14 razones por las que el burka es intolerable

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  • Carla de la Lá
  • Escritora, periodista y profesora de la Universidad San Pablo CEU. Directora de la agencia Globe Comunicación en Madrid. Escribo sobre política y estilo de vida.

Vox y PP quieren prohibir el burka. No me sorprende, lo increíble es que existan personas moderadamente formadas que no se unan a la propuesta de luchar contra una de las violencias (no es solo sexismo, no es solo machismo) más ostentosas y nauseabundas sobre la faz de la tierra y a plena luz del día. Una de tantas incoherencias de la izquierda, traicionar a las mujeres que son sometidas cada día, ¿o es oportunismo? ¿Cinismo? El tonto y el malvado se dan la mano.

El 4 de marzo sale a la venta Feminismo irreverente (Esfera de los Libros) un ensayo en el que defiendo la libertad y explico las razones por las que el hiyab en todas sus desafortunadas manifestaciones es intolerable. No desde la consigna (hablamos de feminismo liberal), sino desde la dignidad. El burka no es un asunto de derechas o de izquierdas. Es un asunto de dignidad humana.

Hoy Yolanda Díaz ha recordado que la libertad de culto figura en nuestra Carta Magna y que prohibir el burka en espacios públicos sería atentar contra ella. Tiene razón en lo primero: la fe es un derecho individual frente al Estado. Lo que no cuela es la conclusión automática. La democracia no es solo un catálogo de derechos; es un escenario de reciprocidad donde nos reconocemos como iguales. Si la mitad de la población comparece cubierta hasta desaparecer por deseo expreso de la otra (quién escribió el Corán, ¿una gogó?), no estamos ante una expresión religiosa, sino ante una asimetría tan dolorosa que rasguña el principio mismo de igualdad. Defender la libertad no puede implicar mirar hacia otro lado cuando esa libertad se traduce en borrado femenino.

Lo repito, aunque Yolanda (imagino) que lo sabe: la integración no puede significar retroceso. Una democracia moderna y sana no es un hotel temático donde todas las prácticas tienen el mismo rango moral. La hospitalidad no exige renunciar a principios básicos de convivencia e igualdad.

  1. El burka no es ropa: es un sistema demencial. No estamos hablando de una falda. Se trata del soporte tangible de una cosmovisión donde la mujer es fuente de desorden moral y debe ocultarse. No tapa el cuerpo: tapa la existencia pública, cancelar nuestra presencia, promueve la invisibilidad femenina.
  2. El burka, niqab, y cualquier pañuelo para chicas es sexista (asimétrico). Si fuera una tradición estética o moral compartida por hombres y mujeres, estaríamos ante un código cultural aceptable. Pero el burka es unilateral, es la expresión de un doble rasero… Esa asimetría es el núcleo del problema.
  3. Desplaza la responsabilidad del deseo masculino hacia el cuerpo femenino. El hombre no necesita autocontrolarse y respetar, que desaparezca la mujer. Una solución primitiva y precientífica donde liberar las fantasías de los hombres y encerrar a las mujeres. El mensaje implícito es brutal: el cuerpo de la mujer es peligroso, provoca, desordena. Por tanto, se clausura. Es la misma lógica que durante siglos culpó a las chicas de «provocar» agresiones.
  4. La libertad de culto no justifica semejante agresión multicanal a las mujeres. La fe es una elección íntima. El burka no es íntimo ni es una elección: es un mandato social que aniquila los derechos de las mujeres. Cuando la espiritualidad atenta solo contra los feligreses con útero, se llama machismo común.
  5. Porque es eminentemente antidemocrático. La vida en común se basa en reconocer al otro. ¿Cómo se articula la igualdad cuando uno de los interlocutores está obligado a borrarse? El islamismo erosiona la noción misma de sujeto de las mujeres. El rostro es identidad jurídica, social, política. Cubrirlo no es solo cubrir piel: es amortiguar presencia cívica.
  6. Porque no es una elección libre. Como liberal estoy en contra del prohibir, podría entender que a alguien le guste ser humillado o beber lejía. Sin embargo, el pañuelo se emplea bajo presión cultural, familiar o religiosa, cuando no física, no es una elección libre en un entorno neutral de un adulto. Es una ley que tácitamente (y a veces literalmente) obliga solo a las mujeres a cubrirse y otras cosas, el burka no es solo borrar la cabeza, es borrar la personalidad jurídica, intelectual, social… No es lo mismo elegir un helado que elegir desaparecer. La mujer adulta puede vestirse como le plazca si no hay coacción ni explotación. El burka no amplía la agencia femenina; la reduce. No expande opciones: las clausura.
  7. Es una arquitectura completa de renuncias. El burka es la punta de un iceberg de subordinaciones: segregación, tutela masculina, limitaciones educativas, control sexual y vigilancia comunitaria. La tela no cae del cielo: es la materialización de una estructura opresiva.
  8. Es un maltrato físico normalizado. Calor extremo, déficit de vitamina D por falta de exposición solar, dificultad respiratoria, limitación visual, reducción de movilidad. No es una metáfora: es un condicionamiento corporal cruel (ellos en manga corta).
  9. También es maltrato psíquico. Vivir oculta no es bueno para la psique. La identidad se construye desde la mirada del otro y la expresión del rostro. La anulación de la gestualidad, de la sonrisa, del intercambio facial, no es inocua. Aprender desde niña que tu presencia debe amortiguarse para no perturbar al varón no es libertad de culto: es pedagogía de la esclavitud.
  10. Genera retraimiento social estructural. Bajo un burka no se conversa igual, no se interviene igual, no se ocupa el espacio igual. El aislamiento simbólico deviene aislamiento práctico. Participar en la vida pública exige visibilidad, interacción, lenguaje corporal, comodidad.
  11. Físicamente es peligroso (quitárselo también). Campo visual reducido, dificultad para subir escaleras, cruzar calles, moverse con rapidez. No es una exageración: limitar la visión periférica aumenta el riesgo de caídas y accidentes.
  12. Convierte la dignidad en variable cultural. Si aceptamos que en nombre de la fe puede normalizarse la violencia contra la mujer, entonces la igualdad deja de ser un principio universal y la dignidad es un capricho geográfico.
  13. Porque educa en el machismo desde la infancia. Las niñas asumen pronto que son ciudadanas subordinadas y sus hermanos, no. Esa pedagogía temprana imprime una jerarquía difícil de desmontar en adelante. De ahí el famoso: «Me lo pongo porque quiero».
  14. Normaliza que la mujer tiene que adaptarse de manera antinatural y dolorosa para no incomodar. No incomodar al deseo, no incomodar a la moral, no incomodar al entorno, a la estética…. Esa lógica es exactamente la que el feminismo lleva siglos combatiendo. La depilación llevada al extremo más sádico y global.

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