscuido Djokovic, perenne con la raqueta. En Australia ha hecho claudicar al italiano -tras un partido épico- y amenaza con hacer lo propio al español en la final.

Djokovic está empeñado en llevarle la contraria a la lógica, esa que dicta que el tiempo acaba atrapando a todo el mundo. Él corre más rápido y consigue mantener como rutina la laboriosidad que supone seguir ganando a las casi 39 primaveras que refleja su partida de nacimiento. La última raqueta que claudica (3-6, 6-3, 4-6, 6-4, 6-4) a su inmortal longevidad es la de Sinner, el otro jerarca del tenis junto Alcaraz. Nada más y nada menos. Precisamente es el murciano con el que se cita en la final del Open de Australia, 16 años les separan. Pasado, presente y futuro del tenis en un mismo encuentro.

«Esto es surrealista. Hemos jugado 4 horas, hasta casi las dos de la mañana. Me recuerda a la final de seis horas con Nadal. Sinner ganó los últimos cinco partidos que jugamos. Es un jugador increíble que me ha llevado al límite. Ha sido una de las mejores noches que he tenido aquí en Australia. No estaba equivocado sobre Sinner y Alcaraz, dije que era muy difícil ganarles pero no imposible. Tengo ganas de ver a Alcaraz, me ha hecho jugar tarde para lo mayor que soy, que me tengo que ir a la cama», expresó Djokovic.

Exhibió el balcánico un nivel impropio de sus 38 años, tanto física como tenísticamente. Alcanza su 38ª octava final de Grand Slam, el más longevo de siempre en hacerlo. Ambos registros, que ya eran récords absolutos, se amplían aún más. Será su primera final desde la derrota en Wimbledon 2024, precisamente ante su próximo rival, Carlos Alcaraz. Djokovic firmó un ejercicio de coraje ante el actual campeón, un Sinner que no encontró la manera de resquebrajar la fe de su rival, sobre todo en el quinto set cuando no aprovechó ocho bolas de rotura.

Alcaraz busca hacer historia en el jardín de Djokovic

Se transforma Djokovic cuando pisa Australia, su jardín de éxitos. Nada ha ganado más que él en el Grand Slam de Las Antípodas. Hasta diez entorchados suma. Si vence este domingo sumará su undécimo Open de Australia en particular y su 25º Grand Slam en general. Desempataría con la australiana Margaret Court como tenista con más grandes de siempre. Ya lo es en el circuito masculino. Alcaraz, como Djokovic, también está a las puertas de la historia. Su victoria le convertiría en el tenista más joven en completar el Career Grand Slam -ganar los cuatro grandes-. Doble cita histórica en una final eterna.

El murciano también aterriza en la final tras un partido épico en semifinales. Imparable pese a todo ante Zverev. Tenía el partido para ganar cuando aparecieron los vómitos y calambres. Tiró entonces de épica, del mantra de su abuelo. Cabeza, corazón y cojones. Y de magia, de esa cualidad que tienen los elegidos para solventar con muñeca cualquier adversidad física. «Me duele desde el meñique hasta el último pelo», dijo. Acabó sin poder andar, pero con el puño por encima del de Zverev tras un ejercicio (6-4, 7-6, 6-7, 6-7, 7-5) de coraje extremo. Una nueva redefinición de lo imposible, otra vez. Continúa el murciano con su aterrizaje en lo desconocido al posarse ahora en su primera final de Melbourne. Djokovic o Alcaraz, que gane el mejor.

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