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Fundación Red Parkinson: el tenis de mesa como refugio, terapia y esperanza

José Antonio Alonso: "El proyecto surgió porque vimos que los pacientes buscaban el tenis de mesa al conocer que ayudaba con la enfermedad"

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  • Diego Buenosvinos / Carmen Villarrubia

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El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa crónica que afecta principalmente al sistema motor, aunque su impacto trasciende los temblores visibles. Rigidez muscular, lentitud en los movimientos, problemas de equilibrio, alteraciones del ánimo o del sueño forman parte de un cuadro complejo que modifica la vida de quien la padece y también la de su entorno más cercano. La enfermedad, causada por la pérdida progresiva de neuronas productoras de dopamina en el cerebro, no tiene cura, pero sí tratamientos que buscan aliviar síntomas y ralentizar su avance.

En los últimos años, la investigación científica ha puesto el foco en el ejercicio físico como un aliado clave en la evolución del Parkinson. Actividades que combinan coordinación, atención y movimiento continuo parecen estimular áreas cerebrales implicadas en el control motor y cognitivo. En ese contexto, el tenis de mesa —un deporte ágil, rítmico y exigente a nivel neurológico— ha emergido como una herramienta terapéutica especialmente prometedora. La razón es sencilla: obliga a reaccionar rápido, coordinar la vista con la mano, mantener el equilibrio y tomar decisiones en milésimas de segundo. Es decir, moviliza simultáneamente cuerpo y mente.

Una red que va más allá del deporte

De esa intuición compartida por pacientes y familiares nació la Fundación Red Parkinson, una iniciativa social y deportiva que ha convertido las mesas de ping pong en un espacio de rehabilitación, encuentro y vida. Sus impulsores lo explican con sencillez y emoción: observaron que muchas personas con Parkinson buscaban lugares donde practicar tenis de mesa porque habían leído estudios que indicaban que este deporte podía frenar de forma considerable los síntomas de la enfermedad.

Aquella demanda silenciosa se transformó en acción, como asegura el presidente de la Fundación Red Parkinson, José Antonio Alonso: «Nos dimos cuenta de que había mucha gente afectada que preguntaba dónde podía practicar tenis de mesa porque había entendido, había visto, había leído informes científicos que demostraban que con el tenis de mesa el Parkinson se frenaba considerablemente», recuerdan desde la fundación. Así, decidieron ponerse «manos a la obra» y crear una entidad que ofreciera un espacio estable para entrenar, convivir y compartir el proceso de la enfermedad. Así comenzó a tomar forma en el polideportivo Triángulo de Oro.

Pero el proyecto aspiraba a algo más profundo que un simple club deportivo. La palabra «red» en su nombre no alude únicamente a la red que divide la mesa de juego; simboliza también el entramado humano que se teje entre pacientes, familias, amigos, entrenadores y voluntarios.

La familia, el otro gran pilar invisible

Uno de los aspectos más sensibles del proyecto es la mirada hacia el entorno del enfermo. En la fundación insisten en que el Parkinson no se vive en soledad: afecta a la pareja, a los hijos, a los cuidadores, a los amigos. «El motivo de llamarnos Fundación Red Parkinson no sólo es por la red del tenis de mesa, es por la red que queremos crear entre familiares, amigos, entrenadores y pacientes. La familia es el gran soporte del enfermo y a menudo también está muy olvidada», explica Alonso.

Ese enfoque comunitario convierte cada sesión en algo más que una clase deportiva. Es un espacio donde se comparten dudas, avances, retrocesos y, sobre todo, ánimo. La dimensión social —tan decisiva para el bienestar emocional— adquiere aquí un valor terapéutico equiparable al ejercicio físico.

Una actividad sin edad: de los 40 a los 80 años

En las sesiones conviven generaciones distintas, unidas por la misma lucha y por el deseo de mantenerse activos. Participan personas desde los cuarenta años hasta octogenarios que, con admirable constancia, no perdonan su entrenamiento semanal. «Tenemos a Anselmo, con 80 años, que es el más veterano y está superagradecido a la fundación», comenta el presidente de la fundación con cariño.

La diversidad de edades refleja otra de las realidades del Parkinson: aunque es más frecuente en personas mayores, puede aparecer en etapas relativamente tempranas de la vida. Por eso, el deporte se adapta a cada caso, sin competir por marcas ni resultados. El objetivo principal no es ganar partidos, sino ganar bienestar.

El tenis de mesa como regeneración mental y física

Quienes participan describen el tenis de mesa como algo más que un ejercicio: lo sienten como un impulso vital que les ayuda a escapar, por momentos, de la rigidez que impone la enfermedad. Así, el subcampeón mundial de tenis de mesa, Javier Pérez de Albéniz, aseguró sobre esta disciplina que «es un deporte que te regenera mentalmente, te permite salir un poco del Parkinson, de la parálisis que produce físicamente y evitarla», explican desde la fundación.

La actividad ofrece beneficios en múltiples niveles. «A nivel cerebral, exige concentración constante y procesamiento rápido de estímulos visuales. A nivel muscular, favorece la movilidad, la coordinación y la agilidad. Y a nivel emocional, proporciona diversión y autoestima», recuerda. No es casual que insistan en que la primera razón para jugar es «divertirse y socializar», porque «el componente lúdico es el que mantiene la motivación a largo plazo».

Dos días a la semana que la cambian

Actualmente, las sesiones se realizan dos días a la semana, pero el proyecto aspira a expandirse. La meta es crear una red de espacios en diferentes puntos de Madrid donde las personas con Parkinson puedan jugar cerca de sus domicilios. Paradójicamente, encontrar instalaciones cubiertas para practicar tenis de mesa no es sencillo en la ciudad, especialmente en días de lluvia o viento, lo que limita la continuidad del entrenamiento. De ahí la importancia de disponer de instalaciones estables y accesibles.

El crecimiento del proyecto ha sido rápido y emotivo. Empezaron seis personas; hoy el espacio se llena –más de 40– y seguirán recibiendo pacientes. «El éxito no se mide sólo en número de participantes, sino en la energía que se respira durante cada entrenamiento: risas, concentración, pequeños retos personales y aplausos espontáneos cuando alguien logra un movimiento que semanas antes parecía imposible», señala Javier Martínez «Miki». 

Por su parte, Jaime Morata, uno de los entrenadores más jóvenes, destacó que se siente afortunado de haber formado parte de la iniciativa desde sus inicios, y ha podido comprobar cómo «empezamos con seis personas y ahora prácticamente todo el espacio disponible está ocupado». Además, explicó que la práctica del tenis de mesa aporta múltiples beneficios a los participantes: «Mejora la capacidad cognitiva, favorece la movilidad y, al mismo tiempo, fomenta la sociabilización, contribuyendo de manera notable a un estado general de progreso continuo».

Volver a sentirse uno mismo

Entre los testimonios más conmovedores está el de quienes explican cómo el tenis de mesa les ha devuelto sensaciones que creían perdidas. Algunos describen que, cuando comenzaron a entrenar, la enfermedad había trastornado por completo su vida. Sin embargo, los días de entrenamiento salían «revitalizados», con ganas de quedar con amigos o simplemente disfrutar de actividades cotidianas. Con el tiempo, perciben mejoras en el plano cognitivo y una mayor agilidad mental.

Esa recuperación subjetiva de la identidad —volver a sentirse activo, capaz, conectado con el pasado— es uno de los logros más valiosos del proyecto. No elimina la enfermedad, pero sí reduce su peso emocional.

Deporte, ciencia y humanidad

La experiencia de la Fundación Red Parkinson se sitúa en la intersección entre evidencia científica y humanidad. El ejercicio físico regular está asociado a mejoras en movilidad, equilibrio y estado de ánimo en personas con Parkinson, y actividades complejas como el tenis de mesa estimulan circuitos neuronales relacionados con la coordinación y la atención. Pero más allá de los datos clínicos, lo que ocurre en cada entrenamiento es profundamente humano: personas que, frente a una enfermedad crónica, encuentran en una pelota y una mesa un motivo para seguir avanzando.

La aspiración de la fundación es clara: extender esta red de apoyo y deporte para que cada vez más pacientes puedan acceder a la actividad sin importar su barrio o edad. Porque, como repiten quienes forman parte del proyecto, el tenis de mesa no solo mueve el cuerpo: mueve la mente, el ánimo y la esperanza. En cada golpe suave de pala contra la pelota, late una pequeña victoria contra la parálisis y el aislamiento que el Parkinson intenta imponer.

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