Parece Río de Janeiro pero es un lugar en un pueblecito blanco de Cádiz de gran belleza y que merece una visita
El Mirador del Santo podría ser perfectamente comparado con el Cristo Corcovado de Río
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Quien llega por primera vez a Vejer de la Frontera pueblecito blanco de Cádiz, suele tener la misma reacción con una mezcla de sorpresa y calma, como si el lugar lo recibiera en forma de postal. Sus calles blancas y su ritmo pausado hacen que uno entienda rápido por qué está considerado uno de los pueblos más bonitos de España, pero además, uno que nada tiene que envidiar a Brasil si tenemos en cuenta uno de sus miradores en el que destaca la presencia de un Cristo.
Este pueblecito blanco de Cádiz está situado a unos 200 metros sobre el nivel del mar, de modo que podemos encontrar varios miradores desde los que admirar sus belleza. Y entre todos ellos, el Mirador del Santo, es el punto elevado que ha vuelto a cobrar protagonismo gracias a un vídeo del creador Paco Ariza, compartido por Turismo de Vejer. En cuanto se ve la imagen, la comparación surge sola. Hay quien dice que recuerda al Cristo del Corcovado de Río de Janeiro, y lo cierto es que tiene algo de esa estampa icónica. No por su dimensión ni por su fama mundial, por supuesto, sino por la sensación que transmite gracias a esa figura religiosa situada en lo alto, dominando el paisaje con una presencia tranquila.
Parece Río de Janeiro pero es un lugar en un pueblecito blanco de Cádiz
El Mirador del Santo se encuentra en uno de los puntos más altos del municipio, y está presidido por la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, conocida simplemente como El Santo. Es un lugar que siempre ha tenido significado para los vecinos, pero en los últimos años también se ha convertido en una parada imprescindible para quienes visitan el pueblo.
Desde allí, la panorámica sorprende incluso a quienes conocen bien Vejer. El casco histórico, con sus calles blancas que se entrelazan en pendiente, se distingue con claridad. También se aprecian las zonas más modernas, los caminos rurales que rodean el núcleo urbano y, si el día está despejado, la silueta azul del Atlántico donde se encuentra la playa de El Palmar.
Pero no sólo eso. Desde este punto elevado se observan localidades próximas como Santa Lucía y La Muela. El paisaje se abre con tal amplitud que uno entiende fácilmente por qué este mirador se ha convertido en uno de los favoritos de turistas y locales.
Una estampa que evoca al Corcovado, a otra escala
La comparación con el Cristo de Río es algo evidente para muchos, aunque también debemos tener claro que el monumento brasileño es una obra monumental reconocida en todo el planeta, mientras que la figura vejeriega es más modesta. Sin embargo, la esencia de la imagen con esa figura que se alza sobre un territorio y lo observa desde lo alto, es similar. La sensación es la que impresiona. El Santo parece formar parte natural del entorno, como si siempre hubiera estado allí. Y desde el propio mirador, la vista en 360 grados refuerza aún más esa idea: el pueblo a un lado, el campo al otro y el océano cerrando la composición. Por eso, no sorprende que este rincón esté empezando a viralizarse.
Otros miradores que completan la experiencia de Vejer
Aunque El Santo se ha convertido en uno de los puntos más fotografiados, Vejer está lleno de miradores que ayudan a entender por qué este pueblo tiene algo especial. El de la Plaza Nelson Mandela ofrece una perspectiva donde conviven la arquitectura tradicional y la más reciente, mostrando cómo ha ido creciendo el municipio sin perder su identidad. El mirador de La Cobijada, por su parte, se ha vuelto un icono en sí mismo, y funciona como una ventana privilegiada que mezcla patrimonio y paisaje.
También está el mirador de la Corredera, uno de los preferidos por quienes buscan ver el campo gaditano extendiéndose hasta encontrar el azul lejano del Atlántico. Y, en las zonas altas, el mirador del Castillo ofrece otra panorámica histórica que ayuda a entender la posición estratégica del municipio a lo largo de los siglos. Cada uno tiene su encanto y su propia forma de mostrar Vejer.
Un lugar que condensa la esencia de los pueblos blancos
Visitar el Mirador del Santo es mucho más que asomarse a un paisaje bonito. Es una forma de entender la relación que tiene Vejer con su entorno desde hace generaciones. Es ver la continuidad entre el casco histórico, los caminos rurales, las playas próximas y ese horizonte que siempre está presente. Hay lugares que se disfrutan con prisas y otros que te obligan a bajar el ritmo. Este pertenece al segundo grupo. Uno sube esperando ver una vista, pero acaba encontrando una sensación: la de estar en un punto exacto donde paisaje, tradición y calma conviven sin esfuerzo.
Y quizá por eso recuerda, aunque sea de lejos, a Río. Porque en ambos sitios hay una figura que observa el mundo desde lo alto, y un paisaje que, sin decir nada, lo explica todo.
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