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He recorrido Huaqiangbei, el mercado más caótico y fascinante de la tecnología en China

  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

Salgo del Didi y el calor me golpea como si abriera un horno. Es primeros de julio y Shenzhen tiene ese clima pegajoso que empapa la camiseta en cuestión de minutos, con un aire tan húmedo que hace que tu ropa huela a moho en cuestión de una hora. Son las cinco de la tarde y las calles de Huaqiangbei están a rebosar de gente.

Lo primero que busco es dónde tomar un café bien frío, y ahí descubro Luckin Coffee. Un vaso gigante de café con hielo y leche de coco para llevar que, al cambio, cuesta solo 1,32 euros. Este distrito es, probablemente, el mercado de electrónica más grande del mundo, diversas torres cada una dedicada a una categoría distinta, con miles de puestos apretados entre pasillos estrechos y aire acondicionado que agradeces nada más entrar.

Divide entre 8, es el precio del café – Nacho Grosso

Un edificio para cada cosa que se vende

Lo primero que sorprende es la escala. No hay un solo mercado, sino un conjunto de edificios que funcionan casi como barrios especializados. Hay uno para componentes electrónicos, otro para ropa y complementos, otro para móviles, para gadgets… Los bajos agrupan decenas de tiendas casi idénticas, así que tocaba caminar, comparar y regatear antes de decidir dónde comprar. Entre planta y planta, el calor de la calle se cuela igualmente, los pasillos están llenos, el ambiente es denso y el sudor no da tregua.

Foto: Nacho Grosso

El piso que nadie anuncia

En uno de esos edificios, una mujer se acercó a hablarme en inglés de traductor, enseñándome un folleto con bolsos y repitiendo la palabra «bag». No era vendedora, sino alguien dedicada a captar a occidentales como yo para llevarlos a tiendas concretas a cambio de una comisión. Acepté y me llevó hasta una planta 22. Una puerta blindada escondía una auténtica tienda de lujo, con vitrinas impresionantes y muebles buenos. Todos réplicas de Louis Vuitton.

Luego me invitó a visitar otra de relojes, en una planta 19 de otro edificio, y allí me derivó a un colega suyo, amigable, pero con aspecto de malo en una película de Bruce Lee. Otra impresionante puerta que daba paso a una oficina con relojes de todas las marcas que gustan en el resto del mundo. Las piezas son interesantes, pero no dejan de ser réplicas. Curioseo, pero poco más.

Hice esta foto por si era la última que hacía – Foto: Nacho Grosso

No lo olvides comprar estas falsificaciones es ilegal en España, y llevarlas de vuelta puede acabar en decomiso en la aduana, tal y como recoge el Reglamento (UE) n.º 608/2013, que regula la vigilancia aduanera de los derechos de propiedad intelectual. Lo cuento porque forma parte de lo que uno se encuentra allí, y no como una invitación a comprar.

Un iPhone 16e en plena calle, sin regateo

Los móviles de segunda mano no estaban dentro de los grandes edificios, sino en una calle repleta de pequeñas tiendas con vitrinas llenas de terminales usados. Ahí compré mi iPhone 16e por 350 euros, con buen estado de batería. Los vendedores dejan tocar y probar el móvil sin problema, algo que se agradece antes de hacer un desembolso elevado y con la desconfianza lógica de comprar tecnología usada en la calle.

Foto: Nacho Grosso

Eso sí, el margen para regatear en los productos Apple era mínimo, con precios bastante fijados de antemano. Antes de cerrar la compra comprobé personalmente que el terminal fuera un iPhone auténtico y no un híbrido con piezas no originales, algo habitual en este tipo de mercados si no se revisa bien.

Gafas con cámara e IA a un tercio de precio

También compré unas gafas con cámara integrada y funciones de inteligencia artificial, con reconocimiento de imágenes y traducción, el modelo AIMB-G2, un genérico, pero con buenas valoraciones. Según pude comprobar comparando precios online, esas mismas gafas cuestan en España cerca del cuádruple. No es un gadget imprescindible, pero sirve como ejemplo de la diferencia de precio que existe entre comprar en origen y comprar ya importado y distribuido en Europa.

39 euros en Shezen, 166 en España. Foto: Nacho Grosso

El caos como parte de la experiencia

Fuera de los edificios, la sensación es parecida, solo que con más calor todavía. Scooters eléctricas que no hacen ruido circulando entre viandantes, el verdadero peligro de Shenzen,  ya que circular por la acera está permitido. También repartidores esquivando coches, rascacielos que se alzan en la noche asomando entre las calles comerciales.

Foto: Nacho Grosso

Hay que reconocer que Huaqiangbei no es un lugar cómodo, sencillo ni ordenado, y con esa humedad de julio pegándose a la piel, mucho menos. Pero dando uan vuelta entre pasillos abarrotados se entiende mejor por qué Shenzhen se ha convertido en el laboratorio de la electrónica de consumo mundial. Y, sin duda, es un lugar con magia y al que volveré.