«Este libro no es un ajuste de cuentas con el feminismo, sino una llamada a rescatarlo de su caricatura»
Carla de La Lá publica 'Feminismo irreverente', un ensayo que cuestiona los dogmas del feminismo hegemónico y el victimismo identitario
14 razones por las que el burka es intolerable
«No quiero despertar cada mañana buscando el patriarcado debajo de la cama. Prefiero verlo, entenderlo, reírme de él y seguir con mi vida. La consciencia no duele, lo que duele es la estupidez». Esta es una de las ideas que se plasman en Feminismo irreverente. Un manifiesto liberal contra el victimismo y el dogma, un ensayo afilado de la escritora Carla de La Lá (Carla M. Merino Fernández-Pellón, Vitoria, 1977) que cuestiona los dogmas del feminismo hegemónico y el victimismo identitario.
La autora propone una mirada liberal que combina pensamiento crítico, desobediencia intelectual y mucho humor, señalando, entre otros aspectos, que feminismo liberal «no es un oxímoron: es un espacio refrescante». La escritora asegura que es «liberal y feminista» porque, argumenta, «crecí con la sorpresa de que la libertad real no se decreta ni la reparten tecnócratas. Nadie va a abrir la jaula que no abras en tu cabeza: aprender a forzar las cerraduras culturales es una habilidad necesaria para todos, pero para nosotras es imprescindible».
La autora analiza el patriarcado, que ella denomina como un «software invisible que opera en nuestras decisiones, examina la maternidad como la gran desigualdad estructural, revisa los automatismos culturales que moldean el deseo y denuncia el riesgo de que el feminismo se convierta en una nueva iglesia».
El libro invita a recuperar la autonomía, la responsabilidad y la complejidad frente a un clima social saturado de dogmatismo. «Es un manifiesto pensado para aquellas personas que buscan un feminismo adulto», señala. Por ello, estas páginas planean una conversación que «desborda los marcos partidistas y rehúye la adscripción ideológica cerrada. No es un ajuste de cuentas con el feminismo, sino una llamada a rescatarlo de su caricatura».
Cree, y así lo plasma en sus páginas, que «las mujeres arrastramos el impuesto invisible de la crianza, la culpa, la belleza del canon, el silencio de la Virgen (con lágrimas en los ojos mientras sonríe) y la disponibilidad. Lo llamamos libre elección. ‘Uso el hiyab porque quiero’, ‘abandono mi carrera, títulos y proyección profesional y económica porque así lo decido’ o ‘me depilo para mí’. Ya. El problema no es la falta de derechos, sino el adoctrinamiento del deseo y el gusto».
Este libro, Feminismo Irreverente, nace para combatir «la infantilización del feminismo contemporáneo y devolver al centro la libertad individual, el pensamiento crítico y la responsabilidad». Por esto, claro, estamos ante un ensayo que va dirigido a unos lectores, ya sean hombres y mujeres, que quieren «comprender el feminismo más allá del dogma y recuperar una mirada plural, compleja e irónica sobre la desigualdad y las estructuras culturales».
En este sentido, la autora y columnista tiene la capacidad de aportar unos análisis agudos sobre maternidad, deseo, poder, lenguaje, ciencia y cultura, y propone una conversación más honesta y menos moralizante sobre lo que significa ser mujer hoy. «Creemos que somos libres porque nadie dice que las mujeres no deban votar; pero la desigualdad vive en lo invisible, en lo cotidiano y en la trampa de la elección», concluye.
Pasa también por uno de los temas que ha marcado la actualidad: la prohibición del uso del burka y el niqab en el espacio público. Esta cuestión se llevó hace unas semanas por parte de VOX al Senado y sólo fue secundada por los de Santiago Abascal y por el PP, mientras que Junts, PSOE y Sumar votaron en contra. En definitiva, la iniciativa no salió adelante. Este martes el PP ha presentado en el Congreso de los Diputados una proposición no de ley para pedir al Gobierno, una vez más, prohibir el uso de estas prendas propias de las culturas del Islam. «Es una cárcel en vida para las mujeres», argumentan los populares.
Sobre ello, Carla de La Lá defiende que el velo «no es una prenda: es la frontera donde la mujer debe desaparecer para ser aceptable. Es, probablemente, la idea más misógina jamás desarrollada, y lo más grotesco que se ha presentado como ‘libre elección’ o ‘identidad cultural’. Lo siento, pero no puedo respetar culturas que disponen, promueven o esperan una conducta distinta para ambos sexos, especialmente a las que cubren a sus mujeres, que deben hablar poco, taparse mucho y obedecer siempre».