LA CRISIS DEL GOBIERNO VALENCIANO EVIDENCIA LOS CONFLICTOS DE PSOE Y COMPROMÍS

Puig ‘camufla’ tras 5 cambios de cartera y 4 nuevos consejeros la continuidad de Oltra

XIMO PUIG Y MÓNICA OLTRA
Ximo Puig con Mónica Oltra al fondo.

Cinco cambios de cartera y 4 nuevos consejeros -3 de los socialistas y uno de Compromís- no han bastado al presidente de la Generalitat Valenciana el socialista Ximo Puig para cerrar las grietas abiertas en el Gobierno valenciano en el que todos esos cambios ‘camuflan’ la continuidad de vicepresidenta primera y consejera de Igualdad y Políticas Inclusivas Mónica Oltra (Compromís) a pesar de estar al borde de la imputación y donde han aflorado tanto los conflictos internos de la formación de la propia Oltra, Compromís, como las disputas de la coalición nacionalista con los socialistas dentro de un Ejecutivo cargado de grasa entre altos cargos y asesores. Una crisis, en suma, que no resuelve en el fondo los problemas del tripartito valenciano.

La resolución de la crisis ha sido muy larga. Cerca de 2 semanas ha tardado Ximo Puig en consumar los cambios en el Gobierno Valenciano. Pero, esos cambios dejan importantes temas abiertos y sin atisbo de solución. He aquí las principales.

Cambios para 8 meses. En un año, se celebrarán las próximas elecciones autonómicas. Los nuevos consejeros tendrán ese margen para aplicar los cambios en la gestión respecto a sus antecesores. Con el verano en puertas les van a quedar 8 meses para ejecutar políticas que muestren cambios. Pero en los grandes temas: política impositiva, reforma de la financiación autonómica, Trasvase Tajo-Segura, conflicto lingüístico y reforma de la Sanidad no hay margen.

Oltra sigue. Y sigue a pesar de estar al borde de la imputación. Los cambios en el Ejecutivo han camuflado su continuidad porque han centrado el foco en los que entran y en los que salen. Pero no en los que se quedan, como Mónica Oltra. Si su imputación se produce, Puig tendrá que forzar otra crisis que, en ese caso, afectará nada menos que a su vicepresidenta primera, que sigue al frente de las políticas de menores, la Dependencia y las residencias. Ella ya ha dejado claro por activa y pasiva que no se quiere ir. Una posible salida obligada por los juzgados generaría un terremoto de consecuencias impredecibles. Le sustituya quién le sustituya, y aunque Puig aguante, la legislatura, entonces sí, estará acabada.

Pero es que Ximo Puig también mira de reojo hacia los tribunales, que investigan la presunta legalidad de las ayudas públicas concedidas a empresas supuestamente relacionadas con sus hermanos. De la resolución y evolución de esas investigaciones depende en buena medida el futuro del presidente. Son las cuestiones que han llevado a la oposición a reiterar la idea de que Oltra y Puig no pueden hacerse daño.

Además, está la investigación de la muerte de varios burros antiincendios en el Desert de Les Palmes de Castellón en el transcurso de un proyecto supuestamente impulsado desde la Consejería de Agricultura y Medio Natural, al que mira de reojo otra consejera de Compromís: Mireia Mollà.

Crisis en Compromís: el primer consejero en abandonar el Ejecutivo valenciano en esta crisis no fue socialista, sino de Compromís. Se trata de Vicent Marzà. Se marchó porque quiso. Y puso con ello a Mónica Oltra en el disparadero: ¿por qué se va Marzà que no tiene problemas judiciales y sigue Oltra que puede tenerlos?…

Vicent Marzà busca un espacio de liderazgo que ahora mismo no tiene. Se ha ido del Gobierno valenciano pero sigue siendo diputado. Ni Oltra ni el alcalde de Valencia Joan Ribó, le dedicaron mensajes de despedida la mañana en que se marchó. Marzà procede de Mes Compromís, no de Iniciativa, este último es el partido del que viene Oltra. Si Oltra se ve forzada a salir, todo apunta que Vicent Marzà forzará la maquina.

Crisis entre PSOE y Compromís. Hace algún tiempo que las relaciones entre estos 2 de los 3 socios del Gobierno valenciano -el otro es Unidas Podemos- no son fluidas. Pero Mónica Oltra mantiene el equilibrio con Ximo Puig. Ese equilibrio saltó por los aires cuando la consejera de Justicia del Gobierno valenciano, la socialista Gabriela Bravo, insinuó que, en caso de ser imputada, Oltra debería marcharse. Al menos, así lo entendieron todos los medios, aunque luego ella se matizó.

Las manifestaciones de Gabriela Bravo, que al final tuvo que dar marcha atrás, no fueron respaldadas por nadie en el PSOE pese a los ataques de que fue objeto desde Compromís. Ximo Puig se limitó a navegar y a rebajar la tensión sin entrar en el fondo del debate. Lo más curioso es que se habló mucho de las manifestaciones de Bravo, pero nada del fondo de la cuestión: si Oltra debía dimitir en esta crisis.

Grabriela Bravo tiene un amplio recorrido político. Ella sí es claramente consciente de lo que una posible imputación de Oltra puede acarrear. Tiene otro conflicto abierto con Compromís, el de la implantación del grado valenciano para los altos cargos. En este último, Marzà, que entonces aún era consejero de Educación, mantuvo una postura distinta a Bravo pero más cordial. Se da la circunstancia de que Marzà no opinó acerca de las manifestaciones de Bravo sobre Oltra. Silencio elocuente.

Gobierno valenciano más caro de la historia. El Partido Popular lleva tiempo criticando que el actual es el Gobierno valenciano más caro de la historia y con más asesores. El presidente del PP valenciano Carlos Mazón armó uno de sus argumentos para valorar la remodelación del tripartito sobre este eje. El último presupuesto del Gobierno de Puig incluyó una subida salarial de su gobierno, mientras en la Diputación de Alicante los cargos y asesores, incluidos los socialistas y Compromís, renunciaron a ese incremento por iniciativa de Mazón. Lo que Mazón le echa en cara es que mientras que los valencianos se las ven y se las desean para pagar la luz y los impuestos Puig siga engordando la nómina de la Administración autonómica.

Estas son las lagunas que ha dejado la remodelación del Gobierno valenciano efectuada por Puig. Las puertas que el presidente valenciano no ha cerrado y que amenazan al tripartito de izquierdas. El foco, pues, no está en lo que Ximo Puig ha hecho, sino en lo que ha dejado sin hacer.

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